Xics, callejeo por El Carmen.
Resulta que por una carambola del destino, esta noche me han liado para ir a un concierto en Radio City, y tengo que encontrar un sitio cenable por los alrededores.
Esto se ha convertido un poco en territorio hostil.
Hay mucho bar de toda la vida haciendo lo de siempre, mucho italiano, y mucha trampa para guiris, pero salvo excepciones tipo el IO, poco sitio molón.
Me meto por una perpendicular a Caballeros, no muy transitada, que es Borges. Por allí están la Xirgu, y Rebel Pigs, y cuando asomo el ojo por la esquina, a ver cómo están de gente, veo al fondo una puerta muy floral.
¿Eso es un sitio desconocido? ¿Me estabais esperando?
Ají latino.
— Hola ¿tenéis sitio para 4?
— Claro, adelante.

Entro y todo es súper colorido. Las paredes están pintadas con pájaros y selva, hay plantas por el techo.
A mi derecha, junto a la barra, hay un expositor con productos, casi todos insanamente azucarados, a la venta.


La carta es sudamericana genérica, tiene patacones, bandeja paisa, arepas, ají, yuca, empanadas, y por supuesto, un montón de platos con “CH”, en plan, chicharrones, chimichurri, ceviche, cachapas, sancocho, y tres leches. Una buena CH siempre triunfa en chudamérica.
La música va acorde. Ahora está sonando Juan Luis Guerra, pero según avanza la noche, vamos surfeando entre tremendo cumbiote, Chayanne y algo que parece Elvis Crespo.
Tenemos curiosidad por el sancocho, es la sopa del día. Viene con guarnición de arroz y aguacate, y según nos explica el camarero, es una especie guiso de olla. A tope con eso.
Es un cuenco generoso. Me recuerda, salvando distancias, entiéndeme, a la sopa pho del Saigon Delice.
Sabe tan casera como parece, está llena hasta arriba, con los bordes del plato manchados, como si te la hubiera puesto tu abuela. Está de puta madre.
Lleva trozos de pollo con grasa, hay yuca, mazorca de maíz, boniato…
Es muy sabrosa, sin ser densa, todo está blandito.
No sé exactamente cómo combinar el aguacate con esto ¿Lo suco? ¿Lo deshago? ¿Me lo meto por el mismísimo culo? ¿Qué tiene que ver el aguacate con esto?
Pasa por un plato de cocido tranquilamente. Creo que deberías probarlo, aunque igual, espérate a un día que llueva o haga frío.

Después el cóctel de gambas/ceviche.
Es curioso, viene en una copa de peloti, como si fuera un gin tonic disfrazado de bloody mary.
Está muy lleno también. Cuando coges cucharazo de abajo a arriba, empiezan a aparecer gambas, trocitos de pepino, aguacate, cilantro, y… Oh, qué sabor tan potente.
Tiene algo, tiene… ¿Qué es esto?
Obviamente lleva zumo de tomate, y limón o lima, porque el hostiazo cítrico te lo llevas, es muy astringente.
Ahí al fondo noto una cosa que no sé lo que es, me recuerda un poco en nariz al Reflex, con lo cual creo que podría ser clavo, pero tampoco termina de tener sentido.
No sé, es raro y adictivo. En el plato hay cuatro patacones de plátano frito, y un montoncito de crackers salados.
Lleva una buena cantidad de gambas, son de estas pequeñitas.
Es complicado de compartir, pero creo que para uno solo sería una barbaridad. Tenéis que ir con gente de confianza, porque van a entrar varias cucharas en esa copa.

Plátano maduro entero. Esto fue lo que menos me triunfó, pero porque el plátano es mi fruta menos favorita.
Es dulce, pastoso, y viene envuelto, con lo cual, claramente esconde algo. Aquí te lo sirven abierto, con una carne mechada tipo cochinita, y un queso fresco mozzarelloso gratinado por encima. Tiene ese final dulce que mmmeh, no es para mí, no me termina.
Por cierto, ya que hablamos de comida sudamericana… Jamie Lee Curtis.
Jamie Lee Curtis es tan buena como Meryl Streep, y parece que nadie se da cuenta. ¿La habéis visto en The Bear?
Creo que le han ido dando papeles un poco de mierda entre los Halloweens y las comedias de los 90 (que aún así, lo hacía de puta madre) y tal, pero la tía actúa de locos. Da la impresión de que la gente…
— ¿Con quién estás hablando?
— He roto un momento la cuarta pared.
— ¿La cuarta qué?
— Nada, vosotros id comiendo.
— …
— Jamie Lee Curtis. Acuérdate de lo que te digo. Maquinón de tía.

Terminamos con una cachapa, que parece una tortita… Bueno, está en la foto.
Es como una especie de pancake dulce, relleno de queso, y con más queso por encima.
Lleva la misma carne dentro que el plátano, y no entiendo mucho que sea dulce. Lo doblan para que quede algo tipo ¿crepe? ¿Bocata? Cruje un poquito.
Otra cosa es que los quesos, tanto el fundido como el crudo no saben muy distintos, entonces, hay un cambio de textura, pero no tanto de sabor. Molaría que el fundido fuera, no sé, ahumado o algo así.
Sabe a bocata dulce de cochinita con queso fundido. No está mal, pero se me hizo raro.

Y solo porque alguien en la mesa tenía antojo, porque la verdad que no hacía ninguna falta, tarta tres leches.
Es un vaso con bizcocho y crema dulce genérica por en medio. Sabe como a tarta de cumpleaños de cuando eres pequeño, esa que lleva bizcocho, algo blanco, y más bizcocho. Ese es el sabor.
Por supuesto, su buena nata de spray por arriba con canela, que no falte, porque como todos sabemos, no hay plato que no mejore decorado con un buen chorrazo de nata industrial de spray de los cojones por encima.

Pedimos la cuenta, que el camarero nos trae con unos caramelos de turrón y coco.
Todas las raciones han sido abundantísimas, además, te puedes imaginar que entre el arroz, los patacones, la cachapa, todo es hidrato-hidrato, frito-frito, estamos más que llenos.
Pues 78,60 entre cuatro personas, a menos de 20 pavos.
Me parece espectacular, qué quieres que te diga.
Es verdad que hay muchos platos que se parecen demasiado, al final con aguacate, carne, plátano y queso combinados tiras pa’ lante, pero todos salimos felices.
Creo que es un sitio Okey. La comida es buena, el precio asequible, se está a gustete, y es una alternativa a todo lo que hay por la zona, aunque la oferta no es súper variada.

Así que si os apetecen platos con CH, ya sabéis chavales.
Goza de amplio aparcamiento.