Siempre siento una punzadita de nostalgia ñoña cuando entro en el local en el que estaba alguno de mis restaurantes favoritos.
Me pasa mucho en el Sunn, porque allí estaba antes La Oveja Negra. También en el Micazo, que antes era Dando Leña, y bueno, con varios, ya sabes lo que quiero decir.
Yo iba mogollón al Kaña Makan del Cedro, y mogollón es mogollón. Más que al súper, más que a lavar el coche.
Después de cerrarlo, probaron suerte en esa ubicación un par de locales de comida fría, fiambres, vinos y tal. El último fue un italiano que estuvo un par de años.
El caso es que tras el cierre de este último, la pizzería de al lado fagocitó el local con una turbo-reforma, que ha hecho desaparecer para siempre aquel sitio donde fui feliz.
Ahora se llama #081#, y yo me acerco una noche cualquiera con unos colegas, sin reserva, a ver si también puedo ser feliz aquí.

Joder, cómo mola entrar a las pizzerías en invierno. Siempre se está caelntito y huele a pan.
El local es amplio, tonos beige, y tiene un expositor frente al horno, en el que se venden porciones de pizza sueltas. También pasan varias personas y se pillan una entera para llevar. Me llama la atención que según el cartel de la puerta, esto se llama #081#, según el mantelito, Spacca Napoli, y según la carta “Antica Focaccieria”, lo que además es doblemente cachondo, porque solo tienen una focaccia.
Guapppísimo.

Primer vistazo… Nada del otro mundo, menú clásico de pizzería. Los típicos entrantes, pastas, pizzas, tiramisú, nosequé de la mamma, nosecuantos de la nonna… Same old shit.
Es igual, tengo hambre, vamos a pedir.
Solo os dejo el dato de que una de las pizzas que pedimos, lleva patata.
De entrante hemos pedido una parmigiana. Llega en uno de esos recipientes metálicos blandos en los que te ponen la comida para llevar.
Wow, realmente interesante. Puede ser con mucha diferencia la peor parmigiana que me he comido nunca. No tiene absolutamente nada salvable.
Básicamente son trozos de berenjena cruda, nadando en una salsa de tomate líquida caliente, con mucha mozzarella derretida. Según la carta, la berenjena debería estar frita y no lo está, pero vamos, para nada. De hecho, está demasiado mal como para que sea involuntario. Ah, mira, el camarero se acerca, se lo voy a decir.

— Oye, perdona. Esto está completamente crudo.
— Sí, vale. No nos quedan patatas, no podemos haceros la pizza que habéis pedido. Podemos cambiarlas por otro vegetal, o no sé, si queréis pedir otra…
Hossstia puta. Mi queja ha sido ignorada durísimamente, al más puro estilo Ryanair. Justo cuando estoy pensando en proponerle al camarero el uso de una palabra de seguridad, como en el sado, por si sigue azotándome con su indiferencia, mi colega elige otra pizza y el chaval se marcha.
A los pocos minutos, aparecen las tres pizzas. Hay una diavola, una vegetal y una de esas q están súper de moda, de mortadela y pistacho

Bien, están guay, pero es que son pizzas. La masa tiene su alveolo y su tostadito. Los ingredientes de por encima me dejan un poco más frío, son bastante mitad tabla.
La diavola pica moderadamente, de hecho pedimos un poquito de picante extra.

La de mortadela tiene un poco de exceso de aceite. El pistacho no es muy protagonista, y la mortadela, bueno, no es que sea la de Mickey Mouse, pero no es muy top. Es… No sé… La Habitación Roja en los festivales. Si la mortadela buena es Lori Meyers, o Viva Suecia, esta es una cosa funcional a la que no le haces mucho caso, esperando que llegue algo mejor.
La de verduras no me emociona. La cebolla y la berenjena están bastante crudas. Por supuesto la masa y el queso lo salvan, pero no te la comes y dices «uy que rica».

Vale, visto esto, creo que puedo intuir lo que ha pasado con la parmigiana.
La berenjena es la misma que la de la pizza, el tomate y la mozzarella también. Quiero pensar que por alguna movida interna, se han quedado sin existencias, y han querido improvisar una con lo que tenían. Espero que sea eso, porque si no, de verdad, cambiad de proveedor, o de chef o de método.

Cuando pedimos la cuenta, una camarera nueva nos pregunta que tal todo.
Le reitero que la parmigiana era prácticamente una venganza, y lo peor que le ha pasado a este país desde el final de Los Serrano, y esta vez parece que la queja cala un poco más.
En la cuenta nos la eliminan. 67,40 entre 4, a 17 pavetes.
Pues te digo una cosa, ese detalle es lo que les salva del No Okey.

Pizzalmente hablando es un sitio más. Las pizzas están bien sin volteretas. Masa bien, toppings montoneros, no entra por supuesto en la liga de Km. 0, o de Raíces. Es una Pizzería napolitana de barrio funcional y correcta, que salvará a mucha gente a la que le apetezca una porción mientras camina.
Por mí, es un Okey si pasas por allí.
Goza de amplio aparcamiento.