¿Conocéis el concepto hot pot? Básicamente es un lugar en el que en el centro de cada mesa hay como una palangana, en el que se mete una olla con sopa. La palangana hace que la sopa se mantenga a una temperatura infernal, entonces a ti te traen comida cruda, y tú la vas echando para que se cocine a tu ritmo.
Bien, dicho esto, Shullun Hot Pot.

Zona china de Valencia, por detrás de la estación del Norte, Convento Jerusalén y esas movidas. Todo es chino, autoescuelas chinas, peluquerías chinas y, por supuesto, restaurantes chinos. La carta está escrita en los manteles de papel que hay en cada mesa, y es extensísima, porque no son platos, son ingredientes. Apartado de verduras, apartado de carnes… Un primer vistazo te hace darte cuenta de que en China, por lo que sea, les mola la carne que no ha visto la luz, los insides.
Sangre de pato, aorta, pulmón y cerebro de cerdo. ¡¿Combinado de estómagos de vaca?!… Mira, a mí me gusta probar cosas raras, y he comido auténticas guarradas, pero no tienes tú pasta en el banco para que yo me coma una sopa con toda esa mierda flotando, como si fuera Indiana Jones.
Bueno, todo a su tiempo, primero hay que decidir de qué va a ser la sopa. Las posibilidades son picante, de setas o de hueso de cerdo, y luego hay un combo en el que puedes hacer un inception de ollas y probar dos. Nosotros fuimos a por inception de picante y hueso.
Como lo que queríamos era comer y no volver a montar un puto cerdo por partes como si fuera un puzzle, nos dejamos aconsejar por la camarera, y pedimos un combo de verduras, pollo, cordero, gyozas, albóndigas y dos tipos de noodles.
Queríamos pedir cerveza, pero solo tenían dos tiradores de Cruzcampo y Heineken, ante lo cual lo de beber sangre de pato empezaba a no parecer una idea tan horrible. Nos pasamos al vino y, a la hora de elegir, nos señalaron 4 o 5 botellas distintas que estaban en una estantería sobre la barra. Ni precio, ni uva, ni hostias, hay esas. Pedimos un Marqués de Cáceres que luego cuando llegó vimos que era un reserva 2011, y me vi venir una buena hostia, pero decidimos lanzarnos.
Lo primero en llegar obviamente es la sopa. Llega la olla inception, con la sopa de hueso por fuera y la picante por dentro. La de hueso lleva, además de los huesitos flotando, abundante jengibre, tomate, patata, pepino y parece que algún ajete. El caldo es blanquecino.

La picante, en cambio, es de un color rojo cabrón con guindillas flotando que ya presagian movida. Solo viéndola ya intuyes que se trata de un picante tipo Johnny Cash, del que al día siguiente te deja el Ring of Fire. La traen ya caliente, pero tú tienes una especie de mando en la mesa que lo calienta más y activa el jacuzzi.

Bien, pros y contras. La comida está buena, los ingredientes son baratos, porque obviamente te los cocinas tú, y la señora está encima de ti todo el rato explicándote cómo tienes que cocinar las cosas y cómo se maneja la temperatura y tal. También es cierto que yo me quemaba todo el rato. Hay un protocolo que es sacar la comida, meterla en un bol que tienes delante para que se vaya enfriando y luego te lo comes. Pero, claro, tienes hambre, te crees que con soplar vale, y no vale. Por suerte, años de cenar fuera han desarrollado en mí una afección conocida como paladar de kevlar que me protege de quemaduras muy serias, pero, ojo, que aun así.


Además, los tiempos de cocción son un poco alternativos, porque según avanza la noche y tú vas tirando cosas, hay otras que se pierden, y cuando ya casi no queda caldo, igual te encuentras una albóndiga que metiste ahí en el minuto 1 y lleva una cocedumbre que no veas.
Bueno, tanto las albóndigas caseras como las gyozas, muy ricas.

Especial mención también a los fideos de moniato (que no saben a moniato) y que tienen mucho rollo a la hora de comer.

Por cierto, sacan tres salsas de la casa, una es como de cacahuete, otra de marisco y otra es secreta. Hay que fiarse mucho de las salsas secretas que te sacan en un sitio con aorta y pulmones en la cocina.

Entonces, recapitulando, el método correcto sería, coges tu comida, la sumerges en el caldo hirviendo, al sacarla la pasas por una salsa y la dejas enfriando en tu bol. Enjuagar y repetir, siempre repetir.
Otra cosa que os puedo aportar es que el mix de verdura que te sacan lleva seta de cardo, seta de esta que son muchas blancas como largas, chiquiticas y en manojo, y una movida que se llama yuba, que es como una piel que hacen con soja.
A partir de que todo estuvo en la mesa, ahí se perdió ya la coherencia. Sacabas una movida, la metías en una salsa, luego a alguien se le caía una gyoza de entre los palillos a otra salsa, sacabas el pollo de la sopa de hueso y lo sucabas en la picante, todo se mezclaba. ¡Mestizaje, mestizaje!
Cuando nos íbamos se me ocurrió un juego que se me podía haber ocurrido antes. Cuando vayáis con colegas, elegid lo que os parezca más incomible de la carta, y averiguad quién se lo comería por menos pasta. ¿Me estás diciendo que no pagaríais digamos, 30 pavos entre todos los que vayáis para ver como tu colega se come un plato de cerebro de cerdo? Claro que lo vais a hacer.
Bueno, la cuenta, 80 pavos con 95, entre 4, a 20 y pico. Casi 25 el vino.

A ver, está bueno, es gracioso, pero yo, qué quieres que te diga, a mí, cocíname.
Un okey para este sitio.
Goza de amplio aparcamiento.