Xics, reconozco que fui a Salsavana con ciertos prejuicios.
Esto es así, el mundo es prejuicioso, y yo soy parte del mundo. Todos tenemos ideas preconcebidas sobre la comida de los sitios.
La mejicana es picante, la china lleva glutamato, la española es muy buena, la inglesa muy mala, y la cubana es regulera, porque usan siempre las mismas cuatro cosas como materias primas.
Pues nada, allá voy yo, que entro un día entre semana. Está al principio de la calle Cádiz, a pocos metros del Berlín. La fachada está pintada con los colores de la bandera cubana.

Una mujer como muy alegre nos recibe, está sonando salsa a buen volumen, y hay dos o tres mesas ocupadas, todas por gente joven bebiendo mojitos.

Las cartas están impresas en unos salvamanteles de papel. En el apartado guarniciones, tenemos combinaciones modulares de yuca, plátano y patata, en plan… yuca frita, plátano frito, yuca con mojo, chicharrita de plátano, etcétera.

En los platos típicos empiezan a aparecer cerdo y algo de ternera, pero me fascina que el primero de la lista sea «arroz blanco». Hay también algún plato combinado y tal… Okey, pedimos.
Nos vamos arreando unas Magnas de tirador. Está sonando trrrremendo Marc Anthony en la tele, y en la mesa de al lado se han sentado dos guiris del color del jamón de york, una de las cuales vegetariana, que parecen descolocadas al no encontrar tapas y sangría en lo que ellas habían supuesto un típico restaurante valenciano de salsa.
Toda la comida llega a la mesa con apenas segundos de diferencia, lo que crea un efecto banquete de boda medieval.
Vamos por partes.
Enchilado de camarones. Son unas gambitas pequeñas en salsa, con arroz blanco y ensalada.
Lo primero, es que el arroz no está blando ni pastoso, está en su point. La salsa es como un sofrito estandar, cebolla, tomate y pimiento. Realmente no pica, molaría más tralla. La ensalada da igual, porque es de plato combinado de polígono.

El caso es que está bueno, y entonces mi mirada se desvía hacia… Oh, yuca frita. Parecen patatas fritas muy gordas enharinadas, pero saben obviamente distinto. Creo que mejorará si lo suco en la ropa vieja.
Imagínate una especie de guiso, que podría ser primo de una cochinita pibil, un primo hermano. Carne desmechada, en una salsa de tomate, que en este caso tiene un puntito ácido.


¿Qué más? Picadillo cubano. La carne viene en cazuelitas de barro pequeñas. Es carne picada en una salsa muy parecida a la de la ropa vieja, y con patatas fritas en cuadrados. Igual tiene alguna distinción en plan, algún ingrediente o especia más o menos, pero bueno, tomeito-tomato.
Está jugosa, entra fácil.
Mezclo un poco de arroz blanco con las judías negras caldosas que tiene al lado. También está bueno, de nuevo el puntito ácido. No es nada desagradable. Todos vamos saltando de plato en plato. Al fondo, veo como la mujer se coloca delante de un altar y toca una especie de maraca o campana, o algo así a la virgen que tienen allí puesta. Me parece guapppísimo.



Creo que el hit absoluto de la noche fue la costilla. Viene con yuca y la misma ensalada de las gambas, pero eso da igual. Están cojonudamente cocinadas, tan tiernas que parecen carrillera. Justas de grasa, justas de limón.

Rematamos la jugada con un combinado que llevaba, arroz, picadillo, rodajas de plátano frito y, esta vez, la novedad añadida de un huevo por encima. Te puedo decir que el plátano es como comer papas gruesas, y el huevo… pues chico, un huevo, No te voy a descubrir yo ahora lo que es un huevo. Lo demás ya lo hemos probado.

De postre parece que no me entra nada, porque todo va a ser demasiado dulce, todo flan, pudin. No, pasando. Vamos a por unos mojitazos de puta madre, a ver qué onda.
La mujer se marcha a prepararlos y de camino se detiene a cantar junto a un colega que está en otra mesa, chocan esos cinco y sigue su camino.
Yeah. Los mojitos la verdad que molan. Normalmente pecan de exceso de dulce y de hielo, pero estos saben potente a ron, y a hierbabuena. El toque de lima no se nota casi, y el azúcar, lo he dejado en el fondo son remover, porque me gusta más que rasque. Rudo marinero.

¿El precio qué? ¿Qué dices?
79 pavos y pico entre 4, a 20 por cabeza.

Yo tengo una sensación positiva, aunque sí es verdad que no es un restaurante al uso. Va un poco en la onda del Inka.
Los pros: no es un sitio al que ir si quieres probar sabores nuevos, pero es un sitio espectacular para cenas de grupo. Sales lleno, sales barato, es casero, está rico, el sitio es alegre.
Los contras: Los platos son bastante parecidos entre sí, y son sabores que ya tienes en tu disco duro hace tiempo.
Ahora ya, la decisión es tuya.
Para mí es un Okey, porque la verdad es que volvería a gusto. Es un lugar en el que todo el rato están pasando cosas, y a mí que pasen cosas me flipa.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Monica Alba
Impresionante su relato,,,, me sentí casi igual que tu. Me lleno de alegría leer todo lo que has percibido estando ahí.