La Álcachof Tower ha sido mi refugio durante estos últimos días de confinamiento. Además de un imponente helipuerto en la azotea, y los aposentos de la gente que escribe en el blog, también cuenta con una importante estructura subterránea. El primer subsótano es una prisión para gastro-criminales donde mantenemos alejada de la sociedad a la gente que dice «picsa». En el segundo, guardamos en unas vitrinas protegidas con láser joyas incunables, como el sombrero de Vergara, un menú del Bulli donde dice «almóndiga», y medio chupito de cazalla que conserva el pintalabios de Cuchita Lluch. En el tercer nivel, tengo un laboratorio en el que mis croquetas y yo llevamos ya tres semanas intentando dar con una cura para el virus.
– Le sigue faltando cilantro.
– Señor, lo que tiene en la probeta vuelve a parecerse peligrosamente a guacamole.
– Maldita sea Meredith, tienes razón.
Meredith, mi croqueta asistente personal ya me había pillado tres veces intentando hacerme unos tacos con las placas de Petri. Estaba exhausto y mi organismo empezaba a acusar la falta de cenar por ahí. Tantos días sin pagar una cuenta y sin pedir vinos basándome en criterios absurdos empezaba a darme monazo. Por suerte, JustEat sigue siendo mi metadona.
Me retiré a mis aposentos en la planta 42 y abrí la aplicación a ver qué marcha me llevan. La otra vez encontré poco, y esta vez un poco menos si cabe, pero con más morralla. Algún kebab, algún sitio de fritanga… Nada realmente interesante, aunque entre todo ese bosque de sushi, franquicias y pizza pakistaní me llamó la atención UN único sitio griego. La casualidad es que se llama «El Rincón Griego» y, bueno, a pesar de su baremo de 25 pésimos VS. 13 excelentes en Tripadvisor, que coño, hemos venido a jugar y la cosa tampoco está como para ser exquisitos. Es un sitio que está por la plaza Tetuán, por la callejuela esta estrecha que da a la fundación Bancaja.
El repartidor llega puntual, el contacto es mínimo, me alarga la bolsa con dos deditos y yo la cojo con la fuerza de mi pensamiento. Una moussaka, dolmadakia, saganaky y un yogur griego de postre. He ido a lo seguro, a tirar a tablero.
Lo primero que me llama la atención es que alguien debería comprar tapers de tamaño medio, porque el yogur que viene en uno pequeño, está súper cómodo, pero la moussaka y el saganaky no llenan ni la mitad del espacio y parecen Webster en un loft. Pero bueno, no juzguemos la comida por los tapers, empezamos por las dolmadakia.

Arroz con especias, envuelto en hojas de parra y con bien de limonazo. Chico, pues ni tan mal. La ración es de 5, con su aceitito de oliva por encima y la verdad es que estaba rico. Un descanso healthy para toda la mierda que estamos comiendo estos días.
Voy a intentar explicaros el saganaky, veamos… Es como queso feta, pero mezclado con salsa de tomate, con pasta filo por encima y ajetes por debajo. ¿Qué pasa ahí? Pues que el queso con el tomate crea una especie de sustancia nueva que no está en la tabla periódica, que pega bastante en ácido y para la que tienes que estar preparado. Luego la pasta filo no estaba del todo cocida y tenía un poco un flow de harina cruda, y la gamba, bueno, pues estaba ahí como esperando el autobús. Al final todo se mezcla en una especie de pasta rosa que, bueno, o te gusta o no. A mí, meh.

La moussaka, bien. Más casera de lo que me esperaba. Cierto es que no mola ver la carne picada en gusanitos, porque canta mucho que viene de bandeja de Mercadona, lo cual no es mal y además es obvio en estos días que la vas a pillar de allí, pero remuévela un poco más porque parecía el pelo de Bisbal. Bueno, pero berenjena, patata, bien cocinado, buen sabor, muy a tope con esto. Yo tengo otra moussaka favorita de la que os hablaré otro día, pero esta es muy digna.

Y el yogur, pues bueno, dos bolas de yogur griego, blancas, puestas ahí como si fueran los huevos del yeti, con miel por debajo. Las nueces las puse yo de la despensa.

26 pavos más 1,90 de envío, lo que nos hace 27,90€.
A ver, no me arrepiento ¿eh? Cené a gusto y se agradece la variedad balcánica ante el tsunami de franquicias japo. También es verdad que como no he estado en el local, no sé si todo lo de Tripadvisor es cierto o es guerra abierta con alguien. Yo para una noche tonta en casa os lo puedo recomendar. Lo dejamos en un okey si pasas por allí, que ya te digo yo que antes de mayo no vas a pasar. Ábrete un vino.
Goza de amplio confinamiento.
Comment (1)
Fran
Este sitio fue de los pocos que se salían de lo tradicional, lo italiano, chino y poco más hace diez años. Fui por eso, porque no estaba recomendado ni lleno.
El sitio es peculiar, me gustan los sitios que parecen casas, o que lo fueron y se mantienen.
Pero la comida y tal pues le fallaba algo. Tenía como un toque cutre pero no barato que no se compensaba con estar muy bueno.
Quiero volver, no se porqué, pero a saber.