A ver.
Puede que esta información os sorprenda, pero Varetto no es en realidad un bareto.
Tampoco te hago mucho spoiler, se ve desde fuera. Un bareto es… no sé, el Trébol, Los Malagueños… y ni siquiera, porque esos son grandes. Varetto es otra cosa. Varetto es a un bar lo que Kim Kardashian es a una choni, lo que pasa es que entiendo que la carta quiere recordarte a un bar, por eso de las tapas.

Cuando entras no hay cajas de Mahou por el suelo, ni un señor masticando un palillo tras la barra.
Lo que hay son neones, hojas de árbol por el techo, lámparas chulas, mesas caras, y zonas reflectantes por todas partes. Que esa es otra, si disparas un láser en Varetto te los cargas a todos, porque todo refleja: Hay espejos por las paredes, refleja la pared del baño, reflejan las mesas, hasta el suelo refleja un poco y es de madera.
Es un local en el que tranquilamente estaría Carrie Bradshaw tomándose un cóctel de colores, y entonces aparecería Samantha con gafas de sol y unas bolsas y diría que viene de comprarse un perfume para la vayaina.


Dicho esto, nos sentamos y escaneamos la carta.
Anchoas, boquerones, calamar a la andaluza y ensaladilla, conviven con baos, ceviches, burratas y burgers. De tirador tienen Heineken (el Internet Explorer de las cervezas) y Águila sin filtrar. Yo quiero investigar la vertiente más bar del sitio, así que empezamos con la ensaladilla y un vino blanco.
La ensaladilla es correcta, la presentan a lo largo, con unos crujientes de pan fino clavados por encima. Noto mucho el atún, es lo más presente, y eso hace que tenga una cierta textura áspera, no desagradable, pero como cuando comes atún de lata a bocaos. Lleva patata, huevo rallado, boniato y mayonesa. Bien, una cosa tranquila.

Las bravas tienen su aquel. La fritura es muy guay, están ricas, lo que pasa es que les meten una balsa de aceite con pimentón (pudiera ser para recordar un poco a las del Ricardo), que es un poquito demasiado si eres una persona, pero bien si eres un Fiat Punto.

Llevan por encima un alioli muuuy suavecito, que realmente es una mayonesa con un perfume de ajo, que se siente sin molestar. Les falta un puntito de sal. Guay.
Bikini caprese. El bikini está de moda, bien lo saben Trinchera y Ultramarinos Huerta. Éste lleva tomates cherry confitados y dos cucharadas de la parte cremosa de la burrata, con un poco de albahaca. El pan de molde va planchadito con abundante mantequilla. De sabor, pues bien, correcto, pero 10 pavos me rasca.

Un dato, desde que hemos llegado, la música es un chunda chunda house, tipo la del Bershka, y ahora han cambiado a algo tipo Café del Mar.
Bueno, sigamos con un clásico de bar revisitado, la tortilla carbonara.
Vamos a ver cómo la… hosssstia, nano. Lo estoy viendo venir desde la cocina. Esto va a ser un choque de trenes.
Efectivamente. Me ponen delante una tortilla de patata con un chorretón de salsa blanca por encima. Es imposible —pienso yo—, que en pleno siglo XXI, en un local donde los cocineros llevan chaquetilla, en la era de YouTube y Master Chef, alguien haga todavía una carbonara de nata y champiñones. ¿Habrá una cámara? ¿Saldrá Juan y Medio?
Un chorrazo de nata, champiñones y bacon por encima de la tortilla, como si la hubiera hecho la Juani de Médico de familia en el 95, ante lo cual yo discurro que algo pasa. Es harto improbable que del ejército de cocineros que veo pululando tras la barra, nadie sepa hacer una carbonara correctamente, con lo que entiendo que la están haciendo mal ADREDE. ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene? ¿Que oscuros intereses hay tras esto?
Salsa aparte, la tortilla sola estaba bien, la patata un poco cruda.

Seguimos con las albóndigas de bar.
Cinco albóndigas, gordotas, bañadas en una salsa de tomate tipo marinara. Bien de sabor, un poco secas. No te puedo aportar mucho más.

Tal vez lo mejor de la cena fueron los tacos 13 horas, que se llaman así por el tiempo de cocción de las costillas. Las guisan en soja, Terry, jengibre y canela. La verdad es que vienen cargaditos y están muy ricos. Con dos de estos y las bravas sales cenado. Lo llevan todo, guacamole, cilantro, cebolla roja, lima, micro chiles, y bien de carne, que se note el mordisco ahí. Si vas, creo que es lo más rico, y no pica.

De postre, nos ofrecen tarta de queso, brownie, y otra cosa que no recuerdo ahora mismo, pero que era otro postre de los clásicos de la tabla periódica de postres. Nos quedamos con el brownie.
Está apetecible y es curioso, porque le han metido sal. Tanto el brownie como el helado llevan toquecito salado, que se mezcla y que le va muy bien al chocolate. La presentación es muy chula, con sus pétalos, y su camarero que viene con una jarrita de salsa y te la tira por encima, así como… jaarl. El brownie es muy cremoso, casi líquido, y lleva al lado una tierra de galleta que le da una texturita muy guay al bocado.

El precio del Varetto. Pedimos la cuenta. 87 pavos. A unos 22 por persona.
¿Qué te cuento?
¿Sabes esos sitios en los que la carta está llena de platos en los que pone… «esto, pero hecho a nuestra manera», y luego lo pides y no hay manera ninguna? Me llevo un poco esa impresión. Yo prefiero siempre un sitio mustio, en el que cenes algo rico de verdad, que un sitio precioso de fantasía, donde cenes simplemente correcto. Me recuerda un poco al Éter, a Guakame, a Gaspar… va un poco en esa onda. Te pides un cóctel y subes un story.
No he cenado mal, el sitio es muy bonito, pero no volvería por nada.
Okey si pasas por allí.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Francisco
A tu duda ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene?, respuesta. Hay una masa aún grande gente, de mediana edad pero que ven en el horizonte ser jubilatas, de estos que ellos son de los que no saben cocinar, y ellas se ponen Nelly. Pero que no son abuelos, no tienen aún el pelo blanco porque se tintan, gastan móviles buenos y saben usar bien un ordenador. Empezaron a comer en chinos con 25 años pidiendo cubiertos normales y vieron un sushi ya casi con 40.
Bueno, pues para esta gente aún espera una carbonara «normal» o una ensaladilla que sea una pastita. «Carbonara» con su nata, su bacon Oscar Mayer y su champi de bote. Igual se van a Italia, piden carbonara y cuando no ven la nata se dejan el plato porque eso no es la carbonara de toda la vida. Que será la que haría su madre tras una receta de Elena Santonja. Y por eso hay bravas en todos sitios, y por eso hay cosas que no quieren arriesgar porque es gente «con pasta» y que, por supuesto, saben más que nadie dada su edad y experiencia.