ACTUALIZACIÓN [01/01/2023]: El TOC ha cambiado de gerencia y ya no tiene nada que ver con lo que era cuando hicimos esta reseña. Así que coge con pinzas todo lo que decimos a continuación.
En el TOC, ponen música muy molona. No es lo más importante que tienes que saber, pero es muy importante. Solo tienen terraza, así que es posible que este verano te veas un día cenando allí y estés escuchando algo de Johnny Cash, o de los primeros de Dylan y entonces digas… Ah, pues, es un detalle a tener en cuenta.

Hay dos TOCs distintos y bastante diferenciados, el de mediodía y el de noche. Como esto va de cenas, nos centraremos en eso, pero luego quiero comentaros algo del de mediodía.
Llegamos en ese momento tan guay del verano en el que debería ser de noche pero no. Fuera mascarillas, primer vistazo a la carta de vinos. Pedimos una botella de blanco, y una de agua por educación, para que esté ahí viendo como nos bebemos la de vino.

La conversación va girando en torno a que hay apellidos a los que cualquier nombre les queda bien, y uno de ellos es «Yakamoto». Si te llamas Luis Ángel Yakamoto, ya mola. El Yakamoto potencia al resto. Pues estamos en esas, cuando llegan unos montaditos de hummus con tomate seco que nos traen para abrir boca. Mu rico.

Antes de terminarlos, aparecen las bravas de boniato con dos cuenquitos de salsa, una de ajo negro y una de sriracha. Este plato lo habéis probado también en el Guisante Rojo. Muy dulces, boniato crujiente por fuera, cremoso por dentro. Quemaban para siempre, pero los ansiosos hemos desarrollado inmunidad.

Ah, y un encuentro feliz, por fin un tomate gigante que vale la pena. Cara a verano, vas a encontrarte por todo el cabañal las clásicas ensaladas con un tomate enorme y bonito, a veces con piparras, a veces sin. El 90% de esas veces, ese tomate va a costarte 12 pavos, rara vez los valdrá realmente. En este caso, nos llegó un tomate tipo bolardo de los de no aparcar, y voy a usar el topicazo de decir «sabe a tomate». Con su bonito y su vinagreta, 9 euretes. Muy a gusto.

Fuera de carta nos ofrecieron unos nachos con chile y crema agria. Particulares. El nacho en sí, parece que está hecho como con harina de arepa, son más gruesos de lo normal. También llevan aguacate, y todo lo que hace que unos nachos chorréen y sean cerdos, caseros y deliciosos. Plato estrella de la noche, no pican, por si teníais duda.

Y ahora el tartar de remolacha. Ideal para veganos terraceros. Lleva quinoa, cebolla roja, remolacha, una salsa que tiene algo como de lima, y algo como de yogur, y unas hojitas fritas. Sabía dulce, tenía ese punto a tierra de la remolacha, estaba muy fresquito, cayó sin contemplaciones. Mola porque nos vamos llenando sin sensación de pesadez.

Luego nos sacaron unas gambitas fritas con ajetes tiernos y jamón. Pff, nano, me hubiera sucado el PIB de Andorra en pan en ese aceite. La combinación gamba (o cigala, o langostino) con jamón y ajete es siempre un sí muy grande.

Hablando de combinaciones ganadoras, pedimos también una sartén de huevo, patatas a lo pobre y jamón. La patata estaba tiernita y el jamón era bueno, por lo demás me imagino que es un plato que tendréis controlado.

Rematamos la primera ronda con secreto con chimichurri y cremoso de boniato. Guay, es un plato que funciona casi con cualquier parte del cerdo. Igual mira, yo hubiera churruscado un poquito más el secreto. Por encima lleva unos chips boniatosos, y bueno, el chimichurri me flipa, es algo por demás, se lo pondría hasta al café con leche.

A nivel postre, nos permitimos una tarta de queso y un brownie veganos. Molaría que unos veganos montaran un asador donde solo hubiera verduras y cada vez que entrara un carnívoro le dieran de hostias, y lo llamaran la VEGANZA. Alguien está perdiendo pasta con esa idea.


Bueno, obviamente las texturas y sabores son un poco diversas, más en la tarta de queso que en el brownie, que al final es casi todo harina y chocolate. La tarta tiene un punto más gelatinoso y más cítrico, pero no embafan, no se echa en falta nada animal.
Antes he dicho que os iba a comentar algo del de mediodía. El tema es que la carta es muy distinta, hacen arroces, y hay uno en concreto, el meloso de solomillo, setas y trufa, que me folló la mente muy fuerte.
Yo volvía de trabajar a mi piso del Upper East Side de Manhattan, y encontré al arroz esperándome en la puerta bajo la lluvia.
– Hola.
-¿Qué haces aquí?
– Vivimos en un mundo cínico, un mundo cínico, y trabajamos en un negocio de duros competidores. Te quiero. Tú me completas.
– ¡Cállate! ya me tenías con el hola.
Tenéis que probar ese puto arroz. Poneos en un rincón con sombra, pedid el vino blanco más frío que tengan y arreadle a ese perol, que ya os digo yo que vale el viaje.
Bueno, el precio: 133,70 pavos, salimos a 22,5€ por persona con tres botellas de vino, la idea del asador y teniendo claro que Mauricio Yakamoto es un nombre cañerísimo.

Me gusta el sitio, me gusta la comida, me gustan las chicas que lo llevan y me gusta el Trastorno Obsesivo Culinario.
Okey alto para el TOC.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (4)
Vicky
Que grande! Con la cita de Jerry Mcguire ya Me has ganado!!! Me encantan tus artículos 🤪
Isabelle
Hola, lo reconozco, me he vuelto fan ruta. Me estoy haciendo la ruta de tus recomendaciones. Cierto, lo tengo fácil, …viviendo en Russafa.
Otromas
Nano, vivo cerca del TOC, antes de un chino, antes de unos rumanos, antes de otro chino y antes de un español con perilla. Lo tenía por el típico bar donde tomar unas bravas y cerveza un domingo de invierno al sol. Nunca he visto nada gastronómicamente interesante. De hecho, la última vez que pasé por la puerta pensé «ha cambiado otra vez de chinos», pero por esta reseña, lo probaré.
Richi
El sábado estuvimos comiendo ahí. Brutal.
Van a cerrar y se trasladan donde estaba la lusitana, que ha cerrado. Local más grande y no sólo terraza como ahora.