El Rodamón, xics.
Local ruzafero, con una carta que me provoca un poco sentimientos encontrados. A ver, el sitio es idílico, ¿vale? Es amplio, blanco, luminoso, techos altos, al fondo hay una vinoteca que llega hasta el techo con mil millones de botellas… no solo sería cuqui, sino que le podría caber hasta un cuqui-moni-guapi. A primera vista, es un local al que puedes ir con tus suegros, en una cita, o a tomarte algo en la barra con tu escort residente. Hasta aquí, todo bien.

El concepto Rodamón llega en la carta. La gracia es un poco que tiene platos como de todas partes del mundo, asiáticos, franceses, italianos, y así, pues te das la vuelta al mundo en una cena.

Y aquí es donde se me aparece la controversia. Yo siempre he sentido mucho rechazo hacia los sitios multicocina, los Port Aventura gastronómicos en los que te hacen sushi, paella, hamburguesa y pizza, porque pienso que bastante complicado es hacer bien una cosa, como para hacer bien ocho. Pero, ¿sabes qué? Me di cuenta de una movida.
Si tapas las referencia a los países que hay en la carta… es una carta normal.
Veo bravas, teriyaki de ibérico, poke bowl, hummus, burrata, y pienso… es la carta de los últimos diez sitios en los que he estado. Así es. Me han ido metiendo esta caótica variedad geográfica en la carta tan despacio y tan lubricada, que me la he comido sin darme cuen. Hoy en día, en cualquier restaurante conviven tacos, poke bowls, baos, hummus y ceviches.
Así que, en el fondo, la carta del Rodamón no es tan especial como lo era hace unos años, y yo me la envaino, y me doy cuenta de que se puede hacer bien más de una cosa. Pero bueno, como dice Ibai, menos de cinco contradicciones es dogmatismo. A funcionar. Una cerveza, por favor.
Empezamos con el pollo crujiente con salsa de maní. Cumple lo que promete, es pollo, y es muy crujiente. Lleva dos salsas, una especie de guacamole y otra con cacahuete y cebolla. ¿Está bueno? Sí, bien, normal, sin volteretas. ¿Me llevó de cabeza cerrando los ojos al salvaje Oeste? Pues ya tal. Pollo rebozado.

Después, el poke bowl de pato ahumado. Mucho más interesante. El prota, por supuesto, es el pato, al que sí se le nota un ahumado potente. Lleva mango, edamame, pak choi y cebolla blanca. Todo va en frío. La base es de arroz glutinoso. Bien, rico, funcional.

¿Y luego qué? Pues el curry rojo de langostinos. Aquí te comento que el arroz no me flipó, estaba durete y carente de flow. La salsa llevaba cacahuetes, estaba bien de cilantro, y tenía un picante leve allá al fondo. Normalero. Me estoy volviendo exigente con el curry.

Por cierto, en este momento de la cena, abriendo la segunda botella, se planteó pillar unas entradas para cuando Miguel Bose venga a Valencia, porque creo que la posibilidad de que le dé algo y palme en directo es real. Ahora mismo, Miguel Bosé es el Amy Winehouse patrio, y yo no quiero perderme eso.
— Seré tu amante baaan… aaagh.
Muerto.
Y yo habré estado allí.
Llega el momento de joderse unas costillas lacadas a la coreana. Las costillas en sí están bien cocinadas, pero no son una pasada de sabor. Todo el rollo se lo da el acompañamiento, que era un puré como de boniato por debajo, y una salsa como caramelosa por encima. Entiendo que el coreanismo se lo aporta el toque barbacoa de la salsa, que en Corea le dan mucho a eso.

Acabamos con el pez mantequilla a la llama con alcachofas. Plato favorito de la noche. Podría ponerme hasta el culo de esto, y sentir que estoy haciendo régimen. Vale que la alcachofa está frita, pero el pescado está como a la plancha y, al ser blanco, da sensación de tope de sano. Por debajo lleva como un pisto de berenjena, en plan caponata, que la mar de bien. Curioso que este plato esté en la zona italiana del menú.

Fuimos a pedir postre, pero el camarero nos hizo caer en la cuenta de que eran las diez menos diez, y en breve aparecería la polizei bajando persianas, así que ni postre, ni cafés, ni hostias. Pero casi que mejor, porque…
¿Qué me cuentas del precio en el Rodamón? Pues bueno, que si llegamos a pedir algo más nos comemos una mierda, porque que cayeron dos botellas de vino, y rozamos el límite. Salimos a 95 pavos entre 4 personas, casi a 24 euros por cabeza.

A ver.
Visto con un poco de perspectiva, la cocina es normal, tirando a bien. No volvería adrede por ningún plato, pero tampoco es un sitio al que me negaría a volver. Como el entorno es tan funcional, hay tanto vino, y la carta va cambiando, voy a darle el Okey Alto.
Ahora, me retiro a decidir si me gustan los sitos con muchos tipos de cocina o no.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Restaurante Deskarat | Benicalap, Valencia | ¿Mola o Qué, Nano?
[…] Sitio muy chulo por dentro, ya te digo. No rollo Goya Gallery, pero sí rollo Rodamón. Carta muy extensa. Tapas, primeros, segundos, carne, pescado, ensaladas. Uf, mucha tralla. […]
Rafa
Yo he estado un par de veces en el Rodamón y sin duda es uno de los mejores restaurantes de Ruzafa y te diría que de toda Valencia. Es un tipo de cocina fusión muy conseguida con platos que superan a los que hacen en muchos restaurantes de comida autóctona. Creo que no elegiste bien los platos, la próxima vez prueba sus croquetas (de las mejores de toda Valencia y te aseguro que he probado muchas pues soy un fan de las croquetas) y sobre todo no dejes de probar su ceviche que, para mi gusto, supera a los de la mayoría de restaurantes peruanos que hay en Valencia (y te aseguro que he probado muchos) por su textura y sabor, una maravilla. Súmale a todo esto que tienen una espectacular oferta de vinos con muy buena relación calidad precio y ya tienes un restaurante muy recomendable al que ya estoy deseando volver. La única pega es que no goza de amplio aparcamiento precisamente jajajajja.