Creo que no hay una zona más púrria a nivel de restauración que Benicalap. Tal vez Campanar. Pero la zona del Palacio de Congresos es una locura, es el lugar al que van a morir las ballenas. Casas muy chulas, sí, urbanizaciones con padel y piscina y todo lo que tú quieras, pero… ¿restaurantes? El vacío, la desolachione. Pasa lo mismo que con la Avenida de Francia: Miss Sushi, Saona, Goiko, La Mafia, todo franquicias, macetitas de Ikea y frases de Mr. Wonderful viniladas en las paredes, pero ni un solo pequeño restaurante con un cocinero que vaya al mercado, ni una sola carta cambiante. Cero alma. Estoy seguro que, de existir, el infierno es una cena infinita en la calle del Meliá.
Ocasionalmente, monto expediciones, para ver si encuentro algo. Normalmente son infructuosas, pero vaya, me envolví la cabeza en una palestina, como un tuareg, cogí un zurrón polvoriento y me adentré por la zona de detrás del nuevo Mestalla con un caballo que andaba muy lento y muy triste mirando al suelo.
Lo de siempre. Bidones ardiendo, pintadas de “Los Morlocks mandan”, cráneos de vaca, el maestro golpeador azotando esclavos… llevaba un rato paseando cuando, de pronto…
Eh. Un momento.
En la lejanía veo lo que parece ser la puerta de un restaurante.
Pero, no puede ser… ¿en esta zona?
¿Será un 100 Montaditos disfrazado?
Rápidamente, descabalgué. Tiré a beber de mi cantimplora abollada. Vacía, maldita sea. Me dirigí hacia la puerta frotándome los ojos.
Deskarat.
¿Qué es esto?

El primer vistazo al interior me deja muy loco. Manteles blancos, ángeles colgando de un techo de listones de madera. El sitio no solo parece un restaurante, parece un restaurante bueno.

El camarero se acerca hacia mí.
— Hola.
— Hola… oh… ¿Habla mi idioma? Llevo mucho tiempo buscando… ¿Es esto un restaurante? ¿Aquí?
— Eh…sí.
— Oh, dios mío. Una mesa.
El camarero se gira a prepararla y yo salgo a la puerta. Disparo una bengala al aire, para que mis colegas que se han quedado en la civilización sepan que pueden acudir a cenar.
Bueno. Sitio muy chulo por dentro, ya te digo. No rollo Goya Gallery, pero sí rollo Rodamón. Carta muy extensa. Tapas, primeros, segundos, carne, pescado, ensaladas. Uf, mucha tralla. Empezamos suaves con las albóndigas en curry rojo, y el calamar con mayonesa de lima. Media ración de ambas.
Bueno, ni un pero. Bella presentación, cazuelitas de colores, cucharitas para la salsa, todo bien. En el caso de las albóndigas en curry rojo, vienen tres flotando en el curry rojo, con un puré de maíz al lado. El puré pega en dulce, el curry pica pero con moderachione. Echo en falta un poco de arroz para hacer volquete. Pelín frías, pero nada preocupante. Buen curry.

El calamar con mayonesa de lima, bastante okey. Está tierno, la lima se nota, y para los que sepáis de qué va, es lima kaffir. La lima kaffir se diferencia de las normales en que son limas a las que sacrifican por haber desobedecido o deshonrado al dios lima. Si, por ejemplo, no han rezado las veces que les toca, o a lo mejor no son lo bastante ácidas, pues a tomar por culo.

Bueno.
Que estaba rica. Es como una sepia con mayonesa, pero bien hecha y con mucho aroma a lima.
Kaffir.
Seguimos con el tiradito de atún con salsa de ají amarillo.

Pues, nano, estaba de puta madre. Te pongo en situación. Imagínate un sashimi de atún, sobre un puré que parece de patata, pero es pimiento, y que pica un poco. Alíñalo con bien de aceite y un ácido que creo que era lima, pero que ahora mismo no te sabría decir. Esto es lo más nikkei que te vas a echar al pecho este mes. Buen pescado, mogollón de matices en cada bocado. Te viene el picante por ahí, te viene un salado por allá. ¿Qué pasa? ¿Esta movida es cilantro? Yeah, me lo quedo.
Pues así todo el rato.
Vamos con los noodles con salsa de calabaza, curry y jamón ibérico. El plato es una sopita amarilla espesa hecha de leche de coco, curry y calabaza, que también pica un pelín, con unos fideos rollo Yatekomo flotando por ahí. Lleva por encima unos daditos de jamón del tamaño del bosón de Higgs, que pegan pequeños booms de sal. A priori pega en dulce. es interesante, por la fusión calabaza-curry y lo del jamón.

Oye, por ahora todo bien.
Terminamos con un pastel de carne que se parece que te cagas a la pastela del Dukala. Es una pasta filo envolviendo una carne picada muy especiada, con su hierbabuena y su canela y tal. Interesante, crujiente, étnico. Bien para dos personas, escaso para tres.

Postre ya no, porque no nos entraba, pero…
¿Cuál dirías que es el precio del Deskarat?

51 pavos y pico. A 17 y pico por persona. Ridículo. Requiere análisis.
Obviamente, la ausencia de postre y vino rebajan el tema, supongo que con un postre (unos 5 pavos más) y un vino (17) habríamos salido a 70 y pico, que es un precio más real. De todas formas, oye… maravilla. La posibilidad de pedir medias raciones de algunos platos es también algo a tener en cuenta.
Carta potente, sabores raros, un sitio que es prácticamente una flor que asoma entre el asfalto, no puedo quejarme de nada.
Dejé a mi caballo libre, y volví en el Jeep de mis colegas hacia la civilización, escribiendo esto en un trozo de madera que encontré en el suelo.
¿Significará esto que Benicalap molará en algún momento? Soñar mantiene vivo el espíritu.
Por ahora Okey alto para Deskarat.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (4)
Carlos
Amigo puedo oler tu prepotencia desde fuera de España, tu prosa no engaña a nadie. Que fácil es quejarse de todo sin aportar una mierda.
El Tipo Que Nunca Cena En Casa
¿Papá? ¿Eres tú?
Marta
Hola! Vivo por la zona y me has dado el último empujón para ir a probar Deskarat. Cierto es que es una zona que deja mucho que desear si no quieres comer en franquicias, por eso te animo a que vayas a un restaurante que lleva una pareja gallega, justo detrás del Melià de Corts Valencianes, no te digo más, ¡solo pruébalo! Se llama Palacio Ademúz y aún sueño con sus zamburiñas. ¡Me flipan tus reseñas! Gràcies!
Gonzalo
Gracias por la reseña. Voy a probarlo. Te sigo desde hace tiempo y nunca me ha decepcionado ninguno.
Gracias y enhorabuena por tu trabajo. A la mayoría si nos aportas.