El Refugio se llama así porque está junto al refugio antiaéreo (la casualidad) que hay en el Carmen, entre la calle Alta y Ripalda. Sitio pequeñito, pero bien aprovechado. Distancia de seguridad entre las mesas, te lo miro. Ventilación, ya si eso. No terrace.
Entramos, está a rebosar. Un camarero grandote y como muy carismático, con barba blanca y camisa bastante molona, nos recibe con colegueo. Está muy contento.

Nos sentamos. Estoy tan cerca del tipo de la mesa de al lado que si nos movemos a la vez podría considerarse bachata. Al cabo de un cuartito de hora muy rico, el camarero nos trae la carta y se toma nota de la bebida.
Wow, es extensa, tiene apartado vegetal, pescados y carnes. Todo tiene bastante buena pinta, modernete pero apetecible. Empezamos con varios dobles de Estrella Galicia y eligiendo un vino.

Cuando los dobles están ya casi temblando, llega el primer plato: las empanadas uruguayas de picaña de ternera cortada a cuchillo.
— Vaya, vienen cuatro y somos cinco.
— Sí, alguien se va a quedar con hambre, ja ja ja.
Recordemos esta chanza del camarero.

Los trozos de carne de la empanada son gruesos, como taquitos. Está muy especiada y tiene un puntito como achorizado. Me gustan bastante. La masa parece horneada, no frita, cero grasienta. La carne se nota al masticar, están muy de puta madre, pero ábrelas y deja que se enfríen, porque queman para siempre. Sabor criollo, me las quedo.
Continuamos con las samosas indias de pollo y achaar de tomate y pimiento.
Llegan cuatro y seguimos siendo cinco.
— ¿Otra vez cuatro?
— Sí, podéis robar alguna de la mesa de al lado, ja ja ja.
Strike dos, amigo.

La masa es como de empanadillas La Cocinera, pero las salsitas y el relleno son muy interesantes. El achaar tiene un point agridulce y picante, con cierto toque de curry, y la otra parece que tiene una base de yogur. Esta vez sí que están fritas. El interior lleva un pollo desmigado con varias verduras picaditas, pero no es un pollo cualquiera, está guisado indiamente, jugosito. Muy buenas también, mejor con la salsa roja que solas.
Vamos con los chipirones a la parrilla rellenos de curry thai de verduras, y arroz basmati con calabaza asada y crema de lemon-grass. El nombre ya te deja poco a la imaginación. Puede parecer una carambola del destino, pero, oh… son cuatro por ración.
— Oye, sácanos alguno más, te lo pagamos aparte, no importa.
— Naaah, pero si da iguaaal, pero si os lo vais a repartir, que más da, hombre. Ale, a comer, ja ja ja.
La actitud del camarero empieza a recordarme mucho a la de Bertín Osborne en Contacto con tacto. Hay como un sudapollismo sobrevolando. Los chipirones van sobre una base de calabaza (que te va a parecer boniato, pero no). La crema tiene su puntito a limón, pero lo que gana sin duda es la leche de coco, que se nota al primer mordisco. Te diría lo que se nota en el segundo pero nunca lo hubo, porque, claro, cuatro chipirones.

Para los vegetarianos, tenemos rollitos vietnamitas con vermicelli de arroz y algas. Llevan también zanahoria y pepino, pero las wakame predominan demasiado. La parte de fuera es una pasta que está como sin cocer, que tampoco aporta demasiado sabor, y el mordisco sabe demasiado a yodo, el wakamazo es demasiado potente. Vienen con unas hojitas de espinaca cruda debajo. Éstas me dieron más igual.

Por recomendación, pedimos la berenjena asada con salsa de miso, chalotas, crème fraîche y cuscús. Buah, están de cojones. Saben dulces, jugosonas, la salsa es casi como un glaseado. Funciona mucho porque tiene un sabor muy potente, y el cuscús, que es más neutro, te lo rebaja, como cuando pones anchoa sobre pan. La crème fraîche está ahí un poco para pasarse a saludar, pero va de oyente. Muy rico, platazo.

Terminamos con las albóndigas de cordero envueltas en papardelle con salsa filetto y queso feta. Tal vez penséis que el ser humano aprende de sus errores y que íbamos a salir mejores de la pandemia, pero…
— ¿4 otra vez? ¿En serio?
— Ja ja ja, qué cabrones somos, qué mala suerte tenéis.
Giro de 180º, desaparece de escena.
Olrait.

Oh, también muy ricas, tienen cierto punto a salsa de ragú poderosa. El queso feta le da un toquecito agrio molón. La pasta tiene su gracia, pero todo el rollo del plato lo soporta la carne con la salsa. Notas un fondo como si hubiera estado guisándose mil millones de horas y reduciendo. Las albóndigas son de cordero especiado. Tremendo. Hubiera agradecido pan, para suque infinito.
¿Postre? Tienen tres, y nosotros vamos a por los piononos rellenos de mousse de chocolate y dulce de leche, y el helado de queso ahumado con teja de garam masala y chutney de tamarindos.
Lo de los piononos «rellenos» no lo entiendo mucho, porque lo que yo me comí eran dos trozos como de tarta de mousse de chocolate, con pistachos por encima. Muy rico. Casi más amargo que dulce, con saborazo a cacao, pero agradable. Si buscas dulzura, tienes una pintadita de dulce de leche al lado para remojar, que te va a dar lo tuyo.

El helado de queso, muy curioso, porque nano, es un helado ahumado, y tiene trozos de parmesano. Tienes que ser una persona muy de queso para que te mole un trozo de parmesano en un puto helado. Yo preferí el chocolate.

Venga esa cuenta. El precio del Refugio se queda a 107,10 entre 5, a 21,50 euros por persona.

Vamos a ver. El precio es buenísimo, y la calidad de la cocina es innegable, en este sitio cocinan. Ahora bien, el rollo de las cuatro unidades para cinco es un desastre. O bien nos avisas de que salen cuatro y nos pedimos otra cosa, o bien nos ofreces una quinta unidad subiendo el precio, que hablando seguro que nos vamos a entender. Porque que una persona se quede sin su bocado una vez, vale, dos también, pero que sea una constante, hace que la cena sea mucho menos molona. Y la actitud de «no passssa nada, chavalotes, máquinas» tampoco ayuda.
En fin.
Supongo que debe ser un sitio realmente espectacular para ir a cenar si sois cuatro u ocho. De hecho, creo que sí. Os recomiendo muy fuerte la berenjena, las albóndigas y las empanadas.
Vamos a darle un Okey Alto, porque la verdad que se cena muy rico. Sin rencores.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (3)
Merxe
Brutal como siempre. Creo que me pasaré porque somos 4 jujujuju….el soplapollismo yo sé de uno que le hace no volver a un sitio por muy rico que esté. Así que deberían de agradecer vuestra benevolencia. Grande ahí!¡!
Mandievus
Las raciones en cualquier sitio son como son. No son a medida. Eso sería una locura, tanto para emplatar como para facturar, No veo la movida que montáis. No estabais en los cíen montaditos, donde van por unidades. Son raciones. Si voy a un bar y pido boquerones, me pondrán los mismos si voy 2 ó 5, digo yo. Ademas…Si yo quiero mojar pan, lo pido y arreglado. Eso de esperar pan, puede ser, pero no es norma en todas las cocinas, por tanto no lo veo reprochable. La verdad es que los críticos parecen buscarle tres pies al gato. Coño! No esta riquísimo? pues pide otra si os quedasteis cortos!!
Antonio
TRATO EXQUISITO.DOEMPRE QUE HE IDO. Y GENIALES LOS PLATOS