Por fin llegó mi momento.
Desde el puto 15 de enero que he estado chupando banquillo, tirando de delivery, yéndome a bares de carretera y montándome restaurantes en mi salón con maniquíes, como el de Soy Leyenda, para intentar sobrellevar este ansia viva in my soul. También he tenido que hacer cosas de las que no estoy especialmente orgulloso.
— Señor, el presidente Puig al teléfono. Dice que lo siente y que si pueden volver a ser colegas. También dice que, por favor, le devuelva a su alpaca preferida, porque necesita más pelo. Que es para una cosa. Que como broma ya está bien.
— Ahora no, Meredith. Estoy ocupado. Voy a comer en una terraza. ¿Está preparado el helicóptero?
— Esperándole fuera, señor.
— Perfecto. Uf, estoy nervioso y todo. ¿Qué tal el traje?
— Lleva usted una camiseta tiñosa del Zara, señor.
— Exacto. No me pases llamadas, hasta las seis no quiero saber nada de nadie. Al anochecer, libera a la alpaca.
Y no quiero saber nada, porque voy a estrenar local. Uno que aún huele a coche nuevo, a Madelman sin abrir. Os hablo del Punk-o Punk-o. Lo reconocerás por la foto cañera de la fallera asiática tatuada de la puerta, y porque está en una de las VIP corners de Ruzafa, la esquina de enfrente del Rus.

Es un local de fusión asiatico-filipina. No tengo ni idea de qué marcha me llevan en filipinas. En mi mente es un país habitado por pequeños donetes crujientes pero, en la realidad, está habitado por peñita que cocina y hace cosas ricas.
Me pido un doble de Águila. Oh, dios, cuánto tiempo. Temía haber olvidado cómo se bebe cerveza.
La carta tiene entrantes, barbacoa filipina y principales. Más carne que pescado, alguna opción vegetariana, vale. Vamos a elegir un vino, y al lío.
Lo peor del Ngohoing, sin duda, es pedirlo en voz alta. Se pronuncia algo parecido a «ngoyó» pero, vamos, señálalo en la carta como si fueras Paco Martinez Soria en un teppanyaki y tira con lo que venga.
Se trata de un rollito filipino frito de carne picada, bambú y remolacha. Al abrirlo vas a ver unas hebras que te confundirán como a mí y pensarás que es pato, pero no, es la remolacha. La carne del rollito es de ternera y cerdo, y viene con una salsa que es chili dulce, pero tuneado. Lleva algo que la espesa y la hace más potente, es un entrante muy cañero. Si te mola el picante, empieza por aquí, pero cuidado, porque yo soy muy ansias y me asdhgfgaghssaaah la lengua.

Seguimos con los entrantes: samosa rellena de lentejas, calabacín y combo de especias filipinas, acompañada de mayonesa de soja/setas y mayonesa de kimchi. Oh, prometedor. Veamos…
¿Cómo? Fuck. ¿Qué cojones es esto? Es… es una puta delicia. Cero aceite, cero fritanga, el rabo se me pone de vibranium. Qué saborazo, las mayonesas le van perfectas sin quitar protagonismo, son el Garfunkel de Simon, el Rubén de Leiva. Me seco la lágrima de la mejilla. ¿Es porque tengo ansia de terraza, o estoy ante un nuevo Golden Okey (y posiblemente el primero enteramente vegetariano)? Las lentejas saben a guiso de verduras, todo encaja mucho. Creo que ya tengo plato favorito en este lugar.

Por ahora dos de dos, pero todo apunta bien, porque ahora viene la panceta de cerdo marinada al estilo filipino, acompañada de encurtido de papaya verde casero. Hostia, qué curioso. No me digas que has probado papaya verde encurtida recientemente en otro lugar. La panceta viene en brocheta, trozos cárnicos generosos sobre una montaña de patata frita casera. ¿Ves? Estos son los detalles, estas son las mierdecitas que a mí me molan. Coge una pinche patata, nano, con la mandolina esa que tienes ahí, que la gastas menos que el bono del Biopark, y haz unas patatas fritas, no las compres congeladas. Viene todo con una salsina que probada a parte tiene algo de guiso, como si fuera la salsa de un estofado. Cojonuten.

Oye, qué bien todo, ¿no? Hoy vengo con ganas de que me coma el tigre, así que vamos a por las alitas de pollo picantes. Supongo que la pregunta es: ¿cómo de picantes? O sea, de cero a Da Bomb, que es prácticamente una distorsión del universo, un fallo en matrix, ¿cuánto pican estas movidas?
Si no te gusta el picante, no son para ti, pero si te mola, diría que es sentidito pero asequible. Quiero decir, tienes la sensación de estar comiendo algo picante, pero a la vez puedes seguir comiendo. Picante asiático, no mejicano. El que le mole esto ya sabe de qué va. Untuosas, hay que añadir toallita.

Vamos a por un principal. Pedimos la Humba (ella quiere su hummba.. ¿cómo?) cerdo guisado a baja temperatura al estilo filipino. Lleva como unos chips de ajo por encima, y viene con un arroz blanco para hacer volquete. Joder, qué buena está. Jugosona. Tiene un montón de sabores que van y vienen y que no le pillo, hay algo dulzón molante por ahí. Creo que se trata del final de la costilla, pero da igual, esto te funciona con la carne que sea.

De postre pedimos tarta de chocolate, porque vino a comer una amiga que estuvo en proyecto hombre por el tema del chocolate y no la puedes sacar de ahí. Es más como un brownie, durito por fuera, meloso por dentro. Está guay, entra solo. Pero claro, después de tanta movida fusión, esto es como más de casa.

Bueno, todos los platos son tremendo hostiazo de sabor, tenemos un golden, hemos probado cosas muy locas, pero no nos precipitemos todavía, queda la cuenta. El precio del Punk-o Punk-o va a determinar si esto es un exitazo o qué. Como dato os digo que el vino que nos pedimos era un Casagrande. Contengamos la respiración.
— ¿A cuánto hemos salido?
— …
— 61 pavos. A 20 y medio por persona.
— Qué cojones me estás contando.

Se desata el okey. La presa que contenía el okey y que ha ido resquebrajándose, estalla, y un gigantesco tsunami de okey arrasa con toda la plaza llevándose la terraza, los coches y a un señor que salía del estanco. Sokovia cae del cielo, Goku mata a Freezer, Jake se sube a la tabla.
Chavales… Tope de okey. Si lo tuviera debajo de casa, me pondría una tirolina en la ventana, avisados quedáis. Pero como vaya y no queden samosas, me cagaré en vuestra vida.
No tienen café.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Siro
Un local con amplia terraza y bien localizado en el barrio de Ruzafa
Buena comida y servicio rápido y esmerado
Destacar la simpatía y amabilidad de Naiara
Yolanda
Restaurante acogedor ,buena decoración y excelente comida calidad precio con sabores exóticos,y con muy buen servicio y amabilidad de Naiara,altamente recomendable …