Bueno, empecemos por el principio.
Las pasadas navidades, como cada año, se celebró la entrega de los premios Meredith, con los que premiamos a nuestros restaurantes favoritos. En el caso del premio del público, la gente hizo una votación democrática a topor, y vuestro favorito fue Mangiapane, la pinsería de Ruzafa.
El premio para el favorito del público, es la publicación de un segundo artículo en el blog, y la promoción de este en redes sociales, para que así, llegue al máximo posible de personas, y el universo entero se entere de cuán molantes son.
Pero aquí llegamos al problema, y es que Instagram no me deja promocionar absolutamente nada, jamás, porque suele encontrar frases y expresiones, digamos, no adecuadas a todos los públicos en mis post, y me lo deniega siempre.
Así que una vez más, y para ser justos con Mangiapane, aquí va un artículo completamente blanco, libre de ofensa, que intentaré que el algoritmo me acepte.

Ruzafa. Mediodía de un día normal, a una hora normal, ni pronto ni tarde.
Mis colegas y yo, llegamos en una carroza, y entramos vestidos de los Bridgerton a Mangiapane.
— Buenas tardes. Tengo una no ofensiva reserva a nombre de El Tipo que nunca cena en casa. Para 4. De hecho, 4 y un bebé, pero no quiero utilizar ningún número que rime con nada.
— Acompáñeme, por favor.
— Por supuesto que sí. Nadie me fuerza ni me obliga a ello. Voy por voluntad propia.
— Viva el Rey.
— Viva.
En Mangiapane hacen pinsas. La diferencia entre una pizza y una pinsa es, además de una fermentación más larga, que usan tres harinas, trigo, soja y arroz. De esa manera, no te hinchas tanto, y la digestión es más llevadera. Es una manera un poco más ligera de comer, y posiblemente, a la hora de finalizar el proceso digestivo, se haga con soltura.
La carta tiene una parte delantera con entrantes y pastas, y una trasera con pinsas y postres.
Veo que la oferta comienza con una burrata, plato que no me despierta ningún tipo de rencor, pero por lo que sea, tal vez elijamos otra cosa. Creo que con unos entrantes y un par de pinsas estaremos servidos.

Probaremos un par de canolos sicilianos.
Los canolos, normalmente se usan para postre. Se trata de unos canutos cilíndricos huecos, como de pasta hojaldrada (en los que por supuesto, no cabría ningún apéndice del cuerpo humano), esta vez, rellenos de caponata. Esto es básicamente un pisto de verduras, que se conserva con vinagre y azúcar.
— Oh. Esto está muy bueno, y quiero expresar mi satisfacción de una forma completamente moderada.
— Coincido. Loor y fanfarria. Lo único que podría agradarme más que este canolo, es reciclar.
— Reciclar y pagar todos mis impuestos.
— Todos sin excepción.
Realmente lo está. Hay láminas de almendra cruda, cebolla, berenjena, creo que apio, todo con esa especie de escabeche suave. Realmente cremosa. Entrante top.

Después, unas flores de alcachofa. Hablamos de tres flores de alcachofa confitadas, abiertas, con una salsa de pecorino romano y pimienta negra. 3 alcachofas, casi 14 pavos. Hay quien diría «guau», pero… ¿Quién soy yo para ponerle precio a estas flores de dios, y al honrado trabajo de un agricultor? Más tenían que costar, claro que sí.
El camarero tiene por ventura, sacarnos un aceite picante, y unos trocitos de pan focacciosos recién hechos, que la verdad, me colman de dicha. Creo que al plato le podría faltar un poquito de punch. La alcachofa se queda un poco neutra, y el pecorino se la come. ¿Tal vez menos pecorino, o parmesano rallado, así con aire, y trufa?¿Un crunch de panceta? No lo sé. De todas formas, alcachofas. Siempre bien.

Mira que curioso, tienen los arrosticini, los pinchitos aquellos de cordero que probé en Mamalena. Los probaré, dado que no estamos en cuaresma. Son simplemente unas brochetas de carne de cordero a la brasa. No tienen mucho misterio, sabrosas, un poco grasas, mejoran exponencialmente con el pan y el picante.

A todo esto, la banda sonora, por ahora, pasa de Roy Orbison a Unchained melody. Todo bien.
Hemos pedido dos pinsas, la Guanciotta (mozzarella, guanciale y crema de calabaza) y la Caprese sbagliata (salsa de tomate amarillo, pesto y tomates cherry).
La primera tiene tremendo puntazo. La crema de calabaza, por supuesto, pega en dulce, y junto con la mozzarella, hace un efecto cremita, sobre la masa, que es más crujiente y gruesa que la de una pizza normal. Cuando estás ahí, en ese dulce, aparecen de repente lonchitas de guanciale, que no crujen, pero aportan sal.
— Es tal la ligereza de esta pinsa, que llegado el momento de su deposición, bien podría parecer que depongo un nenúfar.
— Oh, sí. Tal vez me aventure con otro pedacito, siempre con el meñique en alto.
— Modérese, recuerde que tiene clase de equitación esta tarde.
— Cierto. Cómo podría.

La caprese, es un sabor que más o menos conoces, pero aún así, creo que el puntito extra se lo da el pesto. Es un pesto áspero, con grumo, se le nota mucho el queso. Los cherry no van crudos, pero de nuevo, lo interesante es la masa. Es cierto que es más ligera, sabe a pan, a tostado. La base de tomate amarillo no se la acabo de pillar, tal vez es más suave que el tomate convencional. A nivel sabor no noto diferencia.

¿Postre? Claro que sí. Esquivamos el tiramisú, porque ya empieza a estar un poco atrás, el tiramisú es la blackberry de los postres. Vamos con el coulant de pistacho y la delicia de limón.
El coulant es justo lo que te imaginas, un pastelito bizcochoso de pistacho, con un centro de crema más pistachosa todavía. Es tela de dulce, diría que tanto, que enmascara un poco el pistacho, pero una vez roto, la crema es golosísima.

En cuanto a la delicia de limón, es mucho más suave de lo que te esperas. Tiene cero cítrico, es solo aroma. Por encima lleva un gurruñito de nata de spray, que es otro producto por el que no siento nada más que respeto. Por dentro, encontramos un bizcochito, y crema limonosa. Está bien, pero de nuevo demasiado dulce. Por supuesto, no de una manera ofensiva, que ningún fan del dulce se ofenda.

— ¿Qué tal fue la caza de faisanes de la otra tarde, amigos?
— Oh, una delicia. Por supuesto no eran faisanes reales, dado que ningún animal debe cazarse, ni ser dañado, y por supuesto estamos en contra de toda violencia, así que lo que hicimos fue atarles plumas a unos bloques de tofu, lanzarlos y perseguirlos.
— Fue una cacería corta.
— Gloria a la Constitución.
Llegado este punto, yo llamo la atención del camarero, con un movimiento manual similar a la coreo de Vogue de Madonna, y al poco tiempo, aparece con la cuenta.

99,20, entre 4. Sigue sin llegar a 25. Excelso.
Pues aquí lo tenéis, chavalada. Mangiapane fue vuestro favorito de 2023, y parece que les sigue yendo bien en 2024.
Os mantendré informados de si me deja promocionar el artículo o no. Yo creo que más no puedo hacer.
Goza de amplio aparcamiento.