Xics, me ha gustado mucho un sitio.
Sabéis que la mayoría de entradas del blog que escribo suelen tener de tres comensales hacia arriba.
Eso es porque creo que cuando van solo dos personas a cenar, se piden muchos menos platos, los artículos quedan más pobres y cuesta hacerse una idea de cómo es el local.
Ésa es una regla vital que llevo bastante a rajatabla.
Otra que he descubierto recientemente es… Si ves a un instagramer que prueba algo, y mientras mastica asiente y hace el okey con la mano, o la mueve de arriba abajo como diciendo «vaya tela», que sepas que eso que está comiendo no está tan bueno. Pero eso es otro tema en el que igual algún día entro.
El caso es que voy dando una vuelta por Abastos, se está guay, hace solete, me va entrando gusa.
He reservado en un sitio que alguien me recomendó hace algunos meses. De hecho, más de una persona. Se llama MamàLena, y está en la calle Bon Ordre, bien cerca de la Pérez.

— Hola. Tenía una mesa a nombre del Tipo Que Nunca Cena en Casa. Para dos.
— Perfecto. Por aquí.
El hombre que nos atiende desprende un tremendo maquineo.
Es un italiano con barba y pelo blanco, pero joven. Lleva unas gafas un poco de sol, y un anillaco que transmiten verano en Formentera.
Tiene un rollo Gianluca Vacchi, para que nos entendamos.
Está atendiendo las mesas, pero, si no me equivoco, debe ser el dueño del local. Es una de estas personas que te caen bien de entrada.

Le echamos un vistazo a la carta. Tienen un apartado de quesos al horno, ensaladas y platos de verdura.
Veo un guiso de longaniza, y la posibilidad de que algunos platos sean medias raciones. Todo correcto.
— Chicos, os traigo las tapitas de bienvenida. Aquí tenéis.
Una chica joven nos deja en la mesa tres cuenquitos, uno con hummus de alcachofa (yeah), otro con pieles de patata fritas, y otro con ensaladilla rusa.
Me parece una alternativa muy currada y mucho mejor que las clásicas olivas, vamos a ello.
Son unos bocaditos, lo justo para probar.
El hummus de alcachofa lleva menta, que es una cosa muy romana, y que le da un sabor nuevo muy guapo. También me llama la atención la ensaladilla, que lleva como trozos muy gordos de todo, y cebolleta encurtida. Incluso las pieles me funcionan.

La caponata, ahora que el Mimmo ha cambiado de dueño (por cierto, un saludo a la persona que escribió “ya no es lo mimmo” en Tripadvisor), puede postularse a nueva caponata alfa.
Es generosa para ser una media ración, más que suficiente para dos personas. Sobre todo, berenjena, mucho taco de berenjena. Pesto, piñones, alcaparras, poco más.
Va cargadita de aceite, pero no de una forma negativa, sino suave, de esa que hace que la berenjena quede cremosa. Es un plato casi untable.

Las alcachofas llegan como llega la primavera a mi corazón. Son un plato de alcachofas fritas, con un chorrete de salsa picante por encima.
La salsa parece algún tipo de ajoaceite, pero tiene el picante de la guindilla, es ese tipo de picor.
Al principio parece que no, pero luego dice, hey, ¿me buscabas, marinero?, y se te queda en la boca un rato.
La alcachofa frita, bueno, pues qué te voy a contar ya a estas alturas. Como si fueran pipas.

Después traen lo que se supone que es lo típico del local: unas brochetitas de oveja.
Van por unidad, y bueno, no tienen nada, pero están muy ricas.
Saben a brasa, a parrilla, y es un sabor más suave que el cordero. Arrosticini, se llaman.
El hombre las vende con mucha vehemencia, te cuenta lo típicas que son por allí, y cuánto se consumen y tal.
Realmente, te puedes comer un kilo de una sentada. Cada una son dos bocaditos, y entran muy fácil. Es un pinchito de carne de sabor intenso, y te lo sirven en una jarra. A mí con esto y las alcachofas me puedes llevar donde quieras como si fuera un gorila drogado.

Entonces llega la pasta. Lo curioso del lugar es que no tienen una carta de pastas infinita, ni un muestrario de pizzas loquísimo.
Va un poco en la onda de L’Osteria de Ruzafa. Tienen tres: una carbonara y una amatriciana, que son las pastas residentes, y otra que cambia cada semana, y que es la pasta visitante. Esta semana tenemos una campo di mare, que lleva alcachofas y calamares.
A pesar de no tener mucho tropezón, la salsa del fondo, que parece sólo aceitillo, tiene un sabor a pescado bastante potente.
Supongo que esperáis que me acuerde del nombre de la pasta, ¿no?
Pues ahí va, son macarrones ciclados. Supongo que tendrán un nombre mucho más concreto, como “spizzicarelle” o “tripoforti”, no lo sé, para mí son macarronaco gordo corto. Arrea con eso. Están muy ricos.

Llegado el momento del postre, estoy tentado de saltármelo, porque solo veo tiramisú, y el chocolate este en forma de salchichón que tienen en algunos sitios. Nada nuevo bajo el sol.
Pero justo cuando mi cerebro está ya negociando esa negativa, el camarero maquinarias me insiste un par de veces en el tiramisú. Que ya verás, que tal, que es casero, que nosequé… Venga.
A los pocos minutos, aparece en la mesa con guantes de goma negros, y varios platitos en una bandeja.
Coloca un platito con las lenguas de gato sobre la mesa, le echa un chorro de café (descafeinado) desde una cafeterita, y nos va contando movidas.
Es un momento muy conversacional, muy toma y daca. Nos cuenta que él tenía un restaurante en Roma, en el que preparaban el tiramisú así, por partes.
Yo le digo que si cada vez tiene que montarlo, es un tiramisú de IKEA.
Mientras charramos, el tipo ralla chocolate Valor y le echa unas buenas cucharadas de mascarpone por encima. Luego ralla más chocolate, le pone unos granitos de café, y hop.
Está rico, pero es muy dulce para mí, no obstante, la parafernalia durante el montaje me gana un poco.

Oye, qué bien todo.
¿Será el terraceo con sol? Estoy de un a gusto que si me vienen los de las ONG de Juan de Austria, les suscribo yo a ellos.
Ya bastante llenos y satisfechos, nos ofrece un limoncello.
— No gracias, no me va mucho, me sabe siempre muy dulce, como a sirope.
— Tengo un amaro, que si no te gusta lo dulce te va a flippare.
— No sé, no soy yo mucho de…
— Fiate del tuo padre.
— Pues venga va. Probemos el amaro.
El chupito en cuestión sabe a hierbas, pero a mí me recordó mucho a un vermut amargo. Se llama Amaro Montenero, y es el chupito que quiero en mi vida.
Pedimos la cuenta. Durante unos momentos, estoy pensándome con quién volver, y a quién hablarle de este rinconcito molón, cuando de pronto…
45 pavi.
Alcachofas, caponata, las brochetas, la pasta, el tiramisú, copita de vino, botella de agua, 44,80. Entre dos, a 22,40 euros por persona. Siendo solo dos.

De locos. Me parece muy guay. He comido como un capitán general de la guardia civil, y todos los platos eran “qué rico, qué rico”.
De hecho durante unos breves instantes, me planteo darles el Tope, por la actitud del camarero, que ahora mismo es mi favorito para los Meredith de este año, pero una vez controlado el hype, la cocina es de Okey Alto, que no está nada mal.
Oye, están empezando, precio guay, atención súper buena, gente maja. Echadles un ojo, probad cositas y me contáis.
MamàLena, chavales.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
José
Oye, estuvimos ayer comiendo allí por ver tu publicación, comida familiar del día de reyes, la primera vez que todos estamos de acuerdo que está todo espectacular👏👏👏👏 y el trato exquisito. Un 10 pero por todo lo alto.