Igual os descubro la pólvora con esto, pero nanos, los peores sitios para comer en cualquier ciudad suelen estar cerca de los puntos turísticos importantes. Es decir, si tienes que tomarte una pizza, intenta que no sea al lado del coliseo, un crepe bajo la torre Eiffel cuesta cuatro veces más, y no pidas paella en la Plaza del Ayuntamiento, a no ser que la quieras con unos buenos guisantes y ese gratinado de gorgonzola tan típico de Valencia.
Dicho esto, me llamó la atención la aparición de un sitio de cocina nikkei, que aparentemente no era una franquicia, en plena (la casualidad) Plaza del Ayuntamiento. El sitio es Kaikaya, y es un local de fusión brasileño-japonesa.

Nos adentramos. Chan chaaaan, dos pisos, helechos y plantas de plástico a topor de los topores, propiciando esa decoración Jumanji tan de moda. Esquivo un mono y un tucán, llego a la mesa. Primer dato, los camareros van con kimonos como de seda, muy coloridos, y varios son brasileños. Todo es molante de momento.

El camarero nos deja las cartas y nos pregunta por las bebidas, yo le pido una cerveza y cuando me dice que puedo elegir entre Heineken y Cruzcampo, entiendo que ha habido un problema de idioma y le insisto en que lo que quiero es cerveza. Finalmente me trae una caña de Cruzcampo Reserva, y cervezas japonesas para el resto.
Bueno, las cartas no se abren como un libro, sino como un abanico; son bastante incómodas de leer, pero muy abundantes, mogollón de platos. Hay una tendencia importante a la mezcla de fruta con pescado que parece interesante y tropical, seguro que son platos que no vas a probar en otro sitio. Eso sí, también hay una tendencia importante a que todo cueste entre doce y dieciséis pavos, lo que me hace presagiar un poco el disaster. Cierro el ojete. Cada uno elige un plato.

Lo primero que pedimos fueron gyozas y coxinhas. Las gyozas ya sabéis que son las típicas empanadillas japonesas. Estas eran de cerdo y verduras, y llevaban aparte una salsa de frijoles negros (feijoada) muy típica brasileña. Fusión conseguida, además muy ricas, aunque el borde estaba más tieso que un bocata de porcelana pero, en general, guay.

Las coxinhas en cambio, son como unas croquetas de carne brasileñas, que llevaban pollo a l’ast envuelto en patata panko, crema de ajo negro, espuma de wasabi y espuma de curry rojo. Para mí lo mejor de la cena. Tamaño pelota de golf.

Llegó después el Roll kasato maru (gambón panko, mayonesa kimuchi, kale en tempura y teriyaki). Es un roll de sushi, el kale es parecido al bimi, lo tempurizan y rebozan la gamba y el contraste del crujiente con las salsas y el arroz es bastante guay. Recuerda algo a lo que hacen en Kawori, lleva ese rollo sushi 2.0.

Pedimos una botellita de Maduresa y llega el cone bakana, que se parece mucho al cono de ensaladilla de El Observatorio. La presentación desde luego muy chula, el plato en sí bocado y medio. Son cucuruchitos de helado tamaño meñique, rellenos con pescado. El cucurucho tiene un punto dulce y me jodió un poco el plato, pero bueno.
Luego pedimos una movida que no sé ni cómo se llamaba. Es una especie de bol comestible, hecho con una verdura rebozada, que contiene como un ceviche con pescado, mango, pepino, aguacate y cebolla. Bien, diferente, mola lo del bol comestible. Salimos a bocado y medio.

Llegados a este punto todos tenemos más hambre que el dueño de un videoclub, pero no quedaban platos por llegar, así que pedimos un Wok Moqueca, que era un cuenco de noodles con gambones y leche de coco. Está bien, es un sabor más común pero funciona, lleva también trozos de algún pescado blanco y el fideo está bastante cocido.

La cena ha terminado, y yo sigo como para comerme un ñu sucao en Nesquick. El camarero nos ofrece unos chupitos de vino con cachaça y especias.
Y entonces sacan la cuenta, y miro a la fatalidad a los ojos. Las coxinhas que tanto me habían molado, 20 pavos, a 4 cada puta croqueta. Las cervezas japonesas a 3 pavos y medio. Tío, nunca me ha importado pagar mucho para comer bien, pero pagar mucho para comer como si fuera un niño de Dickens me toca el frontón. 125,90 pavos entre 5 personas, salimos a 25,18€.
Una gyoza, una croqueta, dos uramakis, dos cucharadas de tallarines, un cono y la movida esa frita, 25 pavos. Venga va nano, que abrí la boca 10 veces. A robar a Sierra Morena.
Los datos objetivos son estos, ponedlos en vuestra balanza y decidís. La comida es buena, es original, el ambiente mola, pero es caro y es escaso. Entiendo que, igual que en Mercatbar, para salir un poquito cumplido tienes que dejarte más de 30 por persona.
¿Sabéis a dónde nos lleva eso, no? A un doloroso hostiazo de no okey.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (3)
Pustko
Gyoza de amplio aparcamiento, nano!
Sayuki by Kawori (Delivery) | Valencia | ¿Mola o Qué, Nano?
[…] y a Dolly Parton vestida de vaquera cantando Jolene. Por esta rama tiran Kawori, Kamon, y Kaikaya, por […]
Gloria
He entrado en este post buscando si el restaurante lo han abierto en otras ciudades de España ya que no vivo en Valencia y me gustó tanto que volvería a ir solo para comer allí. De mis restaurantes favoritos y sin duda el mejor Nikkei que he probado. Creo que el fallo es que lo que pedisteis era mucha fritura, yo no hubiera pedido en absoluto los platos que elegisteis, no suelo pedir fritura y dentro de lo típico tampoco hubiera pedido las gyozas. Hay platos en la carta que están espectaculares aunque no sabría decir nombres. Me pareció riquísimo y fui en dos ocasiones dos viajes que hice a Valencia.