El otro día, por azares de la vida, fui a caer en la Despensa de la Duquesa.
Esto típico que un colega se va al aeropuerto, y empiezas a buscar sitio cerca de su casa para que le dé tiempo a llegar, pero es festivo, y éste está cerrado, éste no lo conozco, el abuelo fuma… total, que acabamos allí.
Según me acercaba, caí en la cuenta de que no tenía ni puta idea de a dónde estaba yendo. Nunca he oído nada acerca de este local, no sé nada, cero, y mira que es raro, porque si me dijeras…no sé… afluentes de los ríos, pues mierda para mí, pero sitios de comer…
Tiro de llamadita.
— Meredith, estoy yendo a la Despensa de la Duquesa. ¿Puedes mandarme algo de información a las gafas de sol?
— Señor, hay 6 millones de entradas para “duquesa” en Google, pero todas me llevan a Los Bridgerton.
— ¿Esa es la serie en la que un noble negro fucker se tabica a una, que es como Keira Knightley, pero de Hacendado?
— No la he visto, señor.
— Mira en TripAdvisor.
— En TripAdvisor, hay opiniones que datan de 2013, pero son unas 40 solamente.
— ¿40 opiniones en 8 años?
— Son positivas en general. En Google hay algunas más, también positivas, pero pocas referencias a ningún plato concreto y varias a los menús. ¿Quiere que le envíe los planos?
— No será necesario, ya estoy en la puerta. Gracias, Meredith.
— No hay de qué, señor.
El sitio está casi lleno. Normal, porque tienen terrazón, y es todo como muy bonico y muy soleado.

El menú está en un roll up en la puerta. Vaaale, me voy haciendo a la idea. Hay tres o cuatro platos canarios, y luego un megamix, que lleva desde platos muy típicos en plan croquetas, tortilla española, huevos estrellados, hasta de repente un poke bowl, o una ensalada con kimchi-mayo.

No entiendo mucho el hilo conductor, pero hemos venido a jugar, y ya tengo cerveza. La cocinera, una señora claramente canaria, sale a tomarnos nota, nos explica los platos de su tierra, y decidimos empezar por ahí.
Lo primero, unas papas arrugás con dos mojos, verde y rojo.

Pues bien, plato simple que siempre funciona si está hecho guay. Las papas se hierven con sal, que deja luego como una costrita muy fina por fuera. Estaban bien cocinadas. Los mojos también tenían rollo. El verde más avinagrado, creo que con cilantro, pero muy suave, puedo patinar; y el rojo, picante, pero picante occidental soportable para gente blanca del primer mundo. Funcionan a tope.
Después fuimos a por un queso de cabra ahumado de Lanzarote. A ver, yo soy fan de los platos sencillos, pero lo mismo que te digo que las papas sí, este queso no. Es tan sencillo que es solo el queso en un plato, sin un acompañamiento, sin nada, como si fuera una rebanada de pan Bimbo que se ha hecho mayor y ha pasado por las manos de Carla Barber. No es que esté malo, es un queso de cabra un poco más suave de lo normal, con el toque ahumado que recuerda al provolone. Pero nada, la desolachione. Debería llevar un algo más.

Llegan entonces las berenjenas en tempura con miel y hummus. El rebozado no es exactamente una tempura, o al menos una tempura al uso. Las berenjenas están cortadas en bastones muy finos, de tal manera que casi se deshacen, y el rebozado coge todo el protagonismo. La miel le da un puntito. Mucho ojo con freír berenjena, porque eso chupa aceite que da gusto. El hummus desgrasa un poco. Sin más.

Los huevos rotos con jamón y patatas están muy bien, son muy caseros. Normalmente estos platos pecan de, uno, patatas congeladas, dos, yemas cuajadas, o tres, jamón plastiquero muy de sobre. En este caso, todo bien solventado y yema líquida. Me los quedo, los pedimos porque parecían el plato más contundente.

El carpaccio de buey argentino, llevaba champiñón crudo, lima, y albahaca. ¿Puede ser que llevara gurruñitos de trufa? Pues puede ser, porque ahora mismo no me acuerdo. El caso es que en cuanto metes el tenedor, aquello se reduce pero rápido. Está bueno, pero no es un plato para cuatro colegas hambrientos. Es anecdótico.

Como nos habíamos quedado cortos, rematamos pidiendo una ensalada de lomos de atún, porque me pareció que los principales eran todos poco divisibles. Brotes, lomitos, aguacate y rodajas de tomate. Los lomos son muy buenos, el resto es classic ensalada.

De postre, cayó un tiramisú de naranjas y una cheesecake con crumble de Oreos.
Te cuento que el tiramisú es un poco demasiado bizcochero, y que la naranja, efectivamente, está ahí, pero no le aporta nada maravilloso.

La cheesecake viene en un tarrito: cremita de queso por arriba, oreo machacada por abajo.

El precio de La Despensa de la Duquesa: 85 pavetes entre 4, no llega a 22 euros por persona.

A ver, qué te cuento.
La comida es buena y es casera, tal vez un poco demasiado común. No obstante, el local es como muy aseao, y el trato es fenomenal. Creo que a lo mejor habría que potenciar algo, tal vez meter más plato canario, o quitar alguno más sobado. Me está pasando que los sitios en los que la cocina es muy de producto me aburren un poco. Entiéndeme, denotan mucho mimo, pero pasa como cuando ya has visto 500 pelis de terror, necesitas emociones más fuertes.
No obstante, Okey si pasas por allí. Échate unas papas con una cervecita.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Miriam
Dile a Meredith que actualice la zona de Patraix… 😘