A ver, no sé si conocéis este sitio, pero tiene cierto intríngulis.
Resulta que Bambú, lo que yo pensaba que era un restaurante, no lo es como tal, es un espacio dentro de otro espacio.
Hay un sitio en Campanar que se llama “La Cita”. No sé por qué, igual porque está pensado para parejas, o quedadas íntimas, aunque durante un momento mantuve la esperanza de que los camareros hablaran todo el rato citando a gente.
— Buenas noches.
— Como dijo Fra Giovanni Giocondo: “Te saludo. No exactamente como el mundo envía saludos, sino con profunda estima y con la oración que por ti, ahora y siempre, amanece y huyen las sombras”.
— De looocos.
Bueno, el caso es que tú entras a La Cita, y hay como dos restaurantes: uno es Bambú en el piso de arriba, y el otro Terranova, en el de abajo.


Terranova es italiano, y tiene la gracia de que te hacen la clásica pasta de Instagram, en la que marean espaguetis sobre un queso gigante.
Cuando nos sentamos, dos camareros, la verdad que más amables y más bonicos que todas las cosas, nos dejaron un QR con la carta, y nos trajeron una cerve y unos vinos.
Vale, bueno, puede haber algo. Hay un hojaldre de gorgonzola con manzana y nueces. También bastantes platos clásicos, tipo bravas, berenjenas parmesana, croquetas por supuesto que no falten, ningún local sin sus croquetas, huevos con jamón…
Voy a intentar ir a lo menos típico.
Empezamos con el dúo (trío en este caso) de tartaletas de champiñón y puerro.
El interior es una bechamel, la casualidad, con puerro y champiñón. Suavita, rica, bien, no es el problema.
El problema es la tartaleta, que deja bastante que desear.
Es industrial, eso lo primero, y luego es terrosa, un poco dulzona, y no mola. Esto mismo, lo pones en un hojaldrito que acabe de salir del horno, y solo el olor ya vale la pena.
Estas tartaletas, con esa base, son una venganza.

Después el dúo (trio again) de brochetas de pollo con salsa de ajo.
La salsa es graciosa porque efectivamente, es puro ajo.
Tiene un sabor intenso, es como si metieras una cabeza de ajo al horno, y luego la aplastaras para que salga el ajo hecho cremita. Tiene esa textura.
El pollo, es un pollo que bueno. Claramente no es un pollo con pedigree, o con polligree en este caso. Es uno de esos que cruje un poquito al morderlo.
Pollo, ajo, palo de madera. Tal vez con un acompañamiento, un arroz, unas patatas, no sé. Se me queda pobre.

Luego el aguacate FUSIONADO con anchoas, queso y nueces.
Esto me lo pedí por la gracia del fusionado. Yo me imaginaba como un guacamole, un tartar o algo así
Pues no.
Lo que me llega es un aguacate troceado, al que le han puesto por encima anchoas, nueces y parmesano en polvo mierdoso de sobre.

No sé ni por dónde empezar.
Primero… Fusionado.
¿Fusionado de qué? ¿Qué cojones me estás contando? ¿Qué hay fusionado?¿Los átomos? ¿El tipo de cocina?
Lo has puesto todo en el mismo plato, una cosa encima de la otra. Es como si te haces una ensalada de tomate y lechuga y la llamas “fusión de tomate y lechuga”. Me parece de un pretencioso cataclísmico, o sea, pffff. Venga.
Pero luego es que son ingredientes que tampoco dicen nada. Van en crudo. Bueno, y lo del parmesano. Tienes en el piso de abajo un parmesano que parece la rueda de un tractor para hacer la pasta esa, y me lo pones en polvo. No lo entiendo.
Para mí, este plato no tiene razón de existir.
Pimiento de piquillo con atún y salsa picante. Aquí ya empiezo a ver que no hay partido.
Cazuela, pimiento en tiras, atún, el parmesano en polvo de antes, que no tiene nada que ver con nada, y un picante muy al fondo que podría ser cualquier cosa.
Al pegar tenedorazo sale una cremita como de relleno de croqueta. No lo veo. Es como un intento de pimiento relleno, pero sin serlo.

Y terminamos con el mix de garbanzos, aderezado con miel y mostaza.
Vale, pues bote de garbanzos, latita de atún, zanahoria, huevo duro y pepinillo, todo ello con salsa de miel y mostaza.
Qué quieres que te diga.
Malo no está, pero son cosas que han picado, las han metido en un bote, y lo han agitado.
Si lo hace Gipsy Chef te digo, “qué ensaladita más fresca para verano”. Si me lo ponen en un restaurante, te digo que es el equivalente en cocina de “Teo va a la playa”. Es algo que te podrías llevar a la oficina en un táper.

Vamos a pedir un postre.
Queremos el affogato, que es como una crema de ponche con helado y no sé qué hostias, pero no les queda. Por pedir algo, pero sin ilusión, vamos a por la mousse de maracuyá.
La traen en una copa. Yo no lo llamaría exactamente “mousse”, porque le falta aire para eso.
Es más como un yogur, una natilla con un poco de burbujita por en medio. Sabe a maracuyá, es ácido, frutal, y dulcecito. Postre de chiringuito playero, que tienen en una nevera vertical al lado de los Calippos y los Magnum.

La cuenta, 68,25 pavetes.
A 23 por persona.

Vamos a ver.
Es un sitio para gente que no sea muy exigente comiendo. Creo que es más de emplatado que de cocina.
Es visual, es luminoso, es cuqui, tiene pues eso, el queso, los neones, las flores, y sí que puede ser muy guay para una primera cita si tienes 20 años, pero a mí, me pareció un sitio sin alma.
No es el proyecto de cocina de nadie, es un Pull & Bear.
Tal vez mi antiguo yo habría dicho, bueno, si pasas por ahí… Pero no.
Mi nuevo, loco, y disruptivo yo, dice que a tomar por culo.
No tiene el Okey.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Georgio Milano
La verdad no comparto tu comentario, de todas maneras cada quien tiene diferentes experiencias, en mi caso la experiencia en La Cita fue totalmente diferente. Desde el momento en que entré, me encantó el ambiente musical que complementaba perfectamente el espacio .
La comida fue bastante buena, especialmente el famoso Tagliatelle servido dentro de la rueda de queso gigante; la verdad me encantó, Cada plato estaba lleno de sabor y preparado con esmero.
Además, la atención del personal fue excelente; atentos y amables.
Yo sí lo recomiendo, he ido par de veces más.