Vale, Paraíso Travel. A ver cómo enfoco esto.
Hace unas semanas, dos de mis informantes más fiables me empezaron a hypear muy fuerte sobre este sitio. Yo lo conocía de la época en la que se llamaba Origen Clandestino, y de vez en cuando lo chequeaba en TripAdvisor y tal. Está por la esquina de Bolsería con la calle de la Lonja, y la cocina es sobre todo sudamericana, areposa y cevichenca.
Pues mis colegas estaban flipando con el delivery. Nano, que si el cangrejo, que si menudo sabor, que si tienes que probarlo, esto, lo otro, el de la moto. Así todos los días.
Así que me meto en el Facebook, y veo unas cajas como muy completas que han preparado para los pedidos a domicilio, los Paraíso Boxes. Las fotos muy cuidadas. El precio, 25 pavos.
“Mmm, justo al límite”, pienso yo. Pero claro, cada caja te trae un principal y dos entrantes, más un postre de regalo. Parece justo, y además me da la posibilidad de hablaros de un sitio que de otra manera no entraría en los parámetros del blog.
El primer vistazo a la foto del box cangrejo es atómica, es una portada del Vogue. Del bol de la foto, asoman unas patas de monstruo marino milenario, prácticamente Cthulhu, un par de mazorcas y cebollitas.
— Hostia nano, ahí hay carne. En cada pinza de esas hay un solomillo.
Total, que voy a la web que indican (Cuinem i Anem, web muy interesante, por cierto, dadle un ojo) y me pido dos boxes. A 25 cada uno, 50 pavos.

Okey, todo marcha, seguimos adelante, mete tu tarjeta, pon tu dirección, procedimiento estándar, dale a finalizar pedido y…
4 pavos extra si quieres que te lo llevemos a casa.
Hostia, ¿pero me lo vas a traer en taxi? ¿4 pavos?
Desde ese momento, yo ya sé que se pasa del precio y, por lo tanto, va a haber un no okey en el horizonte. Pero tengo hambre, los datos ya están metidos, y así de paso aprovecho luego para comentar una cosa.
A 3 minutos de la hora de entrega suena el telefonillo.
— Hola, pedido de Paraíso Travel. Oye, te vas a reír, pero nunca me había fijado en que había un edificio con forma de…
— Sí, me lo dicen mucho. Es de la época en la que el PP construía sin parar. Cuando lo de la Fórmula 1 y eso.
— Ah, claro. Qué sitio más raro… ¿Eso es una croqueta con corbata rellenando un Excel?
— Hasta luego.
Bueno, llegan dos bolsas marrones, cada una con uno de los boxes dentro. Al abrir la primera, siento una punzada in my soul, because el bol del cangrejo se ha abierto, y hay bastante salsa desparramada.

Cada bolsa contiene un bol con el plato principal, y dos (¿cómo se llaman estas mierdas?¿blisters? ¿tapers? ¿contenedores?) firuláis pequeñitos con los entrantes. Además, lleva como una galleta crujiente tamaño posavasos, y el postre. Vamos por partes.
Lo primero es la galleta. Gracias a la web, entiendo que es parte del emplatado del ceviche cartagenero. Está hecha de plátano o algo así. Es crujiente y quebradiza, con lo cual, tengo suerte de que haya llegado entera.
Me la pongo en el plato, y vuelco el ceviche encima. Muy rico, denso, con textura extrañamente melosa. Dulce y salado, cítrico, tiene mogollón de matices, un puntito a ketchup. A la vista hay gambas y trozos de aguacate. A tope con él.

Después voy a por la empanada colombiana. Es algo parecido a un croquetón, pero tampoco. Estaría entre una empanadilla y una coxinha brasileña. El interior, por supuesto, es de carne, y viene con un dedal que lleva una especie de pico de gallo un poco picante. Nada aceitosa, muy contundente, pero no especialmente recordable. Next.

Llego por fin al cangrejo, latin crab. La bestia milenaria de la foto, que parecía el hijo ciclado de una nécora y un buey de mar, finalmente resultan ser dos o tres cangrejos regulares partidos por la mitad, que son la versión marina de Jordi el niño polla. Pero eh, os digo una cosa, la salsa es brutal. Sabe como a una especie de suquet, o de allipebre muy denso, que con el maíz va de cine. Yo creo que ese plato con algo más cárnico, sería un espectáculo, algo en plan… gambones, o mejillones, no sé. El caso es que los cangrejos son mucha cáscara para poca chicha. Excesivo chupeteo, un 10 a la salsa, un 2 a los cangrejos.

Ataco el segundo de los entrantes, los chicharrones con arepa. Los chicharrones son trozos de panceta con el borde superior crujiente. Vienen acompañados por una arepita rellena de queso. Está bueno, no te puedo decir mucho más, la panceta sabe a panceta, no lleva nada tampoco así que la catapulte a la luna. Bien. Incluyen el dedal de pico de gallo picante one more time.

El siguiente principal era el guiso de rubia gallega, que yo pedí con la ilusión de que fuera Paula Vázquez (jaaa, humor de los 90), pero no, era carne de vaca. Está acojonantemente bueno. Los trozos de carne flotan en un guisote espeso. Están marcados por fuera y crudos por dentro, como si fuese un tataki. También encontramos flotando libres, dos buñuelos de yuca, que recuerdan en textura a algo parecido a un gnocchi rebozado. En la salsa hay cebolleta, hay tomate cherry, verduritas… yo al final me bebí el caldo como si no me viera nadie, fue lo mejor de la comida.

Los postres tienen su gracia. Son unos rectangulitos de tarta del tamaño literal de una ficha de dominó. Son de algún tipo de fruta cítrica. Están buenos, pero tampoco les cojas cariño, porque son fugaces de comer.

Y ahora lo que os quería decir.
Aquí trabajamos con unos baremos, y uno de ellos es que no recomendamos restaurantes que cuesten más de 25 pavos. ¿Por qué? Porque no me sale a mí de la polla. ¿Quiere decir eso que no me guste su comida? No. En muchas ocasiones, la cocina vale la pena, como en el caso del Goya Gallery, o del Mercatbar, o en este mismo. Pero, nano, esas son las reglas y aquí jugamos así. Yo te doy toda la información y tú, ya sabiéndolo, haces lo que quieras.
¿Está bueno? Sí.
¿Tiene el okey del blog? Hell no.
¿Es caro? Pues nano, a mí me parece que a todo le sobran un par de pavetes, qué quieres que te diga. Yo, por ejemplo, que el ceviche fuera del menú cueste 7 pavos y medio, lo veo un asalto al Parlamento.
En cualquier caso, el precio fueron 54 pavos entre dos.
No okey.
Goza de amplio aparcamiento.