Xics, ayer me permití un tremendo remember.
He visto crecer Pan de Azúcar como quien ve a su hijo aprender a andar, luego volver borracho a casa y finalmente sacarse una oposición. Raro es que una persona que haya vivido en esta ciudad los últimos 20 años no haya cenado nunca allí, aunque sea por estadística. Es un clasicazo, es Comerranas en las verbenas de pueblo.

Recuerdo que allí probé el ribeiro por primera vez, ese de tirador, que sacan con sus vasos blancos de cuenco. Al principio era un local pequeño y como muy colorido, después se tintinizó, se amplió, y finalmente hizo mitosis y apareció otro Pan de Azúcar en Gran Vía. Llevan abiertos desde el 82. Eso no es agua, Amy Winehouse duró menos.
El caso es que anoche, quedé con unos colegas con los que solía ir mucho. Entramos ya adultos y poderosos. Desde la mesa le echamos un vistazo a la decoración. Césped en el techo, el cohete de «Aterrizando en la luna», ladrillo blanco, Tintín, muchísimo Tintín por las paredes, y una especie de figuras perriformes, que siempre he pensado que son como las Real Doll de los perros, colgadas boca abajo. Todo es fantástico, espacio curradísimo para ser un restaurante de barrio.


La carta va con QR. Para no perder tiempo, vamos pidiendo ribeiro (que ahora viene en botella, pero con los mismos cuencos) mientras echamos un vistazo.
Wow, es extensa, y parece el infierno de un celíaco. Lo principal siempre han sido los crepes, pero también hay bocatas, tostas, sandwiches y hamburguesas, todo harina-based. Los ingredientes principales se combinan. Crepalmente hablando, hay como una élite de toppings, que son el jamón, la bechamel, la cebolla y el queso, y que van con todo. Luego el pollo, el salmón y la ternera, que hacen de base, y las espinacas, por si eres veggie. Algunos nombres van a juego con el local, en plan…Tornasol, Haddock, Hergé… Me da ternura.
Nosotros, que estamos en nuestro regreso al futuro particular, empezamos con el revuelto de habitas y jamón, y las patatas roquefort. Veo a uno de los camareros poner su lista de reproducción «pande» en Spoty. Es curioso, ahora que caigo, los camareros de este lugar siempre son chavalines jóvenes. Apostando por las nuevas generaciones de creperos.
La comida sale realmente rápido, y empezamos por el revuelto de habitas y jamón. Oh, qué bueno, nano. No tiene complicación, es huevo con habas y jamón, pero el jamón está tiernito y perfecto, las habas molan, el huevo bien, es como el triunfo de lo simple.

Las patatas roquefort me dieron más igual, porque a mí el roquefort me sabe a holocausto. Las patatas son las típicas cuadradas que te ponen en un bar de bravas. Nah, paso.

Pedimos también una ensalada con espinacas, parmesano, nueces y bacon. No recuerdo el nombre, pero llevaba una vinagreta dulce. Todo ok, pero el parmesano hubiera ganado muchísimo en lascas. Así en polvo tienes el sabor, pero parece que la ensalada tenga caspa. Las hojitas de espinaca en una ensalada son siempre bien.

Qué más, qué más… vale, el pollo rebozado. Nada, tampoco mucha hostia. Son trocitos de pollo rebozado con una salsa de miel y mostaza.

Pedirse un crepe es de educación, así que yo me pedí el de trigo sarraceno con pavo, queso y tomate. Lo trajeron abierto. En cambio, los otros llegaron bien dobladitos, con los bordes por dentro como una cama de hotel. Masa jugosona, pavo que no se ve plastiquero, queso doradito, tomate rallado por debajo, todo correctísimo.

Los otros dos eran de pato, bechamel, queso, champiñón y huevo, y de pollo, cebolla, jamón y bechamel.


Mi colega más gordo hijo de puta se pidió una hamburguesa con foie y cebolla caramelizada, que le duró menos que el montaje de una mesa Lack. Las patatas fritas congeladas, bien rociadas con los sobres de ketchup y mostaza que te dan. Todo cae veloz con la segunda botella de ribeiro.

De postre nos permitimos el brownie negro y un crepe de chocolate blanco. El brownie es un espectáculo, es crujiente y azucaroso por fuera y cremosín por dentro. Añádele un boloncho de helado de vainilla y lo tienes.


El crepe de chocolate blanco yo me lo saltaría, demasiado líquido. El mejor postre que tienen aquí con diferencia es el crepe de chocolate con nueces y helado, que está que flipas, pero como yo ya me había pedido crepe, y el brownie también está tremendo, tiramos por ese lado. Las pupilas se me dilataron por el subidón de azúcar, no estoy acostumbrado a mierda tan dulce.
¿A cuánto dirás que salía de precio el Pan de Azúcar? Cuatro entrantes, tres crepes, una hamburguesa, dos postres y dos botellas de vino.
Pues a 82,6, nano. A 20 y pico por persona.
Pan de Azúcar ha sabido mantenerse muy bien, ha envejecido como Sofía Loren. Tienen claro que Xúquer es una zona de estudiantes, y ofrecen una carta acorde con eso, contundente y muy competitiva con los precios. Creo, por ejemplo, que es un sitio maravilloso para hacer cenas de clase, o para comidas de colegas multitudinarias. No es de estos sitios que por ser más baratos te lo dan todo congelado y todo frito, hay fritura, pero también cierto mimo.
Yo volví a cenar muy a gusto, creo que es un Okey, aunque puede que lo aúpe un poco por lo emocional.
Chaval que tienes 20 años y estás leyendo esto, no vayas a sitios donde te ponen calamares y jarras de sangría con tres dedos de azúcar y un litro de Fanta de Limón, hazte una botellita de ribeiro que vale lo mismo. Y llama a tu abuela, cabrón, que no la llamas nunca.
Que duren 40 años más, a tope de tintines.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (3)
Bernardo Celda Muñoz
Muy buena comida y mejor servicio
Perfecto
Totalmente de acuerdo con todo; lugar fantástico para ir a cenar con los colegas, o con la familia como es ahora mi caso. Buena relación calidad-precio y un ambiente único. Eso si, lo mejor de todo es su amplio aparcamiento, jajajaaj
Margarita
Estuve cenando allí por recomendación tuya, y quedé como una reina con la peña que me acompañaba.
Y además, te tengo un soplo a ti y a quienes frecuentan la zona Cánovas: han abierto una sucursal del Pan de Azúcar en plena Gran Vía Marqués del Turia, muy cerca del Lidl. El trayecto hacia Xúquer ya no es un problema.