Mañana de un viernes. Piso 42 De la Torre Alcachofa, aposentos del Tipo.
TOC TOC
– ¿Señor? Buenos días. ¿Está visible? Le traigo su agenda para hoy.
– Sí, Pasa, Meredith ¿Qué tenemos?
– Estoy segura de que esto le encantará. Hoy empieza oficialmente la temporada de ramen.
– ¡Por fin! Es mi segunda temporada favorita. Necesitaré una lista de todos los locales nuevos que no he reseñado por orden de longitud de fideos, y también…
– De hecho, fíjese qué coincidencia. Hoy ha llamado Vicky la del gym. Al parecer su marido salió ayer de la cárcel, tras cumplir condena por burpeecidio en segundo grado, y dice que ahora es un hombre nuevo. Quieren cenar con usted esta noche.
– Ah, de acuer… ¿Qué es el burpeecidio en segundo grado?
– Es cuando una anciana te dice que no puede hacer más burpees, pero tú sigues diciéndole “uno más, dame uno”, y finalmente la anciana explota, y hay que rascar los restos de las paredes.
– …
– Señor, el entrenamiento de fuerza es necesario, o bien como prevención o como remedio. Esa anciana lo merecía.
– A veces me das miedo, Meredith.

Natsu está en una peatonal detrás de la Plaza del Ayuntamiento, y no aceptan reservas. Al girar la esquina, nos encontramos con unas 30 personas esperando su turno ordenadamente delante de la puerta, haciendo tiempo, ansiosas de ramen. Justo en la entrada del local, tienen una figurita tipo falla, de un cerdo sentado sobre sus enormes pelotas.
¿Tendremos sitio? ¿Hemos llegado tarde? Momento de crisis. Calma. Respiremos hondo. Voy a entrar a hablar con la camarera.
– Hola.
– Hola ¿Cómo va esto? ¿Hay algún tipo de lista de espera, o…?
– No, solo la cola. Según sale gente, dejamos entrar.
– Ah, ok. ¿Y sobre qué hora hay menos gente?
– Jajaja. Nunca.
– De locos.
No pasa nada, gestionemos la situación. Vamos a estar aquí un buen rato. La vista se me va al bar de enfrente, y hago contacto visual con el camarero. Mi mirada dice…”Hay tremenda cola. ¿Tienes yonkilatas?”
Y la suya responde: “ Amigo, veo esa cola todos los días. CLARO que tengo yonkilatas, estoy pagando la carrera de mis hijos con ellas.”
Así que fast forward de aproximadamente media hora larga, en la que poco a poco la gente va saliendo del local, otros van entrando, y otros abandonan la cola por desesperación. Finalmente…
– Podéis pasar. Vuestra mesa está arriba.

Decoración sobria por dentro. Hay algún cuadro y algún farolillo y tal, pero a primera vista, cero neones ni grafittis de Son Goku. Esto siempre viene bien para recordar el teorema Pikachu-Hoffmeyer: “ La calidad de la cocina de un local asiático, es inversamente proporcional a la cantidad de muñequitos de manga que haya colocados por el restaurante”
Bien, piso de arriba, mucha madera, efecto dojo. Las mesas están hechas con tablas puestas sobre cajas de cerveza. La carta está en QR.
Parece que hay varios entrantes pequeñitos (no les queda karaage) y luego, varios rámenes, algunos normales, otros secos, y un par de opciones vegetarianas. Tampoco tienen vino, pero tienen sake.
Lo primero en llegar son las gyozas.

Mixtas, de pollo y verdura. La verdad que no son nada destacable. Parecen caseras, pero la pasta de fuera se ha quedado seca, y lo único peor que una gyoza seca, es… no sé… una gyoza seca asesina… con dos pistolas, o algo. La verdad es que con el filo de las de verdura, se podía cortar cuero. Los rellenos son muy estándar. No nos dijeron mucho.
Pero ojo, atención, tremenda remontada antes del medio tiempo. El bol de ternera, el gyudon.

Esto está increíble. Es la explosión de sabor más potente que recuerdo desde hace mucho. Hablamos de trocitos de ternera marinada y ensalsada, sobre arroz blanco. Umamito puro. Con la primera cucharada ya empiezan a intercambiarse miradas en plan… Joder ¿Qué es esto?
No sé que lleva la salsa. Soja, evidentemente, pero luego hay algo mágico ¿Algas? Hay un salado potente, y un gurruñito de mayonesa que bueno, te lo compro, porque lo amalgama todo. Está brutal, el arroz se impregna también, y abandona su sosez de arroz blanco, para convertirse en un arroz yeah con sabrosura. Definitivamente pídetelo.
Después empiezan a llegar los ramen…es.

Te dan dos opciones, o bien pillas el pequeño, que lleva un trozo de carne y medio huevo, o bien te pillas el grande, que son tres trozos y huevo entero. Yo me pillé el tonkotsu, que es como si dijéramos el clásico.
Caldo de carne denso, trabadito, con toppings de alga, bambú, y cebolleta. No veo el clásico naruto, que es la movida esta blanca con una espiral rosa. La pasta parecen spaghetti Barilla de toda la vida, no son noodles rizados ni nada que parezca hecho a mano.
El caldo está que flipas. Sí que es verdad que no es aquel caldo blanco que me folló la cabeza la primera vez que lo probé en Damura, pero sin duda, este está en las grandes ligas. Carne bien, huevo en el punto… Igual un poquito de picante le habría venido guay, pero eso es ya a gusto personal.

¿Postre? Mochis y helados? No, gracias. Hoy estamos bien. Además, con dos birras, y medio litro de ramen, mi estómago parece una cama de agua. La cuenta, por favor.
89,70. Entre 5, a 18 pavos por persona. Cierto que sin vino y sin postre, pero te juro que cero necesidad. Ni el vino pega con esta cena, ni me cabe un pinche helado ahora mismo, solo quiero recostarme en un sofá con un palillo entre los dientes.

Es un buen sitio. Nunca será un tope, porque el tema de la cola, y las gyozas canallas tiran para abajo, pero desde luego, hay un nuevo pistolero en la ciudad. Lo que hasta ahora era claramente una trilogía (Damura-Kuma-Ryukishin) ahora es una cuatrilo…una tetralo… Son cuatro.
Por cierto.
Hace poco han abierto dos locales de ramen nuevos en Xúquer, otro en Avda. Aragón, y cuatro o cinco por el centro. Ya estaría. Hay que saber parar. Los locales de ramen se están convirtiendo en las películas de Santiago segura con peluca. No hacen falta más, en serio, hay suficientes.

Okey Alto para Natsu
Goza de amplio aparcamiento.