Hey, puede que haya algo interesante por aquí.
Calle Quart. Empiezas a andar en dirección contraria a El Carmen, hacia Gran Vía y, de repente, a la izquierda, está la Iglesia de San Sebastián.
Ahí, antaño, había siempre un club social de gorrillas. Ahora, está el café La Placita, que, la casualidad, está en una placita.

Abre por la mañana para almuerzos y cafés, y no cierra en ningún momento desde las 10 de la mañana, hasta después de las cenas.
Decorado rústico, maderoso, bastante acogedor, como uno de esos cafés en los que ponen jazz mientras fuera llueve. Con pequeñas lamparitas, libros y luces de colores.
Hay dos comedores, cada uno con su propia puerta de acceso, porque no están conectados. Solo uno tiene baño.

La carta tiene platos que estás harto de ver, pero también cositas muy propias. Algunas, como las tablas de queso y jamón, la parrillada de verduras, o los pimientos de padrón, son simplemente producto, así que voy a pasar.
En la sección «hasta la polla» tenemos la ensalada de burrata, las croquetas de cocido, y la ensaladilla rusa, pero atención.
Atacando por la banda, aparecen platos como huevos rotos con pulpo, bacalao con salsa de naranja, o samosas de queso de cabra, que pueden ser interesantes de probar, así que hay partido.

Pedimos copas de vino, cerveza y agua. Antes de cinco minutos nos llegan a la mesa tres platos juntos: las bravas, una ensalada y… las croquetas de alcachofa.
Efectivamente, croquetas de alcachofa, que pedí como desafiante.
Hay muchas preguntas que sólo esas croquetas van a poder responderme.
¿Es ya temporada? ¿Son frescas o de bote? ¿Es la alcachofa apta para ser croqueteada? ¿Si una alcachofa sale de Valladolid en un tren, y otra sale de Madrid…?
Llegan cuatro en un plato, con una hoja de lechuga de fondo que, como viene, se va a ir.
Parecen caseras, punto a favor. Las aprieto un poco con los dedos, el rebozado cruje. Por ahora todo bien. Probemos.
Hostia… Me gustan.
La parte de dentro no es bechamelosa ni líquida, es más… consistente.
Tiene una textura cremosa, parecida al corazón de una alcachofa muy hervida. No noto ese toque ácido típico de las conservas, de hecho, sabe bastante a alcachofa.
Muy conseguidas, la verdad.
No creo que haya que meterles nada más, es un sabor muy sutil como para meterle fiesta, y si le añades jamón, o un picante o algo, te lo cargas.
Son un entrante guay para los fans de la alcachofa. Las compro.

La ensalada me dá un poco más igual, aunque la vinagreta tiene gracia.
Son hojas de espinaca, con bolitas de mozzarella y cherrys. Tiene pipas, granada y arándanos, que le dan una textura distinta de vez en cuando.
El aliño es de lima y jengibre, y sí que aporta un extra.
Al llevar granada, arándanos y lima, te vas encontrando con cítricos, dulces y aromas muy frescos, que le vienen muy bien.
De todas formas, aunque te lo comes a gusto, creo que le no tiene mucho rollo, porque al final son cosas crudas juntas, y a lo mejor le hace falta un ayvá.

Breve inciso. Una de las personas de la cena, tuvo a bien pedirse un tinto de verano en noviembre. Nada. No estaba bien, os lo podéis saltar. También, qué huevos.
Las bravas, bueno, tienen su algo. Llevan una mayonesa de harissa y salsa brava.
La harissa es un picante magrebí, que cuidadito con eso. Si además le añades una salsa brava, en teoría, debería picar de la hostia, pero claro, es teoría.
La realidad es que no, no pica, o bueno, hay un fondito picante muy amable, ahí para todos los públicos.
Las patatas están buenas, fritas, fritura bien traida, bien empapadas en la salsa.

Después seguimos con las empanadas de matambre.
Mejores que muchas que he probado por ahí.
La masa muy bien, horneada guaymente. Sabe a masa buena, como entre pizza y empanadilla. Una empanadizza.
El relleno es una mezcla de pimiento rojo, verduras y carne. El matambre es un corte de carne que parece una sábana, cercano a la costilla, durita, un poco hilosa, que va del rollo en asados y empanadas.
Cada una vale tres pavos y medio, pero creo que deberías probarlas. Además, tamaño generoso.

Venga, samosas de pato y pera.
Oye, me interesan.
Por dentro hay como un… ¿Cómo se llama esto que no es magret? Lo que viene en lata como desmigado, de pato… Confit, coño.
Pues por dentro hay como confit desmigado, y llevan una mermelada de ciruela verde y naranja, que para nada es dulzona ni empalagosa ni invasiva. Es un toquecito frutal muy guapo, sin abusar, un pellizquito en un pezón.
La parte de fuera es pasta filo, doblada en triángulo. Muy guay, una mezcla de sabores muy equilibrada, y menos grasa de lo que pudiera parecer.

Yo no hubiera pedido postre, porque no vi nada interesante.
Brownie, tarta de queso, torrija, fruta. Nada. Sota caballo y rey. Cabeza, tronco, extremidades.
No obstante, alguien tuvo un arrebato fanegas y prefirió pedirse un brownie antes que traer a su novia.
Denso, cremoso, no harinoso. Casi más tipo pudding que coca de llanda, no sé si me explico. Helado de vainilla on top, clásico de los clásicos.

¿La cuenta?
80,25 pavos. A casi 20 por persona. Espectacular.

¿Sabes qué? Me parece un sitio muy guay para primeras citas.
Tiene algo de cálido, como íntimo. La comida es en general un bien, con algunos momentos de notable, y el precio está genial, excepto por la ensalada, que no vale 13 pavos ni rayándole uranio por encima.
Creo que además pedimos buenos platos.
Pruébalo, llévate a tu churri un día que haga frío. Croquetas, empanadas, samosas, botella de vino, y a funcionar.
Sitio Okey.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (3)
JOSÉ Espuig
Habrá que probarlo
Javier
Suena para Okey Alto. Seguiré tu consejo y llevaré a mi churri.
Nuria
Hoy hemos estado comiendo en la terraza y al sol!!!!
Bravas, samosas y empanadas, muy ok
Gracias por tu recomendación, volveremos