Atentos xics, que creo que tengo algo.
Calle Martí, esquina Antiguo Reino.
Henri Cartier-Bresson era un fotógrafo crack, que se ve que hacía fotorreportajes muy chulos, y captaba instantes decisivos, y del que se rumorea que podía meterse un panquemao en la boca y decir «Pamplona». No lo sé, es mentira, no lo conocía, lo he leído todo en un mantel.
Años después, alguien ha tenido la idea molona de, a modo de homenaje, montar un local llamado «Instante Henri», y que quiere de alguna manera, captar eso, el momento.
Y oye, el sitio es muy chulo.


Es un restaurante/galería en el que exponen fotos, y van variando la comida según la exposición. Por ejemplo, ayer tenían una exposición sobre Myanmar, y toda la comida lleva ese rollo.
Tengo mucha curiosidad por ver cómo evoluciona el juego. ¿Lo harán solo con comida de países? ¿Harán por ejemplo una exposición en blanco y negro, y será todo comida blanca y negra? Le veo juego, hay posibilidades.
El caso es que entramos. Un camarero bastante parecido al cantante de Coldplay nos lleva hasta la mesa y nos advierte de que les faltan bastantes cosas de la carta, y que mejor miremos el QR.
Las fotos parecen tomadas en calles y aldeas de Myanmar. Hay una barca de pescadores, una niña lavándose en un cubo, gente en motocicletas…

El interiorismo en general parece bastante cuidado, es como que todo combina mucho a nivel color. A nuestro alrededor, la gente se toma vinos blancos en la barra y en las mesas altas, todo así como con mucha clase, muy Sexo en Nueva York..
Todo lo que hay en la carta me parece nuevo y apetecible, lo que pasa es que voy viendo que efectivamente, les faltan un huevo de cosas.

Me hubiera pedido el pescado birmano (que no hay), el pato asado (que no hay), el marisco frito (que no hay), o las brochetas (que no hay).
— ¿Ensalada de té verde?
— Un momento que lo compruebo… —el camarero se mete en la cocina—. No hay. ¿Os saco la de papaya verde?
— Qué remedio. Es eso o las flores de la entrada.
Bien. Desde que pedimos hasta que lo sacan todo pasa un tiempo excesivamente largo. Por algún motivo, al ser para compartir, han decidido sacarlo todo a la vez, y hasta que no están listos todos los platos, no aparece nada en nuetra mesa.
Lo primero, las patatas de Myanmar. Patatas en doble cocción, con chutney de tomate y mango verde, cebolla morada, ajo frito, cacahuete y emulsión asiática.
Bien, esto te va a saber agridulce.
Son una especie de patatas fritas braviformes, con una salsa agridulce que, a ojos cerrados, podría lejanamente saberte un poco a ketchup, pero más avinagrado y más aromático.
No se si hay un plato que sea así justamente, y hay que ceñirse al original, pero yo haría cositas. Yo le metería cilantro, lo primero. Los cacahuetes así, enteros fritos, bien, pero un plato de este tipo no te pide tanto crunchy, y además, ya se lo da el ajo frito.
¿Qué tal algo más picado o incluso una crema de cacahuete? No obstante, como aperitivo, guay.

La ensalada de papaya verde para mí es un no.
No es que le pase nada, pero es una ensalada de casi 14 pavos, y que vas a ver enseguida que no los vale.
Papaya verde, cebolla, tomate valenciano, gamba marinada, y aceites y vinagretas y tal. Absolutamente no. Es una ensalada, con papaya y gamba. Lo caro es la gamba, y no va en cantidades que digas «guau». Hubiera preferido sin duda la de té verde.

Los mariscos al wok son interesantes. Saben sobre todo a lima y leche de coco. Misma gamba, con trocitos de sepionet, pimiento verde, brotes de soja, pak choi…
En la carta pone que van con una salsa de tamarindo.
Te va a recordar al típico salteado de wok, has probado cosas parecidas en cualquier sitio del sudeste asiático, pero esta combinación tiene su gracia.

Aquí viene algo serio: la costilla.
Marinada, cocinada a baja temperatura hasta que queda prácticamente untable.
Es súper potente, es un sabor como a hoisin, como dulce, que se queda mucho rato en la nariz. La cocción es perfecta.
Es el mejor plato de la noche sin duda, es grasa pero sin ofender, con mucha chicha, mucho glaseadito, sucaría pan. Por encima lleva sésamo y cebolleta. ç
La pedimos con un bol de arroz blanco de seis pavos. Que también ya te lo miro, porque con seis pavos de arroz te puedes hacer un dique que cambie de sentido el Ebro, pero bueno. Tirali.


De postre vamos con la torrija con leche de coco.
Interesante también por dos cosas.
Uno porque sale fría.
Dos, porque no es dulce. Lo único dulce es el caramelo que lleva por encima.
Es un bloque de miga, bien empapado en leche de coco, azucarado y planchado por un lado. Es un sabor muy curioso, no estamos tan acostumbrados a la leche de coco fría, y es más potente en la nariz que en la boca.
Al lado lleva unas fresitas y una bola de helado de chocolate, que es buen helado, pero que creo que se come un poco a la torrija. Además, el helado mola cuando lo otro sale caliente, si ya sale frío, tampoco aporta la hostia.
Pero guay, es un postre que repetiría.

¿La cuenta? 83,40 entre cuatro personas. A 21 euros por persona. Más que muy bien cenados.

Vale, aquí pasa una cosa. Esto es un salto de fe.
¿Cómo puntuar un sitio, que va a cambiar la carta tres veces al año? A lo mejor tú vas en seis meses y es una mierda. A lo mejor no.
¿Qué le pones a un sitio, que a dos semanas de abrir, le falta un 50% de la carta? Eso no te lo puedes permitir nunca. Nunca. Te puede faltar un plato, dos, tres si son cosas frescas del día, pero, ¿unas brochetas de pollo? ¿Una ensalada? No puedes dar esa imagen recién abierto. Estás yendo a una entrevista de trabajo en chándal y con un huevo fuera. Es garrafal.
Por otra parte, el entorno mola mucho.
La idea de que la comida vaya según las fotos, me parece que bien aprovechada, puede dar juego infinito.
Objetivamente, casi todo está bien de precio y cantidad, ensalada y arroz aparte. La cocina es diferente sin ser disruptiva, costilla, marisco y torrija muy bien.
No sé, voy a apostar.
Creo que en un par de semanas, si consiguen tener toda la carta en funcionamiento, se va a poder cenar ricamente. Creo también que por la tarde, vas a ver en las mesas altas de la entrada más de una y más de dos citas de Tinder, poque invita al vino y al mamoneo high class.
Va, échale un ojo.
Okey Alto para Henri.
Haced cosas divertidas, id a la compra, no me dejéis mal.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (3)
María
No me gustò nada. Solo salvaría la salsita que acompaña las gyozas. El pescado en hojas de banano, seco y sin nada de guarniciòn( hay q pedir los 6 € de arroz blanco aparte para poder tomar la salsa). Los mariscos alwok tienen una gamba grande seca, 2 o 3 de esas peladas q se quedan enanas por exceso de cocciòn y unos trocitos de calamar pequeño. Puede que no fuera su día pero yo no vuelvo. 27 € por cabeza y me fui con hambre. No entiendo el ok alto
El Tipo Que Nunca Cena En Casa
Ya, creo que no está evolucionando como yo esperaba. Al final sí que se va a quedar en un sitio de «comidas del mundo» como tantos otros. Esperemos que sí que fuera un mal día, y no sea la tónica.
Jota Eme
Fui este fin de semana pasado porque un amigo no encontró reserva en otro sitio.
Las patatas estaban curiosas, el pescado estaba rico, la costilla con verduras se me hizo un poco salada…
De postres sólo había dos tipos de tarta de queso, ningún rastro de la torrija de esta reseña. No estuvo mal, pero nos salió a 30 euros siendo 4 personas (es verdad que cayó 1 botella de vino, vale)
Pero no me fío de los sitios donde ponen gyozas a 2€/gyoza. Eso no es un buen indicativo.