Bueno, xics, os pongo en antecedentes.
Las Navidades pasadas, cuando entregamos los Premios Meredith 2020, os pedimos que votarais vuestro lugar favorito entre los topes de okey, para darle el Premio del Público. La idea era publicar una nueva reseña de ese sitio, y promocionar el post en Instagram y Facebook (pagando) para que mucha gente la leyera, se difundiera mucho, y así colmar al local en cuestión de gente hambrienta, abundancia y plenitud.
Hasta ahí todo bien. El tema es que cada vez que hemos intentado promocionar un local, Instagram y Facebook nos dicen que ya nos lo miran porque hay «lenguaje inapropiado». Entonces, mi apuesta de hoy es hablaros del local siendo lo MENOS OFENSIVO y más políticamente correcto que jamás ha sido nadie. Cero malsonancia, nada que rime con Montoya, cenefa, destakke, ni nada por el estilo. All clean.
A ver si así.
El local que ganó fue El Aprendiz, en Benimaclet. Vamos allá.
Ya sabéis dónde está, detrás de Guardia Civil, con una puerta dando a Primado Reig y la otra al parquecito ese de los bares de quintos. Llegamos pronto, because a las diez hay que estar en casa.

— Buenas noches amable camarero. Tenemos una respetuosa reserva.
— Bienaventurados sean, clientes. Acompáñenme hasta su mesa. Les he reservado una en nuestra zona completamente aséptica.
— Dios salve a la reina.
— Sin pecado concebida.
Bien, la carta ha cambiado un poco desde mi última visita. Mientras la estudiaba, me pedí un doble, o a lo mejor no, a lo mejor no era ni alcohol, a lo mejor era un agua con gas con una rodajita de limón.
Hay varios platos que se repiten en La Gramola y también algunos nuevos. Veo el tartar de salmón con kimchi que se llevó el Golden Okey, el abanico ibérico, la ensaladilla, y llaman poderosamente mi atención, por ejemplo, unas alcachofas que pasan por mi lado y que no he visto en la carta.
— Disculpe… ¿Eso que veo son alcachofas?
— Efectivamente.
— Ah, verá, es que las alcachofas me gustan moderadamente. ¿Cómo es que no están en la carta?
— Sí que están. Son las verduras en tempura, pero como estamos en temporada, sacamos alcachofas.
— Excelente.
El amable e inocuo camarero nos toma nota, y nosotros esperamos la llegada del primer plato mirando a un punto en el vacío.
Al momento, llegaron las alcachofas y la causa limeña.
Oh. Excelsas.
Hablamos de unas alcachofas en tempura, frescas, no de bote, con sal gorda y sobre un puré que se supone que es mayonesa de kimchi, pero podría ser patata o chirivía tranquilamente. Normalmente, este vegetal, produce en mí un estado de euforia intensa, que por supuesto contuve, así que me marché al baño a escribir unas églogas, y volví recolocándome el monóculo.
— Realmente buenas y crujientes.
— Sublimes, diría yo.
— Oh, sí. Colmado sea de parabienes el agricultor.

La causa limeña es exactamente la misma que en La Gramola. Tiene la particularidad de que lleva pollo, y tiene un puntito picante muy chulo. Es un plato sencillo, pero muy interesante en los detalles. La patata tiene que ser amarilla, el pollo no está hecho de cualquier manera, lleva un ácido que creo que es lima… Echadle un ojo.

Llegados a este punto, nos pedimos una botella de Cañas blanco, y llegó la berenjena a la llama.
Esto es un espectáculo. La berenjena tiene un saborazo a humo súper intenso y lleva por encima, desmigada, trozos de mozzarella de búfala, de la buena. Por favor, que no se entienda esto como una ofensa a las vacas. La sirven templadita y con una vinagreta de nueces. Lleva también algo por encima que le aporta crujientor, hay un montón de sabores y de texturas, es una pasada de plato. Además, bastante visual, de esos que da lástima comerse.

Estábamos comentando que a las señoras mayores hay que dejarlas pasar siempre primero cuando llega el ascensor, y en ese momento apareció el camarero con el huevo trufado.
— El huevito por aquí.
— Perfecto. Antes que nada, buenas tardes.
— Viva la Constitución.
— Una y mil veces. Respeto a ella.
Vamos con el plato. Reconozco leve perecita, porque el huevo trufado es un poco el nuevo tartar de atún. Estamos viviendo un boom muy loco de huevos trufados, que no quita que estén muy okey, pero claro. En este caso, el punch son unas migas de morcilla. Vienen dos huevos así como pochaditos, con puré de patatas por debajo, y la morcilla y un crujiente de pan por encima. Rompes, mezclas, remueves, le das barquita con el pan y, oye, la mar de bien.

El cuscús de apéndice posterior de toro también lo voy a obviar, porque también está en la Gramola. Ya sabéis, toquecito de comino, todo bien.

Voy a centrarme un poco en las gyozas de rape. Idea súper interesante. Vienen unas gyozitas flotando en un caldo, así como de suquet, o de caldereta, rellenas de rape y patata. Aquí le veo un «sí» muy grande, que es el caldo, que te lo puedes beber como si fuera ramen, y un «no lo tengo claro» que es la patata dentro de la gyoza. La patata en un suquet tiene una misión, que es ser chafada, y así poder comértela junto al caldo pero, cuando va dentro de la gyoza, aporta un punto harinoso, que no estoy seguro de que sea molante. No obstante, claro, si hablamos de sabor, el tema va por otro lado, el plato está que te inclinas.

— ¿Pedimos un postre? Queda poco para el toque de queda.
— Bueno, bueno, es que a mí me parece fenomenal siempre cualquier medida que tome cualquier gobierno, el que sea. Súper acertado todo.
— Que poco ofensiva está siendo esta cena, ¿no?
— Hay que frenar siempre cuando está en ámbar.
— Cinco piezas al día de fruta y verdura como mínimo.
— Y dos litros de agua, sí.
Rematamos la cena con una tarta de queso, que si bien no es de las calentitas que me gustan a mí, sí que tenía el puntito salado ese tan apetecible.

Y ahora os cuento lo enorme. No pensaba hablar del precio, porque, ¿para qué? Este sitio ya tiene la crítica hecha, tiene el Tope de Okey, tiene el Premio Meredith del público, ya no tiene nada que demostrar. Bueno, pues habiendo ido a tumba abierta, con vino, cervezas, sin cortarnos de pedir lo más mínimo… 72 pavetes. Siendo 3, a 24 euros por persona.

Sigue entrando en los baremos. Esta gente te renueva la carta, te mete alcachofas cuando es temporada, y te mantiene el precio asequible. Muy a tope siempre con el Aprendiz.
Renueva su Tope de Okey. Yo os dejo esto aquí y me retiro a rezarme unos rosarios y donar pasta a unas ONGs.
En el transcurso de esta cena, no se dañó a ningún animal, no se ofendió ninguna etnia, y cada envase fue a su contenedor.
Goza de amplo aparcamiento.
Comment (1)
Restaurante Yuk Mi | Patraix, Valencia | ¿Mola o Qué, Nano?
[…] poco pudisteis leer la segunda reseña de El Aprendiz, porque fue el restaurante más votado y ganó el Premio del Público. Bueno, pues hubo otra […]