Petrona Carrizo de Gandulfo fue una cocinera de la tele argentina, la Arguiñano de aquí o, yéndonos a lo vintage, la Elena Santonja. También es el nombre del restaurante con la terraza más jugosa de Ruzafa (con el permiso del Punk-o Punk-o y el Rus). Es de los mismos chavales que llevan el Fierro, que ojo cuidado con eso, porque hablamos de gente que cocina un rato.
Bueno, a lo que voy. Está en la plaza de la iglesia, justo delante del mercado. Tienen una carta con cosas argentinas, cosas más nacionales, y un Paula Bonet original pintado en la pared.


Ya empieza a haber hostias por pillar sitio en una terraza al sol, la gente se desenmascarilla, y el valor emocional de las primeras cervezas un sábado a mediodía cotiza prácticamente en Bitcoins. En el rato que pasamos allí, pude oír las súplicas de al menos cuatro grupos de personas que querían una mesa. Tienen tapas, entrantes fríos, calientes, y platos principales.
Empezamos con las croquetas de pollo y curry. Redonditas, tamaño pelota de golf. Rebozado guay y crujiente, no aceitoso. El relleno, consistente, un poco seco, de hecho. Se notan mucho las hebras del pollo. El curry es un toquecito al fondo, que saluda sin ser invasivo. Creo que molaría un interior un poco más cremoso, este es prácticamente untable. Vienen en un plato huevera, que parece el que usan en Mercat Bar para el atún. Curiosas.

Vamos con la sepia con ajoaceite. Daditos de sepia y patata embadurnados de salsa, como si fuera una sepia con mayonesa de barra de bar, pero con ajoaceite y sin barra. Curiosamente, además, llevan unos chorritos como de salsa mery, que sí que le dan color, pero que al final es más aceite sobre el que ya lleva. Después, hay unos crujientes de pan finitos, y unos brotes para darle verde viento, verde rama. En cuanto al ajoaceite, hablamos de algo suave, del que luego puedes eructar sin matar a un Pomerania.

Tengo la sensación de que si me voy sin probar una empanada soy un mierda, y ya me he quedado con ganas de pedir la milanesa, así que estas no se escapan. Tienen de cuatro tipos: la clásica de carne, una de espinacas, otra de jamón y queso y otra de secreto. Vamos a ir a por la de secreto y la de espinacas. Yeah, la masa es muy guay y están horneadas, no fritas. Pero creo que a la de secreto le falta más punch, estaba o flojita de sal, o no sé. La de espinaca, recuerda lejanamente a las quiches que hacen en las panaderías, pero no. Es espinaca con un queso que podría ser provolone, pero también podría no serlo. Exacto, amigos. Ese es mi nivel de concreción.

Seguimos con más. Albóndigas con chimi-curry. Hmm, más curry que chimi. Si no te dicen que hay algo de chimi en la salsa, pasa por un curry rojo normal. El caso es que las albóndigas están jugosas y gloria para ellas, pero el arroz blanco del centro tiene menos rollo que una boda sin el Flying Free. No es basmati, no tiene nada, sabe a agua hervida. Pero bueno, lo que cuenta es la mandonguilla. Tersa, firme y cárnica.

Vamos para bingo con la seta XXL, rellena de puerros y huevo frito. Vale, aquí tenemos algo. La seta es una locura, tiene el tamaño de la rotonda de la salida a Ademuz. Es un pedazo de setón grueso como un solomillo, que además, y esto no es baladí decirlo, sabe a seta. El puerro está por encima como en una bechamel maravillosa y el huevo frito, pues un huevo frito. Es uno de esos platos vegetarianos que un amante de la carne podría pedirse por placer. Lo rompes, lo mezclas, y se crea una cremita espesa súper gozable. ¿Puede ser ésta mi seta favorita ever? Puede serlo.

Momento postre. La comida no ha contundido demasiado, así que pedimos dos, la torrija de fartón y la tarta de chocolate con dulce de leche.
La tarta me dio más igual, pero sí que te digo que no es TAN dulce como te puedes imaginar de una tarta con dulce de leche. Tiene bolitas crujientes por dentro, que te vas encontrando de vez en cuando, y el bizcocho es de chocolate, y tal y bien. Se puede pedir.

Lo que está que lo parte es la torrija de fartón con horchata, que como lastimeramente le pasa a la mayoría de postres con horchata, no sabe mucho a horchata. Tiene una textura babosina-briochera muy adictiva. El crunchy se lo dan unas laminitas de chufa, que pueden confundirse con almendra o avellana, pero no, es chufa porque apuntalan una idea.

Vale, luego un par de cafés y tal.
¿A cuánto de precio Doña Petrona? Pues nano, 76,70 pavos entre 4. No llega a 20, de hecho, no llega a 19,50 por persona.

Es una locura, pero parte del motivo es que no pedimos vino, ni mucha cerveza. Creo que un precio real se aproximaría más a los 23, pero bueno, igualmente dentro.
El baremo cocina/precio, me sale a Okey Alto.
Ojo con los vinos, que el más barato son 18 pavos, y ahí se puede patinar.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Estefi
Ay, me gusta mucho tu blog.
Yo he pisado por dentro algunas de las cocinas que visitas (la hostelería y sus rotaciones).
He visto de todo, en Doña Petrona, que fui un día a hacer una prueba pero los horarios eran insufribles y me bajé del barco, me decepcionó mucho la cantidad de congelados industriales que tenían, quiero decir, eran marcas gourmet y tal, pero no dejaban de ser congelados hechos de forma masiva. Tanto las croquetas como las empanadas.
Una cocina pequeña, limpia, sufrida, bien. Pero me esperaba más de los de Fierro.
Susana
Me encantan tus comentarios, sólo te paso el dato (no indispensable pero si por honor a doña Petrona) el apellido es Gandolfo. Salud!!