El Mercado Central es para mí como el Toys R’Us para un crío.
Lo quiero todo, todo me mola, formas, colores, cosas nuevas, estímulos al alcance de la mano. Mire donde mire hay movidas que me llaman la atención y quiero probar.
Me cruzo con un puesto de comida latina con mogollón de salsas picantes y frutas exóticas, embutidos locos, vinos, conservas, jamones prohibitivos, todo. Y en mitad de todo eso, el Central Bar.
Supongo que en algún momento habéis ido a parar ahí. En todos los mercados hay un bar, solo que éste tiene la particularidad de que es otro satélite de la marca Ricard Camarena.
No sé cómo de implicado está realmente el bueno de Richard.
No sé si se pasa bastante por allí y se saltea unas mollejitas cuando se motiva, o si solo le puso el nombre y tiene allí un machaca de puta madre que está tirando del carro. No lo sé, no me importa.
¿A ti te importa? A mí no.
No me importa porque, sea por lo que sea, está todo muy bueno.
Es una barra rectangular, como la de Cheers. Por la parte de dentro, están los camareros y la cocina, y por fuera, taburetes.
Son las 11 de la mañana, hora bastante punta. Normalmente hay cola para sentarse, porque no se puede reservar, pero hoy hemos tenido suerte, y según llegamos, hay una pareja que se levanta, así que… Hop.
Tiene una carta en QR, y varias sugerencias escritas en una pizarra. Tendría huevos también estar en un mercado y no tener cosas fuera de carta. ¿Te imaginas?

Los platos cuestan más que en un bar normal. Hay una ración de conejo al ajillo de 14 pavos, por ejemplo, o una coca de berenjena pisto y queso feta a 14,50. No obstante, ya que aquí nunca se va a poder cenar, lo voy a tratar como un artículo “movaida”.
Bien, empezamos con unas Amstel Oro, ensaladilla y corquetas. La ensaladilla es de las pocas cosas de las que se puede pedir media ración, y las croquetas, pues es que son la hostia.
Por partes:
Ensaladilla.
Cuenquito con picos clavados arriba. Noto bastante aceituna. Además, lleva por encima un chorrazo de aceite de oliva, que toda la vida ha sido aceite de oliva, pero ahora es AOVE.
El resto es patata, zanahoria y atún y un poco de pimienta negra por encima.
Está canónica, sabrosa, potente de sal por las aceitunas, pero sin ser nada molesto.
La gente habla mucho de la ensaladilla de Saiti, pero creo que es como con la horchata de Daniel, se ha ido repitiendo y se ha asumido como verdad inamovible, cuando el mundo ensaladilla es de lo más móvil que hay. Esta es simple, tradicional y perfecta.

Las croquetas son de pollo a l’ast. De auténticos locos.
¿Sabes ese sabor que tienen las alitas de pollo churrusquitas, un poco a tostado, un poco al caldo que le ponen al pollo?
Un umami graso y saladito la mar de adictivo, parecido al sabor de los Fritos de Matutano.
Están que flipas. Rebozado perfecto, textura perfecta. Para mí, las mejores croquetas de pollo in town.
Son unas croquetas por las que tranquilamente traicionaría a mi país, pasándoles información secreta acerca de, no sé, misiles o algo, y luego aparecería muerto por ahí, y un poli le preguntaría al otro:
— ¿Habrán valido la pena esas croquetas?
Y yo, muerto y traidor en la cuneta, sabría que sí.
Así de cojonudas son.

Seguimos. Alcachofas fritas con salsa romesco.
Te digo que no siendo aún temporada de alcachofa, porque esta reseña sucedió en noviembre, están atómicas.
Alguien se ha ocupado se seleccionar, masajear, y posiblemente seducir con baladas románticas a varias alcachofas hasta que se han enternecido. Después las ha frito, solo la parte central, solo el corazón, y las ha servido junto a la salsa.
La verdad es que la presentación es mejorable. Siempre tienen la excusa de que “es un bar sencillo”, pero vaya. Están puestas en el plato con una media luna de salsa. El producto solo, aguanta, pero agradece un cebollinito picado, o un algo.
La salsa tiene un avinagrado agradable, y un puntito a pimiento rojo muy guay.
Y las alcachofas, pues bueno, nano. Las primeras decentes de la temporada, qué te voy a decir. Traicionaría a las croquetas de antes, pasándoles un USB vacío, y le daría lo de los misiles a las alcachofas. He flipado duramente.

En la sección de bocatas (todos como muy apetecibles) te encuentras con el Ricard Camarena. Siempre que hay algo que se llama como el dueño o el cocinero, hay que pedirlo.
En este caso, lleva lomo, mostaza y queso.
Lo más importante es el lomo. En la mayoría de bares, cuando te meten lomo plancha en un bocata, el lomo está seco.
Eso es así. El lomo de cerdo plancha queda secarral, lo sabemos, lo asumimos, e intentamos corregirlo con unos pimientos fritos, tomate o mayonesa.
Pero, ¿sabes qué? No este lomo.
Este lomo me lleva a algo más tipo porchetta, o algo así horneado. Está flipantemente jugoso, descaradamente juicy.
El queso le aporta sobre todo textura, no demasiado sabor. La mostaza, tal vez, le quita protagonismo. Es una mostaza sin grano, solo salsa. Entra solo.

Estamos más que satisfechos, pero…
¿No cabrán unas almmmóndigas al curry rojo thai?
Pues claro que cabrán, me caguen mi vida. Vamos a por ellas.
Leche de coco, cacahuete picado… ¿Hierbabuena? Esto es hierbabuena, nano, me esperaba cilantro y me han hecho el quiebro.
Vienen cinco, buen tamaño, golosas, cárnicas, ñam.
Súper sabrosas, muy aromáticas. Hay un puntito dulce que se me va a la nariz, que parece la leche de coco. Creo que tienen algo que ver con las que sirven en Canalla Bistró, pero no sabría decir si son las mismas.

Las terminamos sin culpabilidad ninguna y pedimos dos cafés. Me siento como un senador romano cebado. Si pudiera echarme hacia atrás en una silla y ponerme un palillo en la boca, lo haría, pero son taburetes.
Se come de lujo, eso es así, pero este brunch nos ha salido a 60 pavos entre dos personas.
No es un sitio barato para nada. Las albóndigas casi 12 pavos, las alcachofas 12,50.
Tiene el rollo de eso, de que está en el mercado, y es de Camarena y tal, y para probarlo un día, pues bien, pero igual sales del mercado y en el Rinconcito de al lado te hacen un bocata como la tapa de una alcantarilla, y te quedas nuevo también.
Está gracioso. Si te pilla por allí, y encuentras sitio, prueba algo.
Goza de amplio aparcamiento.