Ciudad de la justicia. Sala de lo civil y penal.
— Caso 1632-B, El Tipo que Nunca Cena en casa contra la coliflor de 17 pavos y medio. Preside el honorable juez Carlos Báidez. Pueden sentarse.
— ¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, con la ayuda de Dios?
— De locos.
— Adelante.
— Muy bien señor…¿Puedo llamarle Tipo?
— Por supuesto.
— Necesitaré que nos relate los hechos, acontecidos la noche de actos.
— Todo empezó hace unos días. Mis colegas y yo fuimos a cenar a un sitio que han abierto en la calle Quart, donde antes estaba La Aldeana. Se llama Batek.

La disposición es la misma que había, una especie de L, pero de alguna manera parece más espaciosa.
Al entrar nos recibieron dos camareras muy sonrientes. Solo había una mesa ocupada, además de la nuestra, pero al no haber hilo musical, las voces de los comensales se escuchaban muy altas.
Primero, una de las camareras nos tomó nota de las bebidas, y entonces nos dejó las cartas. Ahí fue cuando la vi por primera vez.

— Que conste en acta que el demandante ha señalado a la acusada, una coliflor esposada, con traje naranja penitenciario.
— Puede continuar.
— Gracias señoría. Hicimos un poco lo de siempre, unas aguas, un par de vinos, porque ya veníamos de tomar cerves previas, y empezamos a pedir. Lo primero fueron los panipuris de garbanzo con garam masala y gel de cilantro.

Salen 6 en un plato en forma de calavera negra, y con brotes por encima. Por dentro lleva garbanzos enteros… pero fríos. Tiene mucho sabor a especias. A mí particularmente, el gel de cilantro no me supo a nada, pero a uno de mis compañeros sí.
Los panipuris son una especie de pelotas de golf huecas hechas como de Bocabit, que en india rellenan con mucha salsa y te explotan en la boca. Aquí eché en falta eso, un poco de relleno líquido, porque al final, dentro hay garbanzos. Bien, funcionales.
Después llegó la panceta. Tiene dos cocciones, y lleva parmentier de boniato, y salsa nam jim. También lleva brotes por encima.

— ¿Todavía no sospechaba nada?
— La verdad es que lo sospechaba desde el principio, señoría. Verá, con el tiempo, uno aprende a distinguir cuando una carta es pretenciosa. En cuanto empiezas a poner muchos ingredientes que sabes que la gente no va a conocer, o a especificar las elaboraciones detalladamente en el nombre del plato, ahí ya me canta la gallina. Da igual que pongas “pollo con mole”, que “con mole de Oxaca”. Esta carta era una sacada de polla desde la primera línea.
— ¡Protesto!
— No ha lugar
— ¡Exijo el derecho de representarme a mí mismo!
— Ay, por favor, de verdad. ¿Qué pasó con la panceta?
— Yo esperaba tal vez una ración como la del Chila, ya sabe, un buen pedazo, un troncho. La panceta es una carne barata, muy grasa, y dado que el plato valía 15 pedazo de pavos, yo imaginé que me llegaría un bloque de panceta del tamaño de un contenedor del puerto. Culpa mía, señoría, nada más lejos. La parte de fuera está crujiente, casi torréznica. Por debajo lleva un parmentier de boniato, que al final es un puré muy espeso. La salsa es muy cítrica, y lleva también piparras, que le dan un picorsito. El conjunto es cítrico, dulce y picante.
— ¿El plato estaba bueno?
— El trocito y medio que me tocó, sí, señoría.
— Prosiga.

— Lo siguiente fue el pollo. Pollo empanado con salsa satay, y ensalada de pepino, mango y col lombarda con nuoc cham. Llevaba, brotes por encima one more time, y ahí empecé a ver un patrón. La salsa satay es una salsa asiática de cacahuete, en este caso correcta, bastante líquida. Por debajo llevaba una ensalada de verdura cruda. También es crujiente, un poco picante, pero en este caso, más fresco, más aromático, por la verdura. Es un plato bastante vietnamita. En cuanto al pollo, pues bien, una pechuga rebozada.
Pero entonces aparecieron a la vez, el jarrete, y la coliflor. El jarrete está hecho a baja temperatura, y lleva mole negro (de Oxaca), y una guarnición de arroz jazmín, y la coliflor…oh, disculpe, no puedo…
— Cálmese por favor ¿Quiere un pañuelo? ¿Un poco de agua?
— No, no… Estoy bien. Discúlpenme. La coliflor lleva char siu, crema de tahini, harissa, y polvo de kikos. Tal vez le sorprenda la decoración elegida para esta ocasión, pero ambos platos llevaban brotes por encima.
— Para que conste en acta. ¿Cuánto dice que costaba el jarrete?
— 25 pavos.
Murmullo de asombro en la sala. Una mujer del jurado se desmaya.
— ¡Orden!

— Y estaba seco señoría. Estaba secarral. Tiene un fondo amarguito, por el mole, pero es un plato que con unas carrilleras, o incluso un rabo de toro, te mejora exponencialmente. Era escaso, seco y caro. El arroz te lo echabas en la salsa, pero vamos, da lo mismo. No pedimos pan, pero tampoco lo sacaron.
Y terminamos con la coliflor, señoría. Me he permitido traer una comparativa de precios, para que el jurado sepa de lo que estamos hablando. La hamburguesa más cara de Moflete, con patatas, 16,50. La pizza mas cara de Km0, 16 pavos. La corvina en adobo con mojo verde del Bar X, 12,50…
17,50 es el precio exacto de un entrecot de 300g. en la Forcola.

Aquí estamos hablando de una coliflor a baja temperatura, con especias y movidas y lo que usted quiera. Por debajo, lleva una especie de hummus. Entiendo que es la crema de tahini. Sabe a coliflor con hummus, cocida al dente, y con un fondito pelín picante por la harissa, pero tampoco mucho. El polvo de kikos no se lo pillé.
— Entiendo.
— Estuvimos mirando postres por curiosidad, pero al ver que uno de ellos incluía “tierra de mano de buda”, y que costaba 10 pavos, nos entró la risa. La tarta de queso cuesta 8, así que dijimos “vamos a por unas pizzas, y ya si eso lo miramos otro día”.

— ¿Y a cuánto ascendió la cuenta?
— Estamos hablando de 101,50€ entre 4, señoría. En total 5 platos y sin postres.

— Ya veo. No hace falta que me retire a deliberar. No hay justificación posible, para que una coliflor con hummus valga 17’5 pavos. Me parece muy bien que sea laboriosa de hacer, como si quiere estar asada con una lupa al sol, me da lo mismo, el sabor final no lo merece. Declaro a la acusada, culpable, y decreto una orden de busca y captura contra el jarrete por complicidad. Los sentencio a ambos a un No Okey perpétuo, sin posibilidad de fianza.
La sala rompe en vítores.
— Se ha hecho justicia.
— ¿Me deja decirlo a mí?
— Por supuesto señoría.
— Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Felipe
La pobre coliflor tan solo quería pasar a la posteridad gastronómica y casi lo consigue.
Javi
Gran juicio sumarísimo! De dónde son las pizzas? Tienen buena pinta