Xics, hace unas semanas estaba yo tranquilamente por ahí una tarde, tomándome una birri con alguien, y en esto que me suena el teléfono.
— Hey Tipo ¿Cómo va eso? ¿Tienes marcha hoy?
— Hey, persona que voy a mantener en el anonimato ¿Qué pasa? Estaba aquí terraceando. Nada fuera de lo común ¿Qué ofreces? ¿Hay cena?
— Escucha, me han invitado a la inauguración de Veneno. Puedo intentar colarte.
— ¿Qué es”Veneno”?
— ¿CÓMO?¿NO SABES LO QUE ES VENENO?
En ese momento las personas que estaban conmigo en la mesa me miraron incrédulas.
— ¿NO SABES LO DE VENENO?
Una moto frena en seco a 15 metros, el tío se levanta la visera y me grita indignado.
— ¿DE VERDAD NO SABES…?
Bueno nano, pues no, no lo sabía, y me enteré en la puerta. Como yo no sigo a nadie en redes, y la verdad que el mundo exterior me importa lo justo, me suelo perder este tipo de cosas, pero ahora ya más o menos sé de qué va. Al llegar al sitio, mi colega me lo explicó con un buen surtido de vídeos y reels.

Al parecer todo viene de una chica que era la Community Manager de Voltereta. Hace un tiempo, algo le hace clic y dice “Voy a montarme yo un local a mi rollo, y voy a documentar todo el proceso”. Entonces empieza a idear el sitio, a buscar locales, a hacer la reforma, y mientras lo va subiendo todo a redes. Hace un crowdfunding, se graba hablando por teléfono, haciendo bricolaje, bailando cuando las cosas le van bien, y llorando cuando le van mal. Al final el proyecto sale adelante, y en el proceso, ha conquistado a miles de personas con el making of. De esto me enteré 15 segundos literales antes de entrar. Como historia es interesante, pero yo seguía sin saber qué había allí dentro.
La verdad es que todo fue bastante flipante. Al entrar, lo primero que pensé es que era La Fábrica de Hielo, pero a oscuras y con mucho humo. Estaba petado de gente, y se oía una música raruna. De repente se hizo un corro, y un grupo de chicas se pusieron a bailar, luego salió un coro gospel, se proyectaron vídeos…
Todo esto es simplemente una puesta en situación para que entiendas un poco mi descoloque, porque yo pensaba que iba a la inauguración de un restaurante. Y estuvo de puta madre, la verdad. Me lo pasé como un perro con dos colas, y si tuviera un blog de inauguraciones, te diría que guapísimo, pero la verdad es que no paraba de pensar “Vale, todo esto muy bien, pero… ¿Aquí cómo se cena?”
Fundido a negro. Pasan tres o cuatro semanas.
Estoy andando por la zona, y se me ocurre acercarme, para ver si puedo picar algo. No tengo reserva, pero es pronto todavía, y está lloviznando, así que malo será que no haya una mesita para…
Hostia puta.

Dentro hay un barullo tremendo. Todas las mesas están ocupadas, las altas, las bajas, e incluso hay personas sentadas en los escalones tomándose unas copichuelas. Hoy hay mucha más luz, y una legión de camareras con camisetas anchas negras, se mueven a toda velocidad, rebotando como bolas de pinball entre la gente. El sitio mola, está muy vivo. Sí que tiene ese toque Fábrica de Hielo, porque no deja de ser una nave industrial. Techo alto, paredes de ladrillo visto, tubos de ventilación…
Intento localizar a una camarera que parezca buena gente, con la que pueda negociar. Finalmente veo a una con pinta de llamar frecuentemente a su abuela, y le pregunto si podemos cenar algo.
— ¿Tenéis reserva?
— No.
La chica me mira con una mezcla de sorpresa y lástima, como quien mira a un niño que le acaba de preguntar por qué hay pobreza en el mundo. Se va hacia la barra, toca nosequé en una tablet, arruga la frente, se pinza el puente de la nariz, se gira, resopla, amenaza a otra camarera con una faca albaceteña, y vuelve hacia nosotros.
— Tengo una mesa vacía para dos, pero está reservada dentro de 50 minutos. Si os da tiempo…
— Me sobran 49.
— Okey.
La cosa funciona así, en cada mesa hay un número y un QR. Una vez sabes lo que quieres cenar, vas a la barra, lo pides, lo pagas, y ellos te lo llevan a la mesa. Por suerte, ahora mismo casi todos los que están en la sala están cenando, así que solo hay tres personas en la cola. Me imagino que esto en hora punta debe ser un apocalipsis. Mientras espero, echo un vistazo por ahí.
En la misma barra tienen una pizarra en la que pone “Estamos en prácticas, sentimos las molestias”. Bueno, es guay, tiene sentido. La mayoría de locales de este tipo, siempre llevan detrás una importante dosis de flipaggio, ese aura de “molamos mucho, y tienes suerte de estar aquí”.
Asumir que acabas de abrir, y hay cosas que humanamente te van a fallar, me parece muy bonico. Cuando llega mi turno, aprovecho para preguntarle cosas a la camarera.

Tienen intención de dar conciertos, pero por ahora los vecinos se están quejando, y solo han podido hacer alguna cosa puntual. Pillo un vino y una cerve y vuelvo hacia mi mesa. Mientras la comida llega, el perrete de la mesa de al lado se acerca y ronea un poco con mi pierna.
Esto realmente es una declaración de informalidad. Un perro buscando manos desconocidas que lamer, es algo que seguramente no verás en Rausell ni en Gran Azul. Hasta ahora, la gente tomando vermut bajo techo, y con un perro y tabaco de liar sobre la mesa, era exclusiva del Cabañal. Esto obviamente no es lo mismo, porque tiene un puntito un poco más pijo, pero no es un pijo Cánovas, es un pijo tratable, que ha ido a un colegio de pago, pero luego tiene conciencia de clase y se va de voluntariado. Bueno.
Mientras el perrete copulón sigue a lo suyo, llega el primer plato. Berenjenas con salsa de sésamo, cacahuetes y hierbas frescas.

Oh, que ricas, tienen bastante gracia. Saben como si llevaran algo de leche de coco. Los cacahuetes llevan piel, y por encima llevan cilantro, queso feta, lo que parece col kale frita, y… ¿Esto es albahaca? Son molla pura, muy carnosas.
Al fondo creo que hay un picantito muy muy oculto, pero realmente le cabría un buen chorro de aceite picante rojo. Lo levantaría todo a nivel visual y también de sabor. Molan.

Llega lo siguiente, una lubina adobada y frita al estilo andaluz, con salsa verde thai y hierbas. Joder, también muy buena. Le falta un puntito de sal, pero el rebozado es súper crujiente, y el pescado está en su punto. Por debajo lleva una salsa verde que efectivamente, tiene algo thai, pero casi me recuerda más a algo mexicano, porque me sabe a pimiento verde, o a tomate verde, o algo así fresco crudo. Lleva también almendras laminadas, eneldo, cilantro y queso feta one more time. ¿Casualidad? ¿Le van a meter queso feta y eneldo a todos los platos? Sería un error.
Veo pasar a una de las camareras con una bandeja de lo que me parecen panipuris, pero no hay panipuris en la carta. ¿Serán los buñuelos crujientes de boletus y jamón? Tendré que averiguarlo otro día.

Terminamos con el saam de costilla melosa, con salsa hoisin y yogur. Vale, aquí pasan dos cosas, una es que la costilla está buena, pero no está melosa, en general se ha quedado un poco seca, pero bañada en salsa.
Otra es que la salsa hoisin es muy muy potente. Es dulce, recuerda un poco a una salsa barbacoa, y de puro cañero, los dos primeros bocados sorprenden, pero el tercero satura. Tienes que empezar a beber, te impregna mucho la boca… No sé, tal vez es un plato para compartir, porque ya te digo que los dos primeros bocados te dilatan las pupilas, pero para dos se hace un poco bola.
Está deshuesada, como si fuera carne mechada o cochinita pibil. Lo sirven con hojas de lechuga y cebolla encurtida para que refresque, y es verdad que algo hace, pero esas pobres verduras, ni aliándose con el pepino son capaces de vencer ese dulzor salvaje y desatado. Por encima lleva hierbabuena, y albahaca. Creo que hay que reducir la salsa.

A todo esto, la cuenta, que ya estaba pagada desde antes que llegara la comida, fue de 41,20 entre dos. No pedimos postre por el tema del tiempo, pero bueno, hubieran sido 7 pavos más. Creo que está muy bien de precio. Curiosamente el tercio de birra está más barato que el doble, pequeño tip que te doy.
Mira, solo he probado tres cosas de la carta, dos muy guay, una mejorable. El precio entra de sobra, y gastronómicamente le daría un Okey… PERO.
Percibo tantísimo potencial en esta movida, que lo voy a subir a Okey Alto.

La carta tiene que ampliarse, tiene que rotar y ser estacional. Creo que detrás de la cocina hay alguien con gusto, pero todavía con margen de mejora. De momento hay tres platos, y varias cosas montadas tipo gildas o papas con boquerones, eso da igual. Si en algún momento llegaran a haber siete u ocho platos, y cuatro entrantes molones, agárrate.
Y luego el espacio. Aquí te cabe todo, Es un sitio en el que puedes hacer conciertos, catas, monólogos, micro abierto, teatro, presentaciones de cosas, exposiciones, los juegos del hambre…
No lo sé, simplemente no te quedes en una carta para salir del paso y algunos cócteles. Esto puede ser un punto molón de la ciudad.
Acordáos de reservar, o tendréis que buscar a la camarera bonica.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Cristina Dánchez Gutiérrez
Un bon vin blanc 3’80?€? Si estuviéramos en Paris lo entendería. Allá vosotr@s con la modernor.