Nanos, por fin. Pensaba que no iba a volver a suceder, pensaba que iba a palmar sin volver a poner un pie allí, pero no, por una serie de carambolas del destino, anoche cené en la Taberna Tora.
Hace ya unos buenos añazos, cuando Ruzafa empezaba a ser el Ruzafa hostelero que es hoy en día, abrieron este lugar, que es básicamente una taberna japonesa, una izakaya. Los dueños eran (son) una pareja japoespañola, y estaba todo muy cuidado, hasta la carta estaba en japonés por las paredes.
Al principio se podía reservar mesa, y la verdad que yo lo reventaba, una vez al mes mínimo caía. Precio bien, comida guay, todo okey. Pero se ve que sucedía mucho que la gente reservaba y luego no iba, o llegaban tarde o lo que sea, y se les inflaron los cojones y dijeron… pues no se aceptan reservas. ¿Y entonces qué pasó? Colas en la puerta. Para encontrar mesa tenías que llegar muy pronto, o esperar fuera mucho rato. Yo lo intenté varias veces, pero al final no conseguía mesa nunca. Y esto que dices, nano, ¿esto va a ser cenar o sacarme una oposición? Y dejé de intentarlo. De hecho, recuerdo un par de ocasiones en las que alguien me preguntaba si íbamos a la Tora, y yo decía, «suerte». Me he tirado como cinco años sin ir.
Pues anoche caminaba yo con un colega por la calle, buscando sitio para cenar, y esto que ves una luz y… ¿eso es la Tora? ¿Está abierta? Pero…¿Hay sitio en la terraza? ¿Es un fallo en Matrix? Nos metimos como si fuéramos a pedir un crédito, en plan… Perdón, no queremos molestar, pero…
Total, que carambola. Acuario estaba en la tercera luna de Júpiter y nos sentamos en una mesita de dos. Mi culo no recordaba esa sensación. Endorfinazo.

La carta está en un folio pegado a la pared. Hay clasicos como los yakisoba, o las bolas de pulpo. Pedimos un poco de todo, guiados por la chica que nos atendió.

Lo primero en llegar fue el tataki de bonito.
No es un tataki al uso, no es el troncho de carne marcado fuerte por fuera. De hecho, son cuatro lonchas de bonito, levemente planchadas y crudas en el interior, servidas a temperatura ambiente, y con una salsa de soja y limón. En el plato vienen tres gurruñitos, uno de jengibre, otro de ajo y otro de nabo rallado. Tienes que meterlos en la salsa, y luego sucar el bonito. Queda súper aromático, y la textura del pescado es muy suave y para nada tienes la sensación de que es un pescado crudo, prácticamente se deshace en la boca. Muy rico.

Los yakitori de pollo: brochetitas con trozos de pollo bañados en salsa teriyaki. Por si alguien no ha ido jamás a un japo, la salsa teriyaki sería como una soja dulce, que carameliza la carne. De hecho, lo interesante vuelve a ser la textura, parece que han bañado el pollo en un caramelo suavecito, no tan dulce, pero sí que te pega los labios un poco. Bien, es un bocadito, no embafa.

Luego, mira, gyozas. Si vienes a un sitio de estos, las gyozas hay que catarlas. Pedimos de dos tipos, de carne y de verduras. Estaban muy bien, pastita tierna, relleno okey, pero no me follaron tanto la cabeza. Se ve que es un producto que tengo más asumido. Hoy en día ya hay varios lugares donde te hacen buenas gyozas. No obstante, sin fallo.

Ah, por cierto, fuera de carta, en la pared, tienen «la tapa del día», que en este caso es Suji-Nikomi, ternera guisada de la Izakaya. Obviamente se pidió.
Mientras llega, escaneo un poco el local. Hay carteles de películas, camisetas de béisbol, y dibujicos por las paredes. la verdad es que el ambiente está muy conseguido. Por cierto, en Madrid, Santiago Segura tenía un restaurante japonés que se llamaba Minabo. Never forget.
Bueno, la ternera guisada es totalmente el guiso de una señora mayor que se llame Mariángeles. Zanahoria, ternera blandita, salsa espesa, te lo sirven con arroz blanco, para que tú te hagas el vuelco y aproveches el caldo.

Terminamos con una movida que se te puede hacer rara, pero yo creo que hay que pedir. Son tallarines fríos.
Es raro, porque el tallarín lleva encima como una capa de pepino rallado y, sobre eso, una especia de hamburguesita que parece de atún, que luego además tiene un puntito dulce. Pero nada, tú rompe, mezcla y para adentro.

Bueno, ¿a cuánto dices que salimos?
Casi a 37 pavos, nano. Menos de 19 por persona. Espectacular.

El tema es que todas las raciones son pequeñitas, pero claro, también baratas. Hablamos de cuatro, seis, siete y pico la que más, y claro, eso permite juego.
Yo lo recomiendo, me parece un sitio la mar de guapo para ir. Pero claro, igual te plantas allí un viernes y te comes un ril porque está lleno, no sé. Yo estas navidades liaré a alguien para ir prontete, pero con plan B por si acaso.
El okey alto hay que dárselo.
Gyoza de amplio aparcamiento.