David Muñoz es posiblemente uno de los cocineros más mediáticos que hay. Os sonará seguro, es el tío ese de la cresta que sale mucho en la tele y las redes.
Tres veces mejor cocinero del mundo, marido de la Pedroche, y dueño del imperio Xo, que comprende DiverXo (tres estrellas Michelin), StreetXo, GoXo, RavioXo, y recientemente PinoXo, un restaurante para castores donde solo sirven cosas de madera.
Pero vamos por partes.
La semana pasada estuve unos días en Madrid, dando una conferencia en el Círculo de Bellas Artes, titulada: “Lo de los Pokebowls, ¿qué?¿Eh? ¿Qué hacemos con eso?”, ante una turba enfervorecida de amantes de lo healthy.
El caso es que le tenía ganas a StreetXo, que es, digamos, la versión barata y callejera de la comida de Muñoz.
Muchos cocineros top tienen restaurantes más baratos, por aquello de democratizar la gastronomía, y por lo de… ¿por qué ganar trillones, pudiendo ganar… billones?
Como dato curioso, en vez de estar en la street, está en la cuarta planta de un Corte Inglés, because mira.
Así que ahí me tienes a mí, en una escalera mecánica, atravesando moda él, moda ella y complementos, hasta llegar al cuarto piso, en el que hay también una cafetería y un restaurante chino, que se la soplan a todo el mundo, porque evidentemente la enjundia está en el otro.

El restaurante abre a la una, y no admiten reservas, así que si quieres entrar, tienes que ponerte a hacer cola en unos sofás que hay fuera.
Por suerte, a las 12 abren un salón previo en el que hay un bar-coctelería (que pena que no lo hayan llamado BorraXo, otra oportunidad perdida) en el que esperar tomándote algo.
Llegada esa hora, unas puertas como de contenedor del puerto se abren. Sale una chica menudita, vestida con una chaquetilla Xo, y empieza a dejar pasar a la gente por grupos.
Desde dentro del bar, se escucha una música machacona a toda hostia, como si fuera de un Bershka, pero fuerte fuerte.
Podría estar mucho rato describiendo el interior, de verdad.
Neones rojos, espejo, cuero, cadenas, dos columpios en la entrada, Blade Runner, sado, Asia y puticlub, está todo mezclado.
Ahí alguien le ha dado a un decorador un cheque en blanco, una botella de licor café y dos sucaditas de eme para que se inventara algo potente. Y potente desde luego es.
Nos sentamos en unos taburetes en la barra. Un camarero italiano nos ofrece la carta de cócteles, que evidentemente no es una carta normal.
Todo son combinaciones locas de ingredientes como gin de trufa, agave de mango picante, escabeche de vodka, e incluso sashimi de gamba blanca (¿?), servido en vasos no menos locos, y con precios que oscilan entre los 14 y los 16 pavos.

Me pido un DiverXo líquido Xo, con ginebra, sirope casero de jengibre, bitter de tres cítricos y lima.
Mientras lo preparan, veo salir otras bebidas servidas en vasos que parecen pequeñas fallas.
Uno es un corazón, con sus arterias y todo, otro es un huevo que desprende humo, otro es una copa de balón del tamaño de una pecera.
El camarero vierte movidas dentro de la coctelera, la agita y me la sirve en un vaso, junto con mucha ceremonia y un tallo de lemongrass.
Está bueno, pero sabe a jengibre. Igual tenía que haberme flipado más, y haberme pedido algo más raro.

Estamos ahí, hablando de que en Valencia Plaza se han ventilado a un montón de articulistas de opinión, y de que Mr. Perfumme ha sacado disco y, sobre la una, otra chica sale a por nosotros y nos pide que la acompañemos.
Cruzando una puerta de faldones plásticos, accedes a una barra rectangular rodeada de taburetes, en cuyo interior hay un huevo de cocineros con chaquetillas Xo, parecidas a camisas de fuerza, salteando, friendo, picando y vaporizando cosas.

Huele a puesto de buñuelos. La música sigue altísima, y esta vez la decoración te lleva a un callejón asiático, muy manga, pero muy enfocado a la comida.
— HOLA ¿ES LA PRIMERA VEZ QUE VENíS?
— ¿QUÉ?
PUM PUM PUM PUM
— QUE SI ES LA PRIMERA VEZ QUE VENÍS
— LA MÚSICA ESTÁ MUY ALTA
— AH, YA. OS DEJO AQUÍ…
PUM PUM PUM
— ¿CÓMO?
— ¿PARA CUÁNTOS?
— DE VALENCIA, SÍ
— ¿¿EH??
— ¿QUE?
No sé qué pedir. Tengo miedo de pasarme y de quedarme corto.
¿Qué se podrá compartir? Vamos de momento con el dumpling pekinés. Oreja crujiente, hoisin de fresas, alioli y pepinillo.
Buah, empezamos fuerte.
Hay crunch, y hay grasa, pero no hay exceso de aceite. Aparece un dulce meloso, pero rápidamente el pepinillo dice “hey”, y lo mata con un avinagrado fresco.
Qué interesante, pero que rápido se acaba. Podría comer de esto hasta que empezara a odiarme a mi mismo. Tiene un algo asiático, obviamente, pero también es… raro, es diferente. Me gusta mucho.

Después una vieira asada al josper, con mantequilla tostada, yogur de rábano picante y gazpacho de jalapeños.
Guau, sabe a brasa. Hay un picante y un ácido guapísimos, pero lleva también microgambas frititas, tipo camarón, que le dan un crujiente áspero.
El sabor a brasa viene de la vieira y la mantequilla. Lo potente, que es el gazpacho, es como si cogieras el jalapeño ese encurtido de bote, y lo trituraras con tomates verdes, que aunque también son ácidos, suavizan el conjunto.
No sé, no sé lo que esta pasando, realmente sabe a muchas cosas. Súper fresco.

Wantones fritos de txistorra, con sweet chili de ají, torreznos de maíz, piparras y crema agria.
Los wantones están increíbles. Son unos paquetitos de masa frita, rellenos de una chistorra a la sidra desmigada, pero lo que vale todo el plato, es el maíz.
Tiene un puntito como a buñuelo, a dulce, pero claro, el maíz también recuerda a masa.
Han cogido un trozo de la mazorca y lo han cortado atorreznadamente. No pica todo lo que podría, le cabría mucha más mala hostia. Las salsas me pegan sobre todo en dulce, pero la piparra, buah. Le va que flipas.
Pedimos unos panes fritos que tienen para pegar la sucada, pero no me dicen mucho, son bastante insípidos.

Ssam de panceta. Esto guay, pero sin más.
Es un taco de panceta maravilloso, que te pones en una hoja de lechuga, y le añades salsa tártara. También lleva un mejilloncete carnoso por encima, y la verdad es que está muy bueno.
Pero claro, después de tanto plato que prácticamente me ha detonado las papilas, esto es como… bien. Un abrazo.

Vale, croquetas de la Pedroche.
Son pequeñas, tamaño cojón, pero están increíbles. ¿Por qué son pequeñas? Porque por dentro son muy líquidas, y si muerdes y las partes, te pringas. Tienen que ser devoradas de un solo bocao.
Son de kimchi, y llevan una lámina de sashimi de atún por encima. Según la carta llevan leche de oveja y un té asiático por encima. Yo ni puta idea, pero te voy a decir lo que vi.
Un tío monta las croquetas en platos de cuatro, con la precisión de quien abre la caja fuerte en un robo.
Entonces le ponen el atún, y un toquecito de lo que parece una pasta de dientes blanca, pero en esto que llega un notas con una piedra de carbón caliente cogida con unas pinzas, y le hace PSHHH por encima.
Después le ponen un gurruñito de algo, que parece cebolla confitada, pero que obviamente no lo es, y entonces te lo sirven.
Están increíblemente buenas, de hecho, sería una pena que la Pedroche real no supiera así. No pican, pero porque no quieren. Te explota en la boca una galaxia de bechamel, y sabores nuevos que merece ser probada.

Carrillera de vaca gallega estofada en curry verde, con totopos y nosequé hostia de parmesano y elotitos y sus muertos.
Un curry con carne.
Leche de coco, dulce, cremoso, aromático, trozo de carne gordo, ñam. Riquísimo, potente, cilantroso. Los totopos no son triangulares, son tiritas, como si fueran patatas paja muy largas. No lleva arroz, que es tal vez lo que más asocio con los currys.
Sabe como el del Baat, casi CASI, demasiado dulce, pero no, frena a tiempo. Aquí empezamos a notar que estamos bien.

El postre se llama “maíz y caramelo”.
Es una espuma de leche, con helado de caramelo salado, agridulce de mandarinas, chocolate y cacahuete.
Bueno bueno bueno, esto es una locura. Tremendo movidote.
Mira, la leche, mezclada con el maíz, sabe como a fondo de bol de Kellog’s, sabe a desayuno.
Pero cuando la cuchara llega al fondo, hay como una bola cremosa, que es el caramelo salado, pero como con mantequilla de cacahuete, y de repente te sube esa sal.
No sé, tiene como un montón de cosas de postre, pero es mejor que todo.

Es que… vamos a ver. ¿Qué nos pasa en Valencia?
O sea, yo entiendo que este pavo es un iluminado, y que no todo el mundo cocina así, y tal, vale, pero…
En este plato hay leche, hay maíz, hay caramelo salado, hay cacahuete, y hay mandarina. Son cinco ingredientes de postre fabulosos que no encuentro nunca cuando ceno por ahí.
En Valencia en TODAS partes hay tarta de queso, brownie, torrija y tarta de zanahoria. Hubo una temporada que les dio por el banoffee, pero se ve que ya se pasó.
Por favor. Las posibilidades son infinitas. ¿Es que no lo veis?
¿Por qué tienen lo mismo en todas partes? ¿Es muy loco querer que los cocineros no se limiten a reproducir recetas? No te digo todos, pero, no sé…uno de cada DIEZ.
Bah, da lo mismo.
Momento cuenta, se paga al salir.
222 pavos, 4 personas. A 55 por persona.

Pues mira, la verdad que me lo esperaba más caro, con el cóctel y todo. Muy bien.
Es cierto que no pedimos vino, porque creo que con todos los picantes, y los dulces y tanta movida, no pega mucho, pero incluso con 20 o 30 pavos más de cuenta no me habría sorprendido.
Creo que StreetXo es una experiencia muy cañera. Es una onda expansiva, desde que entras hasta que sales, todo el rato. La música, las luces, los colores, los sabores, todo está por encima de la media, todo es fuerte y chillón. Es como un ampli con los potenciómetros al 11.
Si algún día pasas por Madrid y te sobran dos horas y unos 70 pavos, no lo dudes. A mí me ha flipado. PEC.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (3)
Marts
Peeeeeeeeeeccccccccccccccc
El horno de vapor
Lo que nos hemos podido reír con tu crítica gastronómica. Es como estar allí, pero sin pagar los 222 pavos.
Jules
Estuve en Streetxo con 4 perdonas más cuando estaba en el Corte Inglés. Al preguntarle al camarero qué podía comer teniendo em cuenta que soy intolerante al ajo, abrió mucho los ojos, me miró fijamente y dijo nada.
– ¿Nada? ¿No se puede adaptar nada?
– Nada
Al poco salió el cocinero y, muy amablemente, me explicó que no era posible y me preguntó si era intolerancia o alergia porque si era alergia tenía que pedirme que me marchase.
Mientras los demás comían yo me bebí dos cócteles buenísimos y tomé dos postres. Eso sí :-).
El Brioche de la Pedroche está de muerte.
Intolerantes o alérgicos al ajo, no es un sitio al que ir 🤷♂️