Chavales, os cuento que anoche cené en Picoesquina, que tiene dos cosas particulares.
Una es que pertenece al universo Fayer (que me enteré ayer de lo que es), y otra es que es un local temático murciano. Por partes. Por lo visto Fayer es un sello discográfico, que entiendo que tiene que ser de electro o algo así, porque me he metido en la web y no conozco ni al gallo del logo. De repente, por diversificar producto, dicen… ¿qué hacemos además de lo de llevar a gente que pinche? Montemos restaurantes.
Aparecen Ca Fayer y Fayer Bar (están tardando en montar el Satis Fayer), y más recientemente, este local del que os hablo, el Picoesquina, justo en frente del Albero.

Bueno, Murcia, la New Jersey del mediterráneo, cuna de limones y tomates, liberadora de chatos, la que no arde. Para esta incursión, lo que hice fue tirar de mi colega más murciana, the murcianest, para que hiciera de catadora y comprobase la autenticidad de los platos.
La carta está en el mantel. Ya te gana un poco porque los apartados son «croqueticas»,»tortillicas»… todo así, bastante gracioso. Empezamos, como no podía ser de otra manera, con unas marineras y unas papas con mejillones.

Las marineras son unos picos de pan con forma de vayaina, que llevan ensaladilla rusa y una anchoa por encima.Yo lo caté y pensé… ensaladilla… anchoa… rico. Entonces miré a Murcian girl. Estaba sujetando la marinera a trasluz y apuntando detalles en una libreta.

— Tiene matices dorados en la mayonesa. Presenta tonalidades de teja en la zanahoria, tal vez más patata que atún. No hay lágrima aparente. Procedamos a la cata. Mmm. Persistente en boca, potente en nariz, anchoa astringente… nítida, intensa…
— Veo que entiendes de marineras.
— Mis padres me abandonaron en el bosque de pequeña con una lata de anchoas y un bote de ensaladilla. A los ocho años podía preparar una marinera con los ojos vendados y un revólver apuntándome a la sien. ¿Ves esta cicatriz en la yugular?
— Oh, cielos.
— De abrir una lata de atún extremo.
Ahora sé que he traido a la persona adecuada.
Bueno, papas con mejillones. Sin limón ni pimienta, dato curioso. Just mejillones en escabeche y papas.

Pedimos la tortillica clásica, solo con patata. También la hay con trufa y con sobrasada. Te diré que efectivamente la hacen al momento, y efectivamente el centro está babosín, pero por algún motivo extraño, le ponen sal gorda por encima. La tortilla en sí estaba buena, pero sosa. Le falta rollete.

El pollo al ajo cabañil es más molante, pero son alitas. Seis por ración. Al probarlo tiene algo de escabeche y algo de ajillo. Bien de aceite, patatas panadera en la base. Echo en falta algo de chicha, un muslate, pechuga, algo. De lo más rico. Por cierto, en este momento pedimos pan, para iniciar tremendo sucaje, y lo trajeron tostadito y con sobrasada. Buen point. Murcian girl dice que eso no es ajo cabañil ni por los cojones suyos. Buen point también.

La camarera nos recomendó el pisto con huevo, y las gambas rebozadas. Le hicimos caso y pedimos ambos.
El pisto con huevo es una ración como muy individual, y tan así es que el huevo frito de encima es de codorniz. Bien, pues un pisto. Tiene un final dulcecito, por la cebolla. Bastante melindroso, jugosón, está okey. Fantaseo con un bocata de longaniza a media mañana, con el pan untado en esta mierda.

Las gambas rebozadas, en cambio, no me fliparon. El rebozado es buñueloso, aunque sí que es cierto que no es de estos rebozados con mucho aceite. Coge cola de gamba, mete cola de gamba en pastita, fríe. Vienen sobre una gotita de una especie de ajoaceite suave.

Finalizamos toda esta fantasía con el pastelico de carne. Es como una especie de hojaldre relleno de carne picada. Murcian girl arruga la nariz.
— No cruje. No lleva casi huevo picado. Esta carne parece morcilla.
Después saca una probeta con un líquido transparente y echa dentro un trozo del hojaldre. El líquido se vuelve azul.
— Lo que me temía.

No fue lo mejor de la noche, es cierto. Es verdad que el hojaldre estaba blando, y la carne no tenía textura de carne tampoco. No sé. La próxima vez me lo salto.
La cena transcurrió con abundancia de dobles de cerveza, y no pedimos postre AUNQUE vi los paparajotes de la mesa de al lado y el rebozado parecía buñueloso, como el de la gamba. Tal vez demasiado grueso, pero opinión completamente aleatoria e infundada.
El precio del Picoesquina: llega la cuenta, 112 entre 6… 19 pavetes por persona.

Bien para la cantidad y las bebidas. No es un sitio que tenga ningún plato flipante, es prácticamente un bar, pero la verdad es que dentro de la simplicidad, yo cené muy a gusto. Creo que va en una onda casi más cabañalera que de Cánovas. También el hecho de ser murciano es un punto diferenciador original molante.
Yo creo que es un sitio Okey.
Los fines de semana tienen movidas fuera de carta en plan… moje murciano, sardinas con verduras al horno…
En fin, que goza de amplio aparcamiento.