Bueno, ayer tuve mi segunda experiencia en el Nómada Urban Mood (By Begoña Rodrigo), y me pareció un ñordarro como una campana. Voy a intentar haceros un relato inmersivo y ya vosotros si eso os hacéis una idea.
La primera vez que fui, fue recién abierto. Me junté con dos amigos, pedimos cinco platos, probamos tres y nos fuimos. Devolvimos a cocina el tataki de caballa porque sabía como si la caballa hubiera cruzado el estrecho en el culo de alguien, y devolvimos los falafel porque estaban completamente congelados por dentro. Recuerdo que mi colega le puso el hielo en la mano a la camarera y ésta cerró los ojos y dijo…»Estamos teniendo problemas en cocina».
Pasan los meses, borrón y cuenta nueva, cero rencor, una mala tarde la tiene cualquiera. Vuelvo a pasarme, a ver qué tal. La decoración es una de esas tipo Jumanji, como si estuvieras en un resort en Bali o en Maui o algo así. Para empezar, la carta ha cambiado. Aún no sé si a mejor o a peor, pero por lo pronto han quitado las explicaciones de los platos, presuponiendo que tú llegas de casa sabiendo lo que llevan la ensalada Marrakech, el pescao, o el pollo indonesio. Vale, el camarero intenta explicárnoslo, pero nos dice que lleva poco tiempo y aún no se sabe los platos. La situación es cachondísima porque estamos completamente solos en el local con él.

Pedimos ensaladilla, el pollo indonesio, dos pitas, un bao, las albóndigas con curry rojo y el cochifrito, con un ribera from the Duero.
Lo primero que llega es el cochifrito. En la carta solo pone «cochifrito», y la explicación del camarero fue:
– Es como una croqueta pero más grande, y lleva carne y verduras. De carne lleva carne así como mechada, y de verduras, setas, creo [sic].
Llegan dos croquetones, efectivamente de carne como de cocido. El interior está cremoso, un poco ácido. No están mal, no son las croquetas de mi vida pero no están mal.

Después llegan las dos pitas coreanas de panceta con mejillón. He de decir que las pedimos un poco por lo raro, me gustan los platos que se la juegan un poquito. Aquí, pues mira, han hecho una apuesta, pero el caso es que no siempre se gana. Esta movida no nos gustó. Para empezar el aspecto es el de una pita con algo muy picado y marrón amarillento dentro, y el sabor es como si hubieran mezclado cochinita pibil con mejillón, con una buena hostia de picante por encima. Son dos sabores que reconoces, pero que nunca habías imaginado juntos, y hay un puto motivo para eso, y es que no pegan. No voy a cebarme porque mira, pero en la conversación salió la palabra «pañal».

El bao de cerdo bien, pero con el pan de bao congelado que te ponen en todas partes. El cerdo está sabroso y se deshace. Con otro pan hubiera sido un mejor plato.

Ensaladilla rusa con mahonesa de anchoas. Sin más. En el nombre va la descripción. No es una ensaladilla carismática, es una ensaladilla mitad tabla que no habla valenciano pero lo entiende y tiene un Seat Leon.

El pollo indonesio. Nuestro colega el camarero voluntarioso nos dijo que era un cuarto trasero de pollo. Qué risas nos echamos cuando a la mesa nos llega un puto muslo para tres. Además no un muslo de pollo que haya estado entrenando, era el muslo del Woody Allen de los pollos, con una salsa de cacahuete. Estaba rico, pero escaso.

Las albóndigas pican que da gusto. Vienen con un arrocito blanco. No puedo aportar mucho más. Es un curry bien.
¿Cuál es el problema? Pues tío, yo creo que es precisamente la expectación que genera el «By Begoña Rodrigo».
Creo que es muy guay que los chefs con estrella, se monten un low cost para democratizar los conocimientos en cocina. Camarena tiene el del mercado central, Dacosta Mercatbar, Muñoz el StreetXo…es una tendencia que va en alza y que yo agradezco. Ahora bien, al ponerle tu nombre a algo, automáticamente, por low cost que sea, haces que la expectativa sea mayor. Es como si un día lanzas un modelo de Skoda diseñado por los ingenieros de Porsche, coño, pues yo le voy a pedir más a ese Skoda que a uno normal.
Este restaurante, si me lo pones por el Palacio de congresos y lo llamas solo Nómada, pues okey si pasas por allí, sin más y tan amigos. Pero si me lo vendes como el proyecto de un chef estrellado, te digo que hasta luego Lucas y que no llega. El caso es que yo he estado en La Salita y me gustó, pero no tengo muy claro que Begoña Rodrigo sepa lo que está pasando en este sitio.
No tiene el okey. Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Restaurante Farcit, de Begoña Rodrigo | Valencia | ¿Mola o Qué, Nano?
[…] se llama Nómada, donde hace comida a precio más asequible. Ese Nómada va bien, entonces abren el Nómada Urban Mood al lado del mercado de Colón y con ese ya hay problemas. Begoña se caga en ese sitio y se […]