Poderosísima carnaza nos metimos el otro día.
Descubrí un sitio que no es asador-asador, pero tampoco es restaurante-restaurante, se llama Grillo Grill Bar y está entrando a Cánovas desde Gran Vía.

Cuando pasas por la puerta ya huele a brasa. Barra a la derecha, con una cocina relativamente pequeña que se ve desde fuera a través de un cristal y en la que, desafortunadamente para ellos, no cabe una vaca. Había quedado con tres de mis más cárnicos colegas para ver qué marcha llevan en este lugar. Tienen un menú de unos 17 pavos sin bebida que incluye varios de sus hits, pero nosotros preferimos tirar de carta.

Un camarero, aparentemente argentino, nos toma nota de las bebidas y nos dice lo que tienen fuera de carta. Pasamos de vino, vamos a dobles.
Lo primero que nos llega son unas croquetas-bola de costilla, asada tropocientas horas.

Nano, esto es una locura. Estaban muy de la hostia. Dentro hay carne. No leves hebras, no tropezoncitos juguetones que asoman y saludan para que adivines el sabor. Hay puta carne grande, gorda, buena que tú tengas. Perfectas, cremosas, rebozado crujiente, un poco picantes porque están sobre una gotita de lo que parece ser una mayonesa de chipotle…
— Tipo que, ¿estamos ante un nuevo Golden Okey?
— Ah, pues mira, me alegro de que me hagas esa pregunta.
No son un Golden porque el restaurante las tiene como «las croquetas de la semana», y a lo mejor vas tú la semana que viene y ya no están, y van y te dan otras de, no sé, asfalto, y te cabreas muchísimo y eso no puede ser. Además ya hay dos Goldens que son croquetas y no quiero encasillarme como el actor de Harry Potter. Pero bueno, croquetas de costilla. Salvajes. Brutales. Probadlas si podéis.
Segundos después nos llega un fuera de carta, ensalada de burrata con verduras.

Joder, qué visual. Efectivamente estamos hablando de un montón de verduras asadas a la llama, con un boloncho de burrata en el centro. Llámalo ensalada si quieres, pero es un eufemismo, es como si te digo que en Puerto Hurraco «perdieron un poco las formas».
¿Sabes lo que me llama la atención? Que todo está bueno por separado. Normalmente siempre hay una verdura triste, o algún ingrediente insípido de mierda (va por ti, palmito) que necesita de los demás para poder hacer algo en la ensalada. En este caso, todos los ingredientes por separado estaban cojonudos, y tenían un sabor potente y particular en sí mismos. Lleva pimiento, olivada, berenjena, tomates cherry, hojas de espinaca… todo bien. Pedazo de plato.
Habíamos pedido unas patatas especiales que hacen ellos, pero nos dijeron que mejor de acompañamiento con la carne.
En esto que sale el camarero, con una bandeja, y lo que aparentemente son unas chuletas del tamaño de unas raquetas de padel. Nos enseña los cortes que podemos elegir, en plan, esto es vaca madurada nosecuantos días, esto es entrecot de su puta madre de nosedonde, esto es corte de presa de tal…
Nosotros flipamos bastante y señalamos con el dedo, dos del tamaño de una zapatilla de ir por casa, que al parecer eran la presa de Angus, y la vaca madurada. El camarero amablemente nos avisa de que el precio que pone en la carta es para cortes de 300 gramos, y que lo que se pase, se cobra según peso. Yo preparo el número de Hans en la agenda del móvil por si acaso, porque me veo venir el asteroide de Armageddon en forma de cuenta hacia mí.
— ¿A qué punto las quieren?
— Poco hecha
— Muy poco hecha
— Realmente poco hecha
— Quiero que te vayas a la acera de enfrente, enciendas un mechero y se lo enseñes al entrecot a través del cristal.
— Perfecto, marchando.
La plancha empieza a chisporrotear, y todo el restaurante se llena de un olor a carne muy apetecible. Al momento llegan las dos piezas de carne, trinchadas y con verduras.
Bueno nano, barbaridad. Locurón.
La presa es mantequillosa, el entrecot tiene ese sabor fuerte a madurado que, la verdad, o te gusta o no. Ambas están realmente buenas, pero la presa es otro rollo. Yo reconozco que no soy muy de carne roja así a saco, pero un cacharro de estos cada cierto tiempo entra que da gloria. Teníamos pan, que era como una especie de focaccia cortada a cuadraditos, y nos sacaron también las patatas, que llevaban leche de coco y eran levemente picantes. No son bravas, pero tampoco son patatas de acompañamiento, tienen rollo por sí mismas.

Casi no dejamos ni el plato. El ioputa de mi colega hasta se puso a untar la grasa en pan.
Pedimos un tiramisú, que llevaba por encima como una tierrita de chocolate, y que recuerdo vagamente, porque solo pegué una cucharada.

Bueno. Pues todo eso. Botón del pantalón desabrochado, palillo en la comisura, silla reclinada.
Y el precio del Grillo Grill Bar se quedó en 25 pavos cada uno. Límite absoluto.

¿Qué pasa aquí? Es un sitio bueno, sin duda, pero no es un sitio barato. Como vayas a darte el homenaje, es muy fácil que se te vaya la mano y te toque llevar el coche al Cash Converters. No obstante, si te gusta la carne y puedes ir con el freno de mano echado, es tu lugar. Ojito con el tema del peso.
Okey alto.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Nicole
Hello, I want to cancel my reservation for tonight. Thank you, Nicole den Hartog
Heroi enmascarat
Ok, Nicole. Thanks for your comment, reservation has been successfully cancelled. Enjoy McDonald’s.