Xics, el Kaniche. Ojo, porque puede ser que haya encontrado algo interesante.
Para empezar… Monteolivete. Nunca jamás había cenado allí, pero es que tampoco nadie me ha recomendado hacerlo. Mira que casi todos los días alguien me propone un sitio, o me sale algún artículo en Google, o pasando por delante veo algo… Pues nada.
En mi mente, Monteolivete era un barrio que estaba para que Ruzafa y Ensanche no pudieran invadir el CC El Saler.
Hasta hoy.
Está amaneciendo, y yo estoy viendo las noticias de pie en la cocina, mientras me tomo un café solo. El moño de Meredith asoma por la puerta entreabierta.
— Señor, disculpe. Sé que le molesta que le interrumpan mientras se acaba los Chocokrispis y ve su capítulo de Gumball, pero creo que le puede interesar lo que han descubierto los chicos de Control.
— Cuéntame.
— Verá, han detectado una hegemonía de zona, pero está… en Monteolivete.
— ¿Cómo? Nunca ha habido nada en Monteolivete.
— Lo sé, señor.
— ¿Y qué hacen?
— Es un restaurante de perritos calientes, pero como muy especiales.
— Ajá, entiendo. Déjame ver.
— Espere señor… Hay más.
— ¿Cómo que más?
— Sí, además… No se emocione demasiado, pero están… están flipadísimos.
Silencio en la habitación. Miradas sostenidas.
— Pero… ¿Cómo de flipados? De cero a Quique Dacosta.
— El flipómetro ha marcado un 7,2 esta mañana.
— ¡Dame eso ahora mismo!
Meredith me alcanza el pad en el que tiene abierta la web de esta gente.
Hostia puta, todo es cierto.
«Somos el Agassi de los perritos, el Príncipe de Bel-Air de las longanizas, los Sex Pistols de las salsas.» «Nos meamos en lo de siempre».
— Necesito que…
— Tiene la reserva hecha para esta noche.
Vale, es pronto, he llegado un poco antes. Kaniche está en Luis Oliag, cerca de absolutamente nada. Si giras la esquina y sigues la Estrella Polar, llegas a Peris y Valero.

Wow, el sitio me llama la atención. Es enorme, el suelo está embaldosado como un tablero de ajedrez, y por las paredes hay fotos de caniches con cuerpo de persona.
La otra pared está empapelada con fotos de gente que entiendo que serán los cocineros y sus colegas, estilo portada de disco de trap.

Me tomo una San Miguel mientras espero (3 pavos cada doble).
El primer vistazo a la carta me dice bastante. No hay pescado, muchas salsas, curiosamente ninguna de las salchichas es de cerdo, más cervezas que vinos. Vale, podemos empezar.

Mientras estamos pidiendo, el camarero nos aconseja que amarremos los caballos un poquito, porque los perritos contunden bastante. Vamos a ello.
Tres entrantes: alitas, berenjena y ensalada thai.
De menos a más, las alitas son un poco pobres por ahora. Te ofrecen varias salsas, nosotros probamos la barbacoa asiática.
Se ve que todas las hacen ellos, y están buenas, pero la presentación requiere una vueltecita. Eran ocho alitas, en círculo en un plato, como haciendo el corro de la patata.
Cocción correcta, saborcito estupendo, la salsa muy rica, pero dame algo visual que pegue con el entorno. Por cierto, desde que hemos entrado, está sonando ska instrumental.

La ensalada thai, súper fresca, muy interesante. Hablamos de fideos de calabacín, con leche de coco, apio, lima, y cacahuete. Por encima lleva lo que parece hierbabuena, y lo sirven a temperatura ambiente, un poco frío. Es herbal, es aromático, es distinto, me gusta. Cuidado que chorrea un poco.

Pero quietos ahí, el entrante winner sin duda ninguna, es la puta berenjena.
Está que lo flipas, mi mano temblaba sobre el pulsador del Golden Okey como si fuera Bisbal en la Voz.
¿Qué lleva? ¿Qué le pasa?
Es una berenjena a la llama con romescu y algo que sabe como a … ¿es ajoaceite? No lo sé.
También lleva yema de huevo y piñones tostados. Hay un algo ahumado, es muy cremosa, está totalmente cubierta de salsa, no racanean con eso. De repente pillas un cristal de sal, pum, mucho sabor, mucha tralla. Tiene un montón de matices y quiero que la pruebes si vas por allí. De locos. Me la empujo a cucharadas.

Un momento. Estoy viendo el banco de la cocina. El cocinero ha puesto cinco panes de perrito abiertos sobre la barra y empieza a montarlos, sin guantes y tocándolo todo bastante.
Acerca una llongana, y la coloca con la espátula y la mano. Coge un puñado de patatas fritas y las coloca en el plato con la mano again. No voy a dudar que las lleves limpias como un cirujano, pero eso cara al público queda horrible, tío. Guantes, pinzas, not mano.
Bueno, llegan a la mesa. Tamaño y pintaza. Imposible no pringarse. Vamos por partes.
Yo pedí el de cordero. Te ofrecen elegir entre patata frita o puré. Se supone que el perrito lo hacen ellos desde cero, todo, salsas, carne y pan.
Realmente el pan está tierno, no es de esos medio dulces industriales, tiene bastante rollazo. El caso es que no lo puedo cerrar, y por ambos lados, sobresale la punta de mi salchicha. Sé que suena horrible, pero no hay otra manera de decirlo.
Lleva abundante queso feta, y una especie de ensalada de col lombarda por encima.
Me cago en mi vida, está buenísimo. La salchicha es cordero tierno, desmigado, hecho cilindro. Tiene un montón de sabor, pero también es denso como la madre que lo parió. Veo que va a haber problemas para terminarlo, el camarero tenía razón. Le estoy metiendo bocaos como si fuera un lobo, y esto no baja. Voy a necesitar otra servilleta.

Tienen una opción vegetal con perrito falafel. Está buena, pero te va a parecer más común, porque es muy similar a una pita. O sea, lleva mayonesa, albahaca, tahine, tomate y lechuga. Es en un 90% una pita de falafel. También es abundante y densa, son unos buenos trastos.

Sin duda, el yunque máximo es el de costilla.
Hablamos de costilla desmigada, con pico de gallo, salsa de ajo, y un polvo por encima hecho de cortezas.
Lleva cerdo pulverizado por encima, y está increíble, pero yo creo que igual habría que partirlo en dos.
Es que escúchame lo que te digo, nano, es un costillar, entre pan, con cortezas y patatas fritas. Piénsalo un momento.
Tope de rico, pero métetelo, ¿sabes? Bueno. Todas las patatas son rollo gajo, cubiertas de especias. Potentes de sabor.

Pedimos también el de pollo y el cheese steak.
El de pollo lleva un buen tronchazo de pollo rebozado, con una cordillera de parmesano rallado como topping.
No te esperes un par de pechugas rebozadas del Kentucky, es una salchicha hecha de pollo rebozado, crujiente por fuera, tierna por dentro. También lleva salsa tártara, por si pensabas que ibas a evitar el pringue.

En cuanto al steak, te diría que sabe como a encurtido, o a algún tipo de mostaza dulce… hay algo ahí. El queso no está tan presente. También una bomba.

Bueno, por ir resumiendo, están todos poderosamente buenos, pero ve con hambre.
Físicamente no puedo más, el botón de mis vaqueros me avisa de que va a sindicarse para denunciarme por explotación, cuando veo la mirada entre dos de mis colegas, pidiendo explícitamente postre.
— No os atreveréis.
— Hombre yo…
— Hueco para dulce, la verdad que…
— Te está saliendo perrito por una oreja, cabronazo.
— Pero esto se limpia y ya…
Bueno, tras una ardua negociación, torrija y tarta de queso, porque nos aseguraron que no es la típica tarta de queso.
Y mira, me alegro porque tenían razón.
La tarta sale como si fuera una quiche, pero por encima lleva una especie de nube blanca, hecha espero que de insulina, con unos trocitos de algo rojo por encima. Al lado, hay una jarrita con salsa de chicle de fresa ácida (¿que si quiero, o que si tengo?), y al verterla, la nube desaparece, y la tarta se empapa.
Pues bien, está acojonante. El tema es que el ácido del chicle, recuerda de alguna manera (más azucarada, sí, y más artificial, pero vaya) al ácido de la mermelada de frutos rojos que siempre le ponen a estas tartas.
Es lo mismo, pero con otro punto. Es muy molón. Además, la tarta sale templadita. Un puntazo. Bastante dulce.

Después, sacan lo que a mí me parece la maqueta de una manzana de edificios, que es la torrija.
Hay cubos de pan del tamaño de un box de crossfit, alternados con otros cubos de helado de nata, o leche merengada o algo así. La cucharada que pego está brutal. Es menos babosa que otras torrijas, pero lo entiendo, pega con el sitio. Creo que estoy demasiado lleno como para disfrutarla, pero en otras circunstancias, le daría duro.

La cuenta ya, por dios.
121,6 entre 5, a 24 pavetes y medio.
Vale, qué te cuento.
Hoy voy a ser un poco más inflexible, porque este sitio, antaño podría haber sido un tope, pero va a ser un Okey Alto.
El precio está demasiado cerca de los 25, y hay cosas en las que aún tienen que rodar.
Sin embargo, quédate con esto: la berenjena, flipante, los perritos distintos y muy bien traídos, y los postres, la polla los dos. Igual, en unos años, estamos ante un nuevo Fitzgerald, aunque yo espero que se quede en el barrio.
Investigad Kaniche, y me decís qué tal.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (6)
Chanxinno
Entraste en el baño?? Tiene una luz como de barrio rojo de Amsterdam muy peculiar jjaja
Ana
Perritos distintos dice…jajajaja no hay ningún sitio en Valencia así. Imprescindible! Hay que ir, no te lo pierdas!!
TINO
Espectacular sitio. De lo mejor que has recomendado. Éramos dos y sólo pudimos probar dos perritos, luego habrá que volver a por lis otros porque son increíbles. La berenjena 10/10.
👍👍👍
Carlota
¿Sabías que esta gente han dejado deudas a los interioristas, al obrero que trabajo en el local, al diseñador que les estaba haciendo el diseño web y a la persona que les hizo las fotos tan guays que tienen por todo el local?
Por supuesto tampoco pagaron a las personas que salen en las fotos ni tienen derechos de imagen de estas personas.
Son unos ladrones y sinceramente la comida no está tan buena.
Ana
La att al cliente deja mucho que desear.
En la web pone q admiten mascotas ,fui adrede con la mía y no nos dejaron entrar. Sin disculpas ni explicaciones. Dicen que no saben nada de lo que pone en la web. Patéticos
Gabriel
Actualización. Kaniche cerrado. Ahora hay un restaurante Italiano, Capriccio, que está bastante bien. Tendrás que probarlo.
Monteolivete mola.
Un saludo