En Guako no quieren que te quedes con hambre.
Algunos de mis informantes más fiables me habían recomendado este sitio. Eso sí, normalmente acompañado de adjetivos como “contundente”, “abundante” o “copioso”. Lejos de verlo como una advertencia, me dije: “tenemos un reto ahí”. Así que los dos días previos estuve alimentándome de infusiones de apio y cosas que no proyectan sombra con el fin de lograr la máxima depuración y hambre posibles.
Bueno, pues me caguen la puta, ni así.
Durante el rato que estuve estudiando la carta (y escuchando Pavo Real de El Puma, que da mucho ambiente venezolano) me sentí como el que desactiva una bomba intentando esquivar lipocitos. Finalmente, me decidí por un bocata, una arepa y una empanada, pensando… bueno, malo será que no pueda yo con una arepa y media empanada, mucho tendría que torcerse la cosa.
Con lo que yo no contaba es con el brainstorming que hace esta gente al cocinar.
— Chicos, tenemos panceta. ¿Qué hacemos con ella?
— Friámosla mucho.
— ¿Qué tal algo de mayonesa?
— Bien, pero aún no es lo bastante pesado.
— Legumbres. Metámosle frijoles densos como el asfalto de autopista.
— ¡Y plátano!
— Plátano FRITO
— Espera, espera, lo tengo, metamos todo eso en un bocata.
— ¡Con queso!
— ¡Y aguacate!
— Y friamos el bocata
— ¡REBOCEMOS el bocata!
— ¡Joder, lo tenemos!
Pues ese es el concepto.
Delivery boy llega a los pocos minutos con una bolsa engañosamente pequeña. Todos los paquetitos llevan una sonrisa dibujada, y el nombre del plato en cuestión.

Empezamos por la empanada.
No es como las argentinas, es más rollo empanadilla española. Frita, por supuesto. En su interior hay frijoles y queso blanco fundido. Se llama empanada “Dominó”, imagino que por el rollo blanco y negro. Crujiente, cremosa, jugosona y muy sabrosa. Decidí dejarme los bordes porque los dos primeros bocados ya me avisaron un poco de que se venía algo grande.

El bocadillo de pernil, es ese «algo grande». Es pierna de cerdo al horno, con tomate, aguacate, y una salsa verde cilantrosa que viene aparte. Bueno, datos que os doy: el pan es industrial, posiblemente de supermercado, de este que tiene puntitos de cinta transportadora en la base. La carne está desmigada, y tiene textura como de cochinita pibil, o atún de lata. Obviamente cada bocado desborda por todas partes. También lleva mayonesa, porque ya sabes, no vaya a ser que el aguacate y la salsa verde no jugoseen el tema lo bastante. Está bueno, pero tal vez la carne pierde protagonismo entre tanta cosa.

Un humano adulto, perfectamente podía haber parado ahí, y haberse retirado en la cumbre, pero yo seguí abriendo tapers.
La arepa lleva calorías como para que subsista Senegal varias semanas. Carne mechada, alubias de esas negras con queso one more time, y plátano frito. Rebosante de todo, imposible de cerrar y complicada de partir, la cabrona te desafía. Normalmente, una arepa tiene el tamaño aproximado de un yoyó, pero ésta no, ésta es la Madre de Arepas, la Liberadora de Álmax, la Rompedora de Dietas, la que no arde.

Los últimos bocados fueron como cuando Jabba se come la cabeza del ratolín ese en su guarida de Tatooine. Agujero del cinturón que se afloja, sudor frío, resoplido de “hostia, se me ha ido de las manos, me acabo de hipotecar la tarde”.
Entonces caí en que, un poco por probar, había pedido también un maracuyá pie, que se quedó ahí tan ricamente. Lo siento maracuyá pie, has venido para nada.

El precio del Guako: 29,40 pavos, ni a 15 euros por persona. Relación calidad-saciedad-precio muy buena.

Pues lo dicho, un sitio ideal para complementar tu dieta de definición. La comida está rica, pero es cierto que la variedad de ingredientes se me queda muy corta. Creo que en restaurante también tienen ceviches.
Okey si no sabes qué pedir, demasiada tralla.
Goza de amplio aparcamiento.