Verano, exterior, noche. Un equipo de catadores hambrientos y yo vamos dando vueltas con el coche por el Cabañal, en busca de la terraza de La Aldeana. Aparcar es tarea árdua, gracias a los alegres asentamientos de gipsy people que han sacado las sillas fuera y se reúnen encima de la calzada.
Para mí, La Aldeana es como la prima de la Bodega Anyora. Bodega cabañalera antigua, que de repente remodelan, pero manteniendo el azulejo y la madera y tal, y que miman mucho el producto. Por dentro es eso: vigas, barriles de vermut, motivos marineros; y, por fuera, una terraza que, por extensión, es prácticamente el parking del IKEA.

Primer vistazo a la carta. Aparentemente tienen a alguien trabajando en el naming que se está ganando el sueldo. «Morro Mick Jagger», «Rejo Chili Peppers», «Blanc i Negre…OE». Todos ellos nombres que piden investigación. Veo clasicazos también, tipo la sepia bruta, guisos de pescado con ajoaceite y, hostia, a mediodía, fideuá de mandonguilles.
Decidimos arrancar con un cremaet de bravas.
– Oh, parece que me ha picado un mosquito.
– Será algo puntual.
Miro hacia abajo, y en mi pierna veo a un mosquito del tamaño de una nuez, con un polo de Lonsdale con el cuello subido. Elegí un mal día para dejar el Aután.
Llega el cremaet de bravas. Son unas patatas baby cocidas con un ajoaceite como gratinado por encima, lo que le da un puntito tostado. La base lleva una salsa harissa, que es un picante árabe a base de pimiento ahumado y comino. Es una vueltita al clásico ajoaceite-pimentón. Están okey.

Después pedimos la coliflor frita con gamba. Los platos con coliflor y embutido me recuerdan a mi abuela, que era muy from the l’horta. Normalmente veo la coliflor con costilla o con embutido. En este caso llevaba gamba frita, de esa chiquitina que se come hasta con piel. Y te voy a añadir un extra: llevan encurtidos, nano. El encurtido con frito siempre va bien, pero en este caso lo que hace es llevarme al momento esmorçar. Creo que la intención es un poco esa, y se me confirma luego. Ahora os cuento.

Llega la ensaladilla. Ingredientes a priori clásicos, lleva patata, mayonesa, zanahoria, bien, no saltan las alarmas, PERO. La textura es como de pomada, han logrado una amalgama gansa que hace que todo sea muy suave. Además, han metido unos trozos de pescado blanco rebozado por encima que le aportan el crujientor. En lugar de saladitos, tenemos también un pan crujiente, fino y como galletoso. De nuevo, por encima, encurtidos. Esta vez cebolleta. Es una ensaladilla a tener muy en cuenta.

Siento otro picotazo. Miro de nuevo hacia abajo y esta vez veo a 4 mosquitos, uno vestido de indio, otro de motero, otro de policía y otro con lo que parece ser un mini casco de obrero, haciendo una coreografía en mi tobillo.
– Me están friendo estos hijos de puta.
No pasa nada, llega el blanc i negre…OE. Este plato tiene prácticamente todo lo que yo le pido a la vida. Longaniza y morcilla, habas, cebolla crujiente y, one more time… encurtidos. Está de que te cagas por aspersión. No puede fallar. Hablamos de blanco y negro con habas. Si no te gusta o conoces a alguien que rechace esa combinación, rápidamente unfollow o divorce si es tu pareja. El caso es que guay, cerdo, untuoso, arf, buf, e incluso bauf.

Empiezo a vislumbrar el hilo conductor con los encurtidos. Parece que toda la cocina orbita un poco en torno al Cabanyal style, con toques de esmorçar y perfumes de plato clásico revisitado. Me está molando.
Terminamos el round salado con el rejo chili peppers. El rejo es como un calamar de Hacendado. También se llama pota, pero ese sea, tal vez, el peor nombre puesto jamás a algo de comer. Lleva el bicho frito y rebozado, sobre una especie de pisto, en el que también encontramos maíz, los pimientos, y unas hojas verdes fritas que, como bien apuntó mi colega, sabían a pan de gamba.

¿Y de postre? ¿Seguirá este flow profundamente valenciano en los postres? Me cago en mi vida, claro que sigue. Se han sacado de la manga una torrija pero hecha con coca de llanda. Viene con bola de helado por encima, y es auténtica gasolina para caries.

Nosotros bebimos Alhambra, y los mosquitos se pusieron finos de A+. Salimos a poco menos de 72 pavetes, o 18 por persona.

Yo creo que este sitio tiene un okey muy alto, con vistas a tope de okey en breve. Para confirmarlo, voy a ir un mediodía a hacerme una fideuá como una campana, bien regadita con vermut. La Aldeana mola.
Goza de amplio aparcamiento, una vez sorteas a la gipsy people.
Comments (3)
Rubén
Te recomiendo también que pruebes los almuerzos, canelita en rama tete.
Restaurante Fets | Cabañal, Valencia | ¿Mola o Qué, Nano?
[…] los chipirones con blanquet y mole. Plato muy jugón, tiene un aire a algo que podrían hacer en La Aldeana. El mole es muy espeso, llevará algo de tinta, pero también otras movidas. Pica suave, creo que […]
Faustino
Han echado la persiana, qué lástima.