Xics, aquellos que hayáis frecuentado Xúquer los últimos 15 años, muy seguramente os habréis tomado alguna en el Jamon Session. Si además lo habéis frecuentado los últimos 15 días, sabréis que el Jamon cerró (snif), y que ahora han abierto un local de influencia argentina que se llama Astor.

Seguramente se llama así por Astor Piazzolla, tremendo bandoneonista y director, dato que por supuesto conocía, y que para nada he tenido que buscar en Google.
Bien. Es de noche, hay un par de mesas en la terraza, y frente a la puerta, en el suelo, hay unas pegatinas de pies, marcando los pasos de un tango, por si quieres tanguear en la acera. Mola.

El interior es muy luminoso, cosa que me impacta especialmente, porque el Jamon era más negro que el ropero de Tim Burton, y la comparación es muy chocante. Una chica sonriente con gafas, nos acerca la carta.
Efectivamente, bastante argentina, y muy cortita.

Vamos a por unas empanadas, carne y un bocata. ¿Cervezas? ¿Vino? ¿Agua? Todo, por favor.
En ese momento, un chico pasa por nuestra mesa y nos deja un sobre.
– ¿Y esto?
– para los músicos.
Uh. Páralo todo.
Me giro hacia el fondo del bar. Efectivamente, hay un par de micros montados. La música en directo mientras cenas puede ser muy bien, o muy mal, como el yogulado.
Si está demasiado alta, mal, no puedes hablar.
Si es una cosa agradable de fondo, bien.
Si el cantante es de esos que se empeña todo el rato en que cantes, des palmas, interactúes, y le hagas caso, cuando tú lo que quieres es cenar, es un porculo infinito.
Si resulta que es alguien que no conoces, y te gusta, y te llevas un descubrimiento, es guay.
En este caso, son una guitarra y un tambor, que tocan música tradicional sudamericana a volumen razonable. Hemos tenido suerte. Hoy suma.
Llegan las empanadas, dos humitas y dos de carne.
Son caseras, o por lo menos, montadas aquí, porque he visto al cocinero haciendo el repulgue en vivo y en directo detrás de la barra. Veo que están como más quemadas por unos puntos en la parte superior, no tienen un dorado uniforme. Están hechas en un horno raro, o en algún tipo de hornillo de esos de hacer tostadas. La de carne lleva carne picada, pero no a cuchillo, especiada.
La de humita lleva granos de maíz dulce y una cremita, que parece algo de cebolla. Están bien, pero la cocción es rara.


Vamos con la provoleta.
Está salada, un poco al límite. Lleva un par de tomates cherry y cebolla pochada, no recuerdo si caramelizada por encima. Creo que a las provoletas siempre les ha faltado gracia como plato. Necesitas apoyarla en un pan que sea espectacular, o tener algún tipo de topping mágico, si no, va a ser igual que todas las provoletas grises del mundo, que tienen un Seat León, y llaman a sus hijos Martina y Hugo.

Aquí sufrimos un cambio de ritmo bastante acusado. Los entrantes salieron en apenas 10 minutos, pero desde que nos los terminamos hasta que apareció la carne, pasó casi una media horita muy rica, en la que se acabó el vino. Los músicos han llenado el bar, y creo que o bien no esperaban tanta gente, o bien no están preparados.
Vamos con el ojo de bife.
Mmmno.
La carne está durita. Entre seca y dura.
Y luego, el tema patatas, Congeladas, de bolsa, tipo McDonalds. Esto para mí, es choque frontal, nivel nata de spray.

Seguimos con uno de los bocatas. El de vacío con chimichurri.
Bien, el pan es crujientito, el vacío está desmigado, como si fuera una especie de cochinita pibil, salvando distancias. Viene con el chimichurri por encima de la carne, y las mismas patatas congeladas que el ojo de bife. También para en seco. El chimi hace lo que puede, lo intenta, le tira salvavidas para ver si humedece, pero no puede, se va de vacío (aaah, buenísimo, auto high five).

Pedimos postre, la chocotarta. La chica nos dijo que nos lo regalaba por la espera.
Me parece interesante porque es un postre dulce-salado. Dulce de leche, queso fresco y galletas de chocolate bañadas en café. está muy rico, es distinto a lo que me esperaba. Me veía venir el típico pastel hecho a capas, galleta-dulce de leche-galleta, y bueno, es eso, pero hecho de otra manera. El queso fresco no se lo pillo.

La cuenta llega veloz. 78 entre 4, con vino y tal, a 19,5. Muy bien.

A ver. Yo creo que a este sitio le pasa una cosa, y es que la carta que tienen no es su carta, no es para ellos. El hardware del local no permite hacer una carne correctamente, hornear, o defender ciertas preparaciones. Y creo que por el hecho de ser argentinos, no significa que haya que hacer milanesas, choripanes y provoletas a la fuerza. Creo que habría que encontrar otra carta más cómoda, que permitiera fluidez cuando el local está lleno, y que facilitara que los platos salieran lo más okey posible.
Tal vez fríos, un sitio rollo Patapuerca, una latería, sandwiches, no lo sé. Desde luego, como sitio de carnes no me funciona.
PERO.
No hay que olvidar que están empezando, y que están construyendo un lugar, que además de comida, hace exposiciones, recitales, conciertos, y toda la mandanga. No solo es un sitio para comer, es también un sitio en el que estar. Creo que necesitan pulir, pero tienen potencial de local molón.

Ahora mismo, no puedo subir de un Okey si pasas por allí, pero también te digo, que más de un día voy a pasar.
Goza de amplio aparcamiento.