Xics, anoche estuve cenando en un sitio muy valiente. El Bar Cinco.

Supongo que me entendéis. Digo valiente porque en España, tener un bar y llamarlo “El Cinco” es equiparable a tener una hija y llamarla “Tenesoya”, o preguntarle a alguien quién es ese abogado del que habla.
De hecho, me parecería interesantísimo que todos los platos tuvieran nombres como “Patatas quién se ha dejado bigote” o “Bocadillo vienes a la fiesta”, para que la gente preguntara.
En fin, El Cinco.
Está en Ruzafa, delante de una de esas iglesias spin-off de testigos del séptimo apóstol del quinto día. El interior es muy pequeño, pero tiene una terraza bastante aprovechable, en la que normalmente hay que hacer cola para sentarse.
Hoy, mira, hemos tenido suerte, no está llena del todo. Probablemente sea porque media Valencia está haciendo cola para ver si puede entrar en Alegal. Es como… O sea… ¿No aprendimos nada del papel higiénico en la pandemia? Eso va a estar ahí la semana que viene, en el mismo sitio. Bueno.

Aparentemente es un bar. Nada excesivamente sorprendente, pizarra con los platos, dobles de Turia, parejas jóvenes con carritos de bebé, una señora que fuma y me tira el humo… Lo que viene siendo un bar. Casi todo es compartible y cuesta menos de 10 euros. Empecemos por unas birris y el guacamole.

Bien, está bueno, pero no es exactamente guacamole. No pica, no lleva lima, y lleva tomate a daditos. También hay chispas de cebolla morada, pipas y sésamo salpicados por encima. En lugar de totopos, hay media barra de pan calentito. Yo lo serviría con lima y tabasco, no obstante, es sabrosote. Me llama la atención la aceituna negra del centro.

Seguimos con las patatas del cinco. Son unas patatas gajo, con una mayonesa por encima, que sabe un poco a salsa rosa. también llevan daditos de encurtido, que parecen zanahoria, y alguna hierba fresca. Están bien, entran fácil. No son bravas, no lo pretenden tampoco.

Las alcachofas son de esas abiertas, envasadas al vacío que he visto ya en varios sitios. Mira ¿Sabes qué? No me importa. Es septiembre y me estoy comiendo una alcachofa que está tierna y me está riquísima. Yo a esto no le pongo pegas. Sé que si quiero disfrutar el momento, no puedo ser quisquilloso. Es como si vas a ver los Vengadores, y te quejas porque son mentira, y hay un gigante verde y uno de metal que vuela. No lo analices.
Están en un punto idílico de cocción, y tienen un perfume cítrico, que parece lima. Tal vez llevan un chorrito, o rayadura o algo así. Lo que sí llevan, es la aceituna negra en el centro, y un buen chorretón de aceite. Igual es poque hace tiempo que no cataba una, pero está de lowcos.

El cinquet es una especie de bocata-pepito-bollycao. Está relleno de pollo, pimiento rojo, y cebolla pochaditos. La presentación me descoloca un poco. Llega en un plato largo con el bocatín en vertical, para lo que se ha ideado una compleja estructura de ingeniería, basada en otro plato pequeño y un palillo. Después hay como un vacío, un gurruño de algo beige, con nuestra amiga la aceituna encima, y unos hilitos de cebolla encurtida.
Está bueno, el pan cruje. No entiendo mucho el tema del relleno, porque… ¿Por qué no un bocata normal? ¿O un montadito?
La berenjenarriera es una buena idea, llevada a cabo regular. ¿Qué se pretende? Fusionar berenjena y ajoarriero. ¿Qué se hace? Coger el babaganoush que está en la carta, y ponerle tiras de bacalao. Mmmno. No funciona. Para empezar el bacalao está salado hasta un punto que hace muy difícil su disfrute, en serio, éramos tres y dos dijimos que a otro perro con ese hueso. Para continuar, la base no es berenjena, es babaganoush, y eso implica otra textura, ausencia de patata, un ahumado… No sé.
Para mí es un no, a pesar de la aceituna negra que una vez más saluda desde el centro geométrico del plato.

Terminamos con una coca de pollo, que yo veo casi más como una mini pizza. Es pollo deshilachado con especias, sospecho que el mismo o muy parecido al del cinquet. La base es tierna, calentita y sabe a horno. Está muy bien de precio porque es una coca de pollo, y no viceversa.
Pedimos postre, pero el camarero nos dice que no tienen. Bueno, pues la cuenta.

56,80 pavetes entre 3. A 19.
Bueno, una cenita en terraza de bar, a la fresca.
Hay más montaje que cocina, pero la verdad que lo disfrutamos. Tal vez tampoco pedimos lo mejor, pero la coca de pollo, la alcachofa… Menos lo del bacalao, todo estaba rico. Y el precio es justo y muy asequible.
Okey si pasas por allí. Si un día estás ruzafeando, y te entra gusa, coincide que hay sitio, y no sabes por dónde hincarla, pídete algo.
Bar 5.
Goza de amplio aparcamiento.
